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jueves, 24 de octubre de 2013

5 preguntas a Delio Regueral


 
 
Por Luis de la Paz

 

            De baja estatura, delgado, larga trenza, risa fácil, suspicacia y un agudo sentido del humor, Delio Regueral es uno de los fotógrafos más talentoso de Miami. Su fotografía comercial (para sobrevivir), tiene la delicadeza de la quinceañera, la novia o algún evento social. Ganada la subsistencia se permite plantearse series y proponerse ambiciosos desafíos artísticos (para vivir). Su local Delio Photo Studio, en Coral Way, es también una galería con fotos de personalidades del ambiente político, social y cultural, lo que habla del respeto y la admiración que le profesan aquellos que lo eligen para sus promociones y campañas publicitarias.

            Delio Photo Studio es también un punto de encuentro para los amantes de las artes y de largas tertulias. Una de esas movidas noches, sirvió de trasfondo para explorar las ideas y conocer el mundo artístico de Delio Regueral.  

            1.—Tu trabajo combina la labor comercial, con agradables fotos a pedido del cliente, y la artística, con  interesantes series de fotografías que van desde personajes destacados de Miami, hasta desnudos y el manejo de expresiones y las manos. Háblanos un poco de estas variantes en tu trabajo.

—Haber estudiado la fotografía en la academia Española EFTI, (Estudios Fotográficos de Técnicas de la Imagen) una de las más prestigiosas de Europa,  hizo que el abanico de especialidades a elegir fuera amplio. No solamente trabajo el campo de la fotografía social cubriendo bodas, quinces, grupos familiares, niños y actos sociales en general, también forman parte del diario los eventos corporativos, publicidad, diseño, decoración, arquitectura, etc. Aparte de todo esto, como formulas en tu pregunta, trabajo en varias carpetas: se trata por una parte del retrato psicológico como reflejo de la personalidad  donde el fin es no sólo mostrar las cualidades físicas de un individuo sino también las morales. Este reto obliga a seguir el método de la fotografía academicista, que requiere de investigación previa y de una producción usualmente más compleja. He tenido el privilegio de haber retratado a más de 130 figuras locales e internacionales que forman parte de la historia política y cultural contemporánea. El uso de las manos que mencionas en la pregunta, es un estudio donde busco que la expresión corporal, junto al rostro y en primer plano las manos, se exponga el estado emocional actual del hombre como género atrapado por su entorno. Otra carpeta en la que trabajo actualmente es otro reto: cuando el desnudo busca evitar el erotismo, ha de refugiarse cuidadosamente en la esencia de las formas y la estética, de ahí que esta serie haya encontrado un espacio más armónico que provocador en las paredes de curadores y coleccionistas.

            2.—¿Qué es lo que debe ver el ojo del fotógrafo artístico?

            —Creo que el artista no es consciente de la diferencia que lo hace sobresalir, es el espectador el que nota la diferencia en la obra, es el espectador el que lo reconoce como artista, de todos los artistas que salen de las academias o del estudio autodidacto son muy pocos los que pueden vivir de su arte.

            3.—¿Cómo valoras el aporte de la fotografía digital, los programas para trabajar imágenes y las sofisticadas cámaras de hoy? ¿Crees que la tecnología ha hecho desaparecer el verdadero concepto de la instantánea?

            —La tecnología digital ha aportado un sinfín de posibilidades, la fotografía ha sufrido sin dudas un cambio positivo al que algunos todavía se resisten al percibir una tendencia simplista que sin dudas existe, pero que al final, la eliminación natural se encargará de la selección final. El concepto de la instantánea no desaparecerá jamás. Ya nadie se sorprende cuando observa la superficie del planeta Marte en una revista o en un programa de TV mientras que las primeras imágenes de la Luna asombraron y paralizaron al mundo entero; es sólo cuestión de mostrar lo desconocido que despierta la curiosidad como primer impulso de todo cambio y desarrollo en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

4.— Delio Photo Studio es también un punto de encuentro entre los intelectuales de Miami. Allí se presentan libros y exposiciones, pero también transcurren largas veladas bohemias. Cuéntanos algo de una de esas noches.

—Esta esquina en el corazón de Miami tiene las características ideales para las actividades culturales que hacemos. Después de cada presentación, la formalidad del evento cede espontáneamente el turno a la bohemia, rodeados de amigos las guitarras escapan de su estuche, las canciones llenan el espacio, los poetas, pintores, caricaturistas, comediantes, actores, periodistas y escritores añaden ese toque de diversidad cultural que tanto alegra estas veladas inolvidables.

            5—¿En qué proyectos artísticos trabajas?

            —Además de las temáticas que mencionaba antes, trabajo en una serie de corte político y de crítica social, que pretende denunciar la manipulación a la que está siendo sometida la población a nivel global que cada día más coarta las libertades fundamentales de la humanidad para satisfacer la avaricia desmesurada de un selecto grupo y sus intereses creados. Por otra parte, acabo de terminar una serie donde específicamente resalto la arquitectura Art Deco de Miami Beach; añadiéndole acentos de la historia cultural y la estética propia de las costas, para la decoración de interiores de varios hoteles. Esta es la primera fase, de un proyecto de remodelación y decoración, que un grupo de inversionistas está desarrollando en esta ciudad. Por último, a raíz de una sección que comparto con el poeta Heriberto Hernández Medina en el blog Gaspar el Lugareño que administra y edita el Historiador Joaquín Estrada-Montalván, saldrá a fines de este año un libro de fotografía y poesía que recoge las obras publicadas en esta sección bajo el título “La luz reconciliada”.

 

Entrevista aparecida en Diario Las Américas en septiembre del 2010.

 Jovenaje homenajeará, esté viernes, al fotógrafo y promotor cultural Delio Regueral  en La Otra Esquina de las Palabras, en el Café Demetrio.

sábado, 20 de julio de 2013

Denis Fortún, las crónicas del aeropuerto


 
Por Armando Añel
 

Denis Fortún se ha montado una atalaya en el centro de Miami, en su zona tal vez más vistosa y exuberante –Coral Gables—, y desde ella ingresa a la movida cultural de la ciudad con la soltura de un conocedor. Este escritor y bloguero pareciera hecho para la noche y el choteo, motivos que frecuenta cada vez con más insistencia la narrativa cubana contemporánea.

Otra vez desde el humor y la ironía, echando una mirada penetrante sobre el entorno y sus personajes, llega la nueva propuesta de Fortún, Diles que no me devuelvan (Crónicas del aeropuerto), bajo el sello Alexandria Library. El lanzamiento oficial del libro tendrá lugar este 26 de julio en La Otra Esquina de las Palabras, y la presentación estará a cargo del ensayista Ángel Velázquez Callejas y este servidor.

Armando Añel. Prácticamente ya está en la calle tu libro Diles que no me devuelvan (Crónicas del aeropuerto). ¿Cómo lo clasificarías y en qué crees que se diferencia de tus anteriores propuestas?

Denis Fortún. Clasificarlo se me antoja complejo, no soy muy dado a encasillar las cosas. Creo más en los vasos comunicantes que en las fronteras y hoy día la literatura goza de una promiscuidad saludable en lo que a géneros se refiere. Digamos, se trata de un cuaderno que recoge una parte de mi vida. Un periodo de cinco años y medio en el Aeropuerto de Miami trabajando para una aerolínea importante. Un empleo que llegué a aborrecer, y por el que terminé narrando lo que veía en cada jornada. Escribir, sin dudas, me hizo sobrellevar la carga que representaba ese ejercicio fatigoso, obligatorio, y poco retribuido.

En cuanto a mis anteriores libros, se diferencia del resto básicamente por el género --hablamos de crónicas que igual participan de esa promiscuidad que te menciono al inicio--, pero no falta el divertimento, la broma.  En cuanto a disfrute, la entrega, trabajarlo, resultó muy similar a los demás que tengo escritos. Doy en cada cuaderno que firmo lo mismo que le he dedicado al primero.

AA. La paradoja y el humor están muy presentes en esas crónicas, y yo diría que forman parte de tu personalidad. ¿Crees que los cubanos nos tomamos demasiado en serio? ¿No sería mejor para todos tirar a relajo la historia de Cuba?

DF. Mira, los cubanos conforman una suerte de casta que habita en la duplicidad: lo ceremonial y el sarcasmo se nos dan con mucha desenvoltura. Igual, no hay un límite definido en esos dos estados o comportamientos. Si bien podemos estar en un espacio donde esa solemnidad sea cosa obligada, de la  que participamos incluso por voluntad, de facilitarse un simple pretexto –y en ese mismo espacio-- saltamos al choteo con una disposición que asusta a quienes no nos entienden.

Somos demasiado serios en cuanto a la política, la familia, la amistad. Pero al mismo tiempo ese protocolo puede derrumbarse con un chiste y esos valores importarnos poco. Claro, hay salvedades.  

Y tal vez moleste a algunos con esta sentencia, pero la historia de Cuba en gran medida demuestra que hemos sido una nación sujeta al desacierto. ¿Quieres mayor farsa, más relajo, que lo acontecido luego de 1959? Y no estoy edulcorando la etapa republicana, donde también sobran ejemplos de nuestra naturaleza vernácula vulnerable al choteo y la tragedia.  

Lo veo así, nos asiste un sobrado histrionismo que raya en la hilaridad, y somos pendulares. Yo mismo. Mis amigos me tildan de llevar el humor al punto que podría herir sensibilidades de otros, pero soy tan dramático como cualquiera.  Hay que alcanzar el equilibrio que celebra el brillo de una sonrisa, preferiblemente de mujer, y reír sin importar que otros intenten impedirlo. En cuanto a tirar a relajo la historia de Cuba, no creo sea saludable. Por suerte, los hay que se la toman muy en serio y hasta rescatan desde aquí pasajes que en la otra orilla no son pertinentes. Pero…

AA. Me consta que muchas de las piezas que aparecen en el libro fueron previamente publicadas en el blog Cuba Inglesa, entre 2009 y 2011, cosa que te agradecemos grandemente. ¿Qué opinión te merece el papel de Internet en el presente y futuro de la literatura tradicional?

DF. Primero, quiero agradecerte a ti, a Cuba Inglesa, por el espacio que siempre tuve y proclamar, asimismo, que extraño el blog. En cuanto a Internet, en el caso de la literatura viene a ser lo que Gutenberg y la imprenta. No hay marcha atrás, las reglas cambian inevitablemente. Si bien la literatura no desaparece --no lo hará, no puede--, y mucho menos los que la hacen, se marcan nuevas pautas.

Hay escritores que no lo aprueban. Es cierto que el goce de leer un libro con lomo, olor a tinta,  es incomparable. Y los tabloides aún resultan sospechosos para muchos.  Pero ahora mismo yo te respondo estas preguntas en mi laptop y te las voy a enviar por email. Incluso, hay concursos donde puedes expedir obras en formato digital, sin el trabajo de andar con mamotretos repetidos, sellos, costos, y los imprevistos de un servicio postal.  En fin, pienso que se cumple actualmente la comunión donde cada una de las hechuras ocupa el espacio que se proponga priorizar quien las consume. Todo en dependencia de las necesidades, del gusto.

AA. En tus crónicas describes la llegada a Estados Unidos de una nueva ola de emigrantes cubanos, la mayoría gente llana, ciudadanos de a pie. ¿Con qué imagen puntualizarías ese momento? ¿Qué escena te viene a la mente cuando recuerdas ese arribo masivo de compatriotas?

DF. Gente sencilla, dócil, un poco desconfiada y que mira a su alrededor como imagino lo hubiese hecho Alicia recién llegada al país de las maravillas. Eso, las primeras treinta seis horas luego de haber pasado por el aeropuerto. Después, somos lo que somos. Y la escena que recuerdo es precisamente la que le da título al libro, “Diles que no me devuelvan”. Nadie quiere regresar; al menos el noventa por ciento. Y aun cuando muchos expresan su inconformidad con el modo de vida americano apenas dos semanas después de estar en Miami --modo miamense diría mejor, no muy similar al anglo--, y otros de los que llevamos tiempo viviendo aquí subrayamos con sobrada malicia la diferencia, everyone stays.

AA. El debate cultural en Miami, o al menos el debate underground, últimamente gira en torno a la visita a la ciudad de escritores residentes en la Isla que tuvieron o tienen, lateralmente o no, conexiones con las instituciones oficiales de la cultura en Cuba. ¿Cómo percibes este fenómeno y, de cara él, cuál crees que debería ser la actitud de la intelectualidad cubana que se considera a sí misma exiliada?

DF. Me temo que voy a extenderme en esta pregunta. El fenómeno, créeme, es complicado. Primero, quiero exponer de manera manifiesta que personalmente estoy en contra de todo “intercambio” cultural con la Isla si parte de la oficialidad. Nada ha cambiado en Cuba desde que salí hace nueve años, muy por el contrario, y estos viajes están enmarcados en esa figura que ha cobrado fuerza con la administración de Obama.

Por otra parte, para nada estos viajes representan un intercambio. La reciprocidad que debe primar no existe. No conozco de ninguna institución oficial cubana que invite a un escritor, o artista cualquiera, que mantenga una posición vertical en contra de lo que allí sucede. Por supuesto, nunca lo harán, y de hacerlo las reglas funcionarían sobre la base de una enorme mordaza. El espacio queda entonces al servicio de unos cuantos “moderados” que aún son presa de una melancolía delirante, entre otras cosas, porque aquí no se sienten reconocidos como lo fueron allá.

Por tanto, estos viajes desde un solo sentido se reducen a eso: visitas. Y he aquí el dilema a lo Shakespeare: en Cuba tengo amigos escritores, artistas plásticos, músicos, algunos están conectado con el establishment cultural cubano. Sin embargo, confieso sin pudor que me gustaría verlos en Miami, compartir con ellos, incluso mostrarles una que otra tertulia e invitarlos –si mi presupuesto lo permite-- a un buen almuerzo en El Versalles. Una vez, en el aeropuerto, coincidí con Antón Arrufat –que no es mi amigo-- y lo convidé  a La Otra Esquina de las Palabras para un homenaje a Lezama. Lamentablemente, dicen los que saben, Antón prefirió ir a un Burger King.

Aun cuando pensemos diferente, muchos de allí fueron mis amigos y quiero creer que todavía lo son. Es por eso que el rasero se vuelve elástico, paradójico. Ahora bien, existe un detalle interesante. El exilio de hoy no es lo monolítico que era hace cuarenta, treinta años atrás, incluso menos. El escenario es otro y aquí mismo, en Miami, habita una numerosa vanguardia –una parte sembrada y otra tontamente utilitaria-- que responde a los intereses culturales oficialistas. A gente como yo, que piensa de esta manera, nos rechazan, nos ven como una banda de fundamentalistas –y da por cierto cuando te digo que yo, al lado de buenos amigos que tengo aquí, y que son intolerables en temas como estos, soy más bien condescendiente y abierto a la diversidad--; pero olvidan esos “sembrados o tontos” que nos sobran razones para pensar así y esta “vanguardia” --aunque lo ignore-- no desconoce la verdad.

En fin, respondiéndote la última parte de la pregunta: el “fenómeno” para mí se reduce a eso, viajes que proporcionan una subida de hemoglobina para los que nos visitan y mejoran su ropero, mientras el espectro de oportunidades se les abre de manera increíble, aparentemente provechosa. Gente que, por si acaso, reza en silencio por que no se derogue la Ley de Ajuste Cubano.

¿Y el exilio? Por supuesto que es irritante recibir a un intelectual radicado en Cuba, “conectado”, y que además venga a hablar de ciertas “bondades” que le ofrece la dictadura para realizar su obra, y exprese asimismo, en medio de la más absoluta libertad, que no se siente presionado o perseguido en Cuba cuando la realidad demuestra lo contrario y son innumerables los intelectuales presos únicamente por intentar expresarse sin tapujos.

El tema es colorido, manipulable. Entonces que cada cual asuma la postura que considere coherente con su manera de pensar. Por suerte, también en Miami comienzan a abundar las opciones culturales y con no ir a ver a un “oficialista” tienes, menos si no es amigo tuyo.

 Entrevista publicada originalmente en Neo Club Press

Diles que no me devuelvan (cronicas del aeropuerto), de Denis Fortun, se presentara el viernes 26 de Julio  a las 8:00 p.m. en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

"Los cuerpos del deseo": una entrevista a Armando Añel


 
Por Joaquín Gálvez
 
Las editoriales miamenses Neo Club Ediciones y Alexandria Library presentan el próximo 21 de diciembre, a las siete de la noche en La Otra Esquina de las Palabras ―Café Demetrio (300 Alhambra Circle, Coral Gables, Miami)―, la antología del cuento erótico Los cuerpos del deseo. Con motivo de dicho evento, el escritor y editor Armando Añel nos concedió la siguiente entrevista.

 1)      ¿Cómo surge la idea de realizar este concurso de cuentos eróticos?

 Se le ocurrió a Idabell, mi esposa, siempre tan creativa. La idea nos sedujo enseguida y llamamos al editor Kiko Arocha (http://alexlib.com/), con quien solemos trabajar. Kiko ha sido fundamental en la instrumentación y diseño del proyecto, porque hay que recordar que no sólo estamos hablando de un concurso, sino de una antología. En el ámbito cultural, Kiko es como el Leonardo da Vinci de Miami, una persona siempre presta a innovar y explorar lo novedoso, con una visión editorial y empresarial muy heterogénea. Un tipo excepcional.

 2)      ¿Qué nivel de participación  tuvo este concurso,  incluyendo los escritores  ya publicados y  conocidos?

 La participación fue aplastante. Particularmente, no esperaba que fuera tan copiosa para una primera edición, rozando los 700 cuentos y 500 autores. Participaron desde autores noveles hasta escritores con varios premios recibidos y libros publicados. Desde Cuba –y éste me parece un dato interesante teniendo en cuenta las limitaciones que todos conocemos— nos escribieron más de cien concursantes.

 3)      ¿Por qué base y criterios se rigió el jurado para seleccionar a los ganadores  y finalistas?

 Dos criterios fundamentales primaron: La calidad de los cuentos en tanto cuentos, es decir, en tanto piezas literarias independientemente del matiz erótico, y por supuesto que dicho matiz estuviera presente. Lamentablemente, hubo que descartar muy buenos cuentos que apenas contenían erotismo, y viceversa: Cuentos de alto voltaje que no funcionaban literariamente hablando. También, como estipulaban las bases, hubo que desechar un par de cuentos que probablemente hubieran sido premiados de no haber estado previamente publicados en Internet.

Quiero agradecer y destacar aquí la tremenda labor de Manuel Gayol Mecías y Denis Fortún, jurados del concurso junto a este servidor. En el caso de Gayol, participó además en la edición de la antología y la prologó.

 4)      ¿Qué importancia le  concede a que exista un concurso  literario de temática erótica en los Estados Unidos que convoque a escritores de nuestra lengua?

Es un hito. Es inédito e histórico, y aunque sé que “la recomendación viene de cerca”, hay que decirlo así. Fíjate que para organizar, financiar y llevar el evento adelante no contamos con ningún apoyo privado o institucional, y esto para mí resulta tan significativo como el hecho mismo de haber sido los primeros en hacer algo semejante en este país, en el ámbito hispano. Estoy muy feliz de haber podido participar en una experiencia tan gratificante desde el punto de vista empresarial y cultural, sin tener que depender de instituciones que la mayoría de las veces funcionan a  partir de intereses creados. El tráfico de influencias, lo que se conoce en Cuba como “sociolismo”, lamentablemente ha emigrado a Estados Unidos con nosotros, y contra eso nada mejor que la viabilidad de los proyectos independientes limpios de polvo y paja.

 Sin ir más lejos, el propio Kiko Arocha fue censurado el año pasado por una de estas instituciones a las que me refiero, y para mí, en lo personal, fue muy triste constatar la exigua solidaridad recibida por él en el entorno inmediato, el de los escritores, creadores y editores de Miami. ¿Por qué? No porque los indolentes, para llamarlos de alguna manera –sin ofender, no es nada personal--, fueran malas personas, sino porque la cultura del sociolismo y el tráfico de influencias les impedía solidarizarse. Temían “señalarse”, como se dice en Cuba. “¿Y si mañana me censuran a mí?”, pensaban seguramente. Por eso un concurso como éste me parece tan significativo, porque enseña que las viejas instituciones ya no son necesarias, o no tanto como lo eran hace 5 o 10 años. Es patético observar como tantos cubanos, y latinos en general, continúan rehenes de los viejos esquemas clientelistas que han llevado a Latinoamérica a la miseria y el atraso. Están en el bosque y no ven los árboles, el potencial increíble de este país en tanto escenario abierto a la libre empresa y la iniciativa individual verdaderamente independiente.

 5)      ¿Tendrá continuidad este concurso, es decir, se realizará  a partir de ahora anualmente, o esta será la única convocatoria?

Muy probablemente el concurso tenga continuidad, tenemos en mente algunas sorpresas y variables partiendo de esta primera experiencia. En cualquier caso, no puedo adelantar mucho ahora.

 6)      Próximamente se lanzará la antología del concurso en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras, con las obras de los finalistas. ¿Nos puede hablar al respecto?
 
Estará presente el ganador del concurso, el escritor mexicano Alfredo Ávalos, y seguramente varios de los autores finalistas residentes en el área de Miami. Creo que será una fiesta de fin de año en la tertulia cultural más inclusiva y de más influencia ahora mismo en la ciudad, La Otra Esquina de las Palabras. Todo un lujo y te doy las gracias.


 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Entre 15 y 20: Rita Martin entrevista a Joaquín Gálvez

Quien pierda el contacto con la palabra escrita, también perderá el contacto consigo mismo


 
(Entre 15 y 20: Rita Martin entrevista a Joaquín Galvez)

Razones para la escritura
R.M.: ¿Por qué escribes?
J.G.: Comencé a escribir cuando tenía 14 años, porque sentí la necesidad de expresarme por medio de la escritura. Lo primero que intenté hacer fue una novela, pero no terminé de escribirla ya que descubrí en la poesía mi verdadera vocación literaria. Desde luego, la vocación es tan sólo un llamado, pues el verdadero escritor debe someterse a los rigores del oficio, es decir, a la obtención de un conocimiento profundo, que sólo se logra a través de la lectura. Pienso, pues, que escribir es un acto de placer, pero que, a su vez, entraña un grado de conciencia estética por parte del escritor, cuya búsqueda termina convirtiéndose en hallazgo en los ojos del lector.

R.M.: ¿Origen de libros tales como El viaje de los elegidos y Trilogía del paria?
J.G.: Estos dos libros, al igual que mi primer poemario, Alguien canta en la resaca, fueron escritos en épocas y circunstancias diferentes; sin embargo, están imbricados por el tema del viaje. Y no hablo solamente del viaje geográfico, sino, además, del metafísico en ese territorio interior que se forma a medida que se adquiere una cosmovisión en el tiempo y el espacio que nos toca. En mis tres libros publicados está presente mi experiencia en los lugares en que he vivido, llámese La Habana, New York-New Jersey o Miami, los cuales se integran a un espacio y a un tiempo mayor: el universo humano y su atemporalidad.
Alguien canta en la resaca es un poemario que se inicia con dos poemas que evocan mi infancia y adolescencia. Luego se produce una ruptura con el medio y sus circunstancias, razón por la que abandono mi país y la experiencia exiliar pasa a ser el espacio protagónico de mi quehacer poético. El viaje de los elegidos, lo considero mi libro más logrado en lo que respecta a unidad temática. En el mismo predomina un tono filosófico y la vida es el territorio donde transcurre el viaje. Mi último poemario, Trilogía del paria, es un paradigma de la dispersión que me ha tocado vivir, pues lo conforman poemas escritos en tres décadas y geografías diferentes. Varios de estos poemas, sobre todos los escritos en Cuba, estuvieron engavetados durante años. Pero gracias a la duda que me embargó entregarlos a la imprenta a esa temprana edad, la madurez que otorga el tiempo se encargó de decidir su publicación.

R.M.: ¿Cómo describirías tu proceso creativo?
J.G.: Hubo un tiempo en que escribir poesía era para mí una posesión –divina y diabólica-, algo que también se llama inspiración; muy productiva, por cierto, pero, al mismo tiempo, peligrosa, ya que bajo su influjo solemos enamorarnos de un texto determinado. Más tarde comprendí que la inspiración, con la misma intensidad que nos permite escribir a borbotones, también nos puede embaucar con un escrito desigual. En la actualidad, sin prescindir completamente de la inspiración, existe un proceso de creación más consciente, el cual me permite identificar cuando un poema ni siquiera merece ser terminado.

Soledad y multiplicidad
R.M.: ¿Cómo supera los malos momentos de bloqueo o página en blanco?
J.G.: Cada vez que caigo en esos bloqueos, me siento como si me faltara un órgano vital ante la página en blanco. Entonces, acudo a mis lecturas preferidas, a esos poetas que forman parte de mi antología personal. Camino por la ciudad, voy al mar, hurgo en la memoria, hago apuntes, etc. Pues a la poesía hay que provocarla, y para ello el poeta debe ser la musa de las musas. La escritura se gesta en un espacio vital e intimo, el cual puede ser invadido por la rutina, el tiempo ajeno, los ruidos y otros usurpadores postmodernos. El escritor debe velar por la privacidad de ese espacio: su templo sagrado

R.M.: Para Pessoa su ser “participaba de todos los hombres (…) una suma de no-yos sintetizada en un yo postizo. ¿Y para Ud.?
J.G.: Creo que el escritor tiene la virtud de apoderarse de otras vidas, de recrearlas e incorporarlas a su yo creativo. En el manifiesto surrealista, Breton consigna: “Imaginación lo que más me gusta de ti es que tú no perdonas”. La literatura es un espacio único donde se permite abolir las fronteras, al menos, las del imaginario creativo. La literatura, y el arte en general, corrobora y expone esa realidad oculta que es la multiplicidad del yo participando en un solo individuo, tal como lo hizo Pessoa con su heterónimos y Borges en su afán de poseer la otredad con personajes reales y ficticios, para así ser “ese hombre que es todos los hombres”.

Oficio
R.M.: ¿Consejos para escritores de (novela/poesía/o ambas)?
J.G.: Escriba, corrija, edite, pero no se apresure y destruya de inmediato la página escrita. Si no considera publicable un texto, guárdelo y póngalo a descansar por un tiempo. Revíselo de nuevo, tal vez sobreviva alguna frase germinadora de un texto diferente. No sea triunfalista con lo que escribe, dude y pula –sin caer en la obsesión correctora de Juan Ramón Jiménez-, pero no aborte el texto echándolo a la basura; dele un tiempo antes de declarar su sentencia.

R.M.: ¿Qué es preciso evitar en literatura?
J.G.: Entre otras cosas, es preciso evitar la imitación y la falta de autenticidad. Es preferible fracasar con criterio, que adulterar nuestro ser creativo en busca de reconocimiento crítico y aceptación popular. Existe en este aspecto dos tendencias entre los escritores: la que quiere fama y supedita su talento a cierta moda literaria -por lo general, comercial e intrascendente-, y otra en la que el escritor adopta un estilo que no le corresponde para obtener el beneplácito de cierta élite o grupo.

Identificaciones de la literatura
R.M.: ¿Es la escritura una salvación ante la neurosis y la locura?
J.G.: Freud, que dedicó su vida al estudio del subconsciente, reconoció en la labor creativa un método eficaz de curación, pues, al entregarnos a la misma, podemos olvidarnos sanamente de nosotros mismos. La escritura facilita que la energía mental, lastrada por los traumas y su galería de fantasmas, se transforme en algo productivo. El arte y la literatura subliman sentimientos que, de otra forma, pudieran resultar en realidad trágica. En la creación artística es donde único la locura se puede volver cuerda, pues lleva el sello de la belleza. No cabe duda que en La metamorfosis sale a relucir la personalidad neurótica de Kafka. Otro ejemplo es el de Virginia Woolf, una escritora que sufría de trastornos maniaco-depresivos, o bipolaridad, y que, sin embargo, logró construir todo un universo literario a partir de su experiencia personal.

R.M.: ¿Qué coordenadas encuentra entre sueño, filosofía y escritura?
J.G.: Creo que la literatura es el catalizador donde convergen sueño y filosofía. Los sueños, como parte de de esa realidad etérea que transcurre en nuestro subconsciente, afloran en el proceso de creación, a tal punto que pueden desenmascarar al escritor. Gracias al sueño existe la literatura mitológica y la fantástica. El movimiento surrealista es el sueño hecho escuela o método de creación. Con respecto a la filosofía, la misma está presente de alguna forma en toda obra literaria, así sea en sus bordes. A diferencia del filósofo, el escritor no se propone encontrarle solución a los problemas de la existencia humana, pero sí plasma su visión de la vida, la cual no está reñida con la filosofía.

R.M.: ¿Qué relaciones encuentra entre escritura, sexo y placer?
J.G.: La escritura y el sexo son dos placeres diferentes; pero si hay que encontrar simetrías, te diría que en la historia de la literatura el sexo siempre ha sido un tema recurrente, aun cuando no esté expuesto gráficamente como suele hacerse en la actualidad. En La Ilíada, la guerra de Troya la causa la libido de Paris, cuya fuerza destructiva anula la razón para que se lleve a cabo el rapto de la bella Helena. Edipo es culpable por inocente como consecuencia de una relación incestuosa con una mujer que desconocía que era su madre. Don Juan, arquetipo literario del mujeriego, encuentra el verdadero amor en una de sus andanzas sexuales. Por otra parte, existe una literatura en la que el sexo es la órbita en torno a la cual gira una obra, también llamada literatura erótica. Ejemplos de este tipo de literatura son las obras del Marqués de Sade, D.H. Lawrence, Henry Miller, Anaïs Ninn, etc. La escritura no es un orgasmo, pero si una catarsis por donde fluye la fuerza instintiva del sexo.

R.M.: La rapidez del cinematógrafo y de la internet… ¿cómo vincula este mundo de imágenes con la literatura? ¿Hay una crisis de la palabra?
J.G.: La postmodernidad, que se caracteriza por el alto desarrollo tecnológico, es la expresión misma de la imagen a través de medios visuales como la televisión, el cine y el internet. Creo que la imagen, aunque sea una herramienta de aprendizaje, jamás podrá bucear en las interioridades del ser humano con la misma profundidad con que lo hace la literatura. Por eso, cuando vemos una película basada en una novela, nos deja casi siempre esa sensación de lo inconcluso. El internet ha ayudado a economizar los gastos del material literario impreso, como lo demuestran los blogs y las revistas digitales; aunque considero que el libro es el objeto idóneo para realizar esa experiencia única que es la lectura. Quien pierda el contacto con la palabra escrita, también perderá el contacto consigo mismo.

Sin lengua
R.M.: Al llegar a EE.UU donde la lengua principal es el inglés: ¿cómo enfrentó el hecho de haberse quedado “sin lengua”?
J.G.: Cuando llegué a los Estados Unidos me encontraba en una etapa de efervescencia creativa, la cual se interrumpió por un tiempo, debido a que tuve que enfrentar mi nueva realidad, y para ello era necesario aprender el idioma de este país. No obstante, creo que el hecho de haberme quedado mudo por un tiempo, es decir, de haber interrumpido mi labor creativa mientras me dedicaba a aprender inglés y a sobrevivir realizando diferentes trabajos, me sirvió para nutrirme de nuevas vivencias y lecturas. En efecto, el conocimiento del idioma inglés y el haber estudiado en universidades de Estados Unidos me han permitido leer y estudiar la obra de escritores y poetas de habla inglesa, que es como quedar a salvo de las precariedades de ciertas traducciones. Sin duda, todo esto me ha resultado harto beneficioso, aun cuando la escritura literaria sólo la ejerza en mi lengua materna.

R.M.: ¿Cómo define el “exilio” un escritor, es decir, una persona acostumbrada a vivir diferentes exilios e inxilios, incluso, en su propia tierra?
J.G.: El exilio para mí ha tenido diversos rostros. He conocido el exilio en el sentido estricto de la palabra al vivir esa escisión que se produce cuando abandonamos el país de origen y nos vemos obligado a pasar por un proceso de asimilación cultural en suelo foráneo. Por otra parte, opino que el exilio ha rescatado a muchos cubanos que tuvieron que vivir un inxilio en la Isla, donde eran verdaderos parias a causa de las imposiciones del régimen totalitario. Desde esta óptica, el exilio ha sido una experiencia enriquecedora para mí. Gracias al exilio he podido leer y escribir lo que he querido, así como viajar y conocer personas de diferentes latitudes. Otro rostro del exilio es el que entraña la condición de escritor, la cual te convierte en un eterno inconforme y en un habitante de una realidad aparte, no importa donde estés. Coincido con Octavio Paz cuando dice que “el poeta siempre es un exiliado”.

R.M.: ¿Cuáles son los síntomas y gestiones de la literatura hispanoamericana (y cubana, claro) en el Siglo XXI? ¿Cuáles para la literatura Latina en USA?
J.G.: La literatura hispanoamericana actual se mueve en diferentes direcciones. Existe una nueva generación de narradores latinoamericanos que se ha apartado, para bien suyo, del acendrado realismo mágico y cuyas obras muestran una gama de temas, tales como el realismo social y sucio, el esoterismo y la espiritualidad de la nueva era, así como una vuelta al género policiaco y fantástico. Claro está, la diversidad temática no significa que predomine la calidad, pues, de hecho, las grandes editoriales hispanoamericanas publicitan mucha literatura prescindible. En el caso de la literatura cubana, el peso de la realidad se ha impuesto y existe una tendencia a dar testimonio de la misma con un relato que se confunde en muchas ocasiones con la crónica periodística. Por supuesto, existen escritores cubanos que han sabido sacar provecho de esa realidad haciendo verdadera literatura. Con respecto a la literatura de escritores latinos que escriben en inglés en los Estados Unidos, me parece lamentable que el tipo de literatura que más se divulgue sea aquella en la que predomina el aspecto étnico, algo que nos reduce a meros seres exóticos en la mirada del lector norteamericano.

R.M.: ¿Una pregunta que siempre le haya martillado…? ¿Una posible respuesta para la misma?
J.G.: En un mundo dominado por la imagen fílmica y el internet, y en el que los lectores escasean, incluso los de narrativa, cabe preguntarse, ¿para qué y para quién escribimos poesía? La respuesta la di en un haiku: “Léase o no haiku, aún gozo este juego de lo infinito”.

Antes de terminar
R.M.: ¿Por qué el bitácora La otra esquina de las palabras? Háblenos de su gestión como promotor cultural
J.G.: Durante todo este tiempo que he vivido en Miami, me he cansado de escuchar que esta ciudad es un páramo cultural, cuando en ella viven en la actualidad una gran cantidad de escritores y artistas talentosos de Cuba y otras nacionalidades latinoamericanas. La Otra Esquina de las Palabras (tertulia) es otro espacio cultural alternativo, que se ha propuesto mostrarle al público miamense, interesado en la cultura, el talento local con el que cuenta. La gestión individual en Miami, tal como lo hizo Manny López en Zu Galería, por ponerte un solo ejemplo, es la que está consiguiendo que Miami se libre de ese estigma que no le pertenece. No obstante, es también necesario que estos proyectos trasciendan la duración de un chispazo y logren cierta permanencia. Al igual que la tertulia, el blog La Otra esquina de las palabras es un espacio de promoción literaria y cultural, un muestrario de diversidad creativa, que sólo toma en cuenta la calidad de la obra.
 
Entrevista publicada originalmente en el blog Grafoscopio, de Rita Martín

viernes, 31 de agosto de 2012

Una entrevista de Félix Luis Viera a Ena Columbié

                                Ena Columbié: Foto de Lía Alarcón
 
 
Por Félix Luis Viera

Ena Columbié, Miami

“Es Miami la ciudad que me abraza, que me ha dado los mayores placeres como intelectual y artista”

 
Ena LaPitu Columbié. Nació en Guantánamo. Es licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios en crítica literaria y artística, cuento y poesía. Tiene publicados los libros: Dos cuentos (Narrativa. Cuba, 1987), El Exégeta (Crítica literaria. Cuba, 1995), Ripios y Epigramas (Poesía. USA-2001), Ripios (Poesía. USA-2006), Solitar (Poesía EE UU, 2012) Y Las horas (Antología, E UU, 2011). Ha sido publicada en las antologías: Lenguas Recurrentes (Cuba, 1982), Lauros (Cuba, 1989), Epigramas (Cuba, 1994), Muestra Siglo XXI de la poesía en español (EE UU, 2005), La Mujer Rota (México, 2008) y Antología de la poesía cubana del exilio (España, 2011) entre otras. Co-dirige las editoriales, EntreRíos y AlphaBeta. Ha colaborado en publicaciones como La Araña pelúa, de París, y las revistas norteamericanas La Peregrina Magazine, Linden Lane Magazine, ¿Qué pasa? y Decir del agua; así como en diversos proyectos privados independientes. Reside en Miami, Florida. Fotos suyas han sido publicadas en periódicos, revistas especializadas en arte, (en sus versiones de papel y online) y en otras publicaciones seriadas; también han ilustrado libros y trabajos de poesía y ensayo en varios blogs, periódicos y revistas especializadas en arte. Muchas de sus obras tanto de fotografía como de pintura forman parte de colecciones privadas y de galerías. Ha expuesto en Ecuador, México y Estados Unidos. Dirige el blog de Ensayo y Crítica artística y literaria El Exégeta.

 
 ¿Por qué decidió vivir fuera de su país?
  Ena Columbié (EC): Siempre fui una rebelde inadaptada. Estuve marcada por eso y porque mi abuelo fue Representante a la Cámara en el Gobierno de Batista. Todos los ojos estaban en mis acciones, no tenía libertad y nunca he tenido miedo para decir lo que quiero. Tuve muchos problemas.

 ¿De qué manera salió de Cuba?
  EC: Legal, pertenecía a un grupo disidente y se dio una cobertura.

 ¿Le ha resultado muy difícil adaptarse al sitio en donde reside hoy?
  EC: Ahora me adapto a cualquier situación, cuando tienes la libertad de decidir tu libre albedrío, dejas de luchar contra todos y comienzas a vivir un poco más pacíficamente, sabes que puedes revertir una decisión mal tomada y emprender otro camino. Tienes las riendas de tu vida. De todas formas, nunca he sentido que un lugar determinado es mi casa.

 ¿Cuál ha sido su trayectoria artística en su actual lugar de residencia?, ¿qué logros ha obtenido?
  EC: Cuando vine de Cuba estaba en un buen momento como intelectual —dentro de lo que cabe, en lo que conocemos—, había publicado algunos trabajos y un libro. Por situaciones a las que la vida nos enfrenta, tuve tiempo de escribir y crecer mucho, en California; pero es Miami la ciudad que me abraza, que me ha dado los mayores placeres como intelectual y artista. Mi literatura ha madurado, el tiempo y el crecimiento se imponen si tienes una meta fija, y también, aquí está la mayoría de los amigos que escuchan y nutren. Hay un grupo de intelectuales y artistas de mucho valor en Miami. También pude estudiar académicamente un poco más y mi arte es ahora más sólido. He publicado bastante, a fin de año sale un libro de cuentos, y para el año que viene estoy preparando dos de ensayo y una de las dos novelas que escribo. He hecho más de 20 exposiciones personales y colectivas en cuatro años, y he expuesto en Ecuador, México y Estados Unidos. Estoy contenta.

¿Qué opina de la sociedad de la que ahora forma parte?
EC: No es el mejor de los mundos posibles, pero aunque esto sea un slogan, la realidad es que oportunidades las hay, solo debes estar en el lugar correcto a la hora correcta, y no dejar escapar la suerte. ¡Ah! y sobre todo, nunca tener miedo a los retos. No hay que asustarse, pa’lante.

 ¿Alguna otra observación para los lectores de Cubaencuentro?
 EC: Eso, que enfrenten la vida sin miedos y si lo sienten que no se asusten, es de humanos; pero que tampoco se detengan.

 
Entrevista publicada originalmente en cubaencuentro el 22 de agosto de 2012.

domingo, 22 de abril de 2012

El maestro y su discípula: Daphne Rosas recuerda a su profesor Nicolás Quintana


Nicolás Quintana y Daphne Rosas


Por Joaquín Gálvez

La joven pintora y arquitecta Daphne Rosas tendrá próximamente la primera exposición de su obra plástica. Pero es, además, una devota estudiosa de la arquitectura de su ciudad natal: La Habana. A pesar de haber salido de Cuba cuando aún era una niña,  Daphne se ha dedicado a mantener viva su memoria de La Habana, pues cada vez que la visita nos entrega un  testimonio fotográfico de sus grandes monumentos, plazas y otros escondrijos, incluso los más  derruidos, no tanto por el tiempo de su existencia como por los  demoledores 53 años de una dictadura. Quizás por obra de la causalidad, más que la casualidad, Daphne tuvo la dicha de ser alumna del gran arquitecto cubano Nicolás Quintana. Sobre esa experiencia nos habla en esta entrevista.

¿Cómo fue que conociste al arquitecto Nicolás Quintana?
Quintana era profesor de FIU (Universidad Internacional de la Florida) mientras yo estudiaba. Ya ni me acuerdo en que momento lo conocí realmente, aunque creo, si no recuerdo mal, que me inscribí en un curso que él estaba enseñando. Ah, ya recuerdo: Historia de Arquitectura de las Américas. Y en una clase dedicada a la arquitectura habanera, Quintana, sin conocerme, me pregunta al terminar la clase que si yo era cubana. Le pregunté que cómo se había percatado y me contestó que mis ojos brillaban cuando hablaba de la Habana.


¿Cómo fue la relación maestro-discípula desde un punto de vista profesional y humano?

Pregunta difícil...y me explico. Quintana tenía un carácter fuerte y decidido y era un hombre  empecinado en defender sus ideas. Algo que siempre admire en él y con lo que me identificaba en mi propia perseverancia. Su  amor por su ciudad habanera excedía el mero apego a la tierra y la patria. Para Quintana, experto en urbanismo y en arquitectura, La Habana iba más allá de los edificios. Poseía una visión romántica de la ciudad y la comparaba a menudo con una mulata,  pues identificaba el contoneo de su caminar con las arcadas de La Habana Vieja. Al igual que yo, él sabía que era una ciudad viva, que respiraba a través de sus estructuras; viva en su historia, historia tan antigua que casi se olvida, al no ser por ese fenómeno llamado ciudad.

Su amor a La Habana, también su sabiduría, hizo que lo admirara. Me esmeraba en sus trabajos de clases y él trataba por todos los medios de encontrarme errores, y cuando no podía encontrarlos me echaba en cara que le hacía buenas presentaciones sólo para impresionarlo, para así lograr la máxima calificación. Cada vez que tenía oportunidad pasaba por su oficina y le pedía libros, etc. Y mira que me costaba trabajo que me prestara sus libros. Para él eran como joyas, y los atesoraba mucho. No se los prestaba a cualquiera. Decía que sólo me los prestaba a mí porque no le cabían dudas de que yo are responsable y se los devolvería intactos. Después me decía: “pero me lo devuelves en la próxima clase”.

Era divertido, pues me retaba a sobresalir como estudiante. Y para mí, cabezona que soy, era todo un triunfo, que Quintana, al que a veces acusaba de testarudo, me diera la máxima calificación en mis trabajos. Recuerdo que una vez quería cambiarme la forma de un proyecto, pues aseguraba que no funcionaría, y yo le dije que me diera una semana y si no funcionaba lo cambiaba y empezaría de nuevo. Y él, muerto de risa, me dijo algo que nunca olvidaré: "You are very cuban". Al final me quedé con la propuesta original del proyecto


¿Entonces, llegaron a ser buenos amigos?
Quintana tenía mucho que decir.... y yo, como alumna, mucho que escuchar. No, amigos, no. Siempre fue una buena relación de profesor y alumna. Para suerte mía, el formó parte del comité de mi tesis, que proyectaba el concepto de un edificio pequeño en un terreno baldío en La Habana Vieja. Me beneficié mucho de sus consejos, también de sus libros y quedé más que agradecida, pues cuando  viaje a La Habana me puso en contacto con arquitectos que viven en Cuba. Yo, a mi regreso, de muy buena gana, le copié todas mis fotos de la ciudad, unas cien o más, en su ordenador.
Quintana era todo un personaje....más bien una personalidad, individuo con luz propia, luz que provoca una lucidez absoluta, por lo cual sería admirado por muchos y no tanto por otros.
 
¿Puedes decir que él fue la causa de tu amor por La Habana?
No. A la Habana la amé siempre. En el profesor Quintana encontré a un aliado para compartir no sólo el amor por La Habana sino también el sueño de poder ejercer la arquitectura en esta ciudad donde nací. Quintana sentía mucha tristeza, pues cuando hablaba de sus proyectos,  sabía que no podría regresar, que el tiempo le ganaba la batalla. Pero después me decía sonriendo: "ustedes los jóvenes si van a poder". Y creo que por eso no se daba por vencido, y seguía con sus proyectos para una Habana del futuro. En mi opinión, porque pensaba que quizás así inspiraba a sus estudiantes a hacerlos realidad. Quintana nunca dejó de soñar con su Habana.

¿Te consideras un epígono de Quintana, dispuesto a cumplir la misión de rescatar su legado arquitectónico en La Habana y ver cumplido su sueño de restauración de la ciudad?
Claro. Sería fantástico. El sueño siempre ha estado ahí; sueño que me ha llevado a fotografiar incansablemente los edificios de mi ciudad, viaje tras viaje, a enfocar mi tesis de grado en edificar en un sitio histórico de la Habana, a colaborar con distintos profesores de la universidad que han decidido hacer estudios en La Habana con sus estudiantes. En resumen, es un camino largo y sin fin, pero hermoso.

¿Entonces, crees que es posible su realización?  
No hay imposibles, sólo cosas difíciles y complicadas. Y si quizás, por suerte del destino, de la vida y de la muerte, no me será permitida esa dicha, pero sí a otros. Quién sabe. No importa como sea, ni quien sea, pero una ciudad como La Habana se lo merece.

Para finalizar, en el tiempo que fuiste su alumna, alguna anécdota que recuerdes sobre Nicolás Quintana. 
Recuerdo que él contaba que estudio arquitectura siguiendo los pasos de su padre, arquitecto de renombre y dueño de la firma Moenk y Quintana. Cuando se gradúa de arquitectura con apenas unos veinte años. Quintana cuenta que él, como joven al fin, estaba más interesado en vivir la vida a plenitud y solo quería fiestas y carreras de autos. Es así que se accidenta y esta durante un tiempo convaleciente a la espera de volver a caminar. Entonces su padre le llevaba, para que no se aburriera, libros de urbanismo y de arquitectura. Quintana sin poder hacer otra cosa, se estudia los libros y así aprende los secretos de las paredes y los edificios. Él decía que hasta ese momento poseía solo un diploma, que realmente  se hizo un verdadero arquitecto después de que el destino lo obligara a empezar a estudiar esos libros. A partir de entonces nada detuvo su formación como gran arquitecto y como gran ser humano. Al cumplir los  30 años, y con el fallecimiento de su padre, heredó  Moenk y Quintana. Y no hay nada como la práctica para el maestro.

Para ver fotos de La Habana, tomadas por Daphne Rosas, acceda a su blog Pinceladas