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martes, 18 de diciembre de 2012

DEL IDIOMA Y SUS CAPRICHOS


 
 
De un artículo de H. L. Mencken, publicado en junio de 1999 en Harper’s, sobre las características y peculiaridades del idioma que, mal que bien, hemos venido balbuciendo durante los últimos años. Lo que sigue es una versión libre y comentada del traductor, pero respetuosa de la idea original del ensayo.

 

Traducción: Juan Cueto-Roig



El inglés se ha impuesto más que a fuerza de números o de arrogancia, por sus méritos intrínsecos. En riqueza y economía, ninguna de las otras lenguas vivas puede competir con él. Es positiva y deliberadamente un idioma masculino: lenguaje de hombres, nada afeminado ni infantil; simple, de sonidos claros (1); enlaza sus vocablos con naturalidad y es lógico en su estructura, sin pedanterías ni rebuscamientos. Qué inmensa ventaja el que sea un lenguaje sin géneros gramaticales (2). Consta de un enorme vocabulario que duplica el de cualquier otro idioma (3). Es conciso y simple. Contrarresta los muchos vocablos polisílabos incorporados del latín, con la abundancia de los de sílabas cortas y propende constantemente a acortar las palabras. En el siglo dieciocho, para designar las cada vez más frecuentes turbas revolucionarias se usaba mobile vulgus. Pues bien,  en su afán abreviatorio, esas dos palabras se convirtieron en mob. Lo que una vez fue pundigrion es ahora pun, lo que hasta ayer era gasoline es hoy gas. Ningún otro idioma europeo tiene tantas palabras (decorosas o impúdicas) de sólo tres o cuatro letras. Y ninguna otra lengua puede decir tanto con tan poco, ej: First come, first served, típica expresión inglesa: breve, simple y atrevida. Para expresar la misma idea en danés, se necesita decir: Den der kommer forst til molle, far forst malet.

 

Hace algunos años, un filólogo americano, Dr. Walter Kirconnell,  contó el número de sílabas necesarias para traducir el Evangelio de San Marcos a cuarenta idiomas indoeuropeos, desde el persa e indostano hasta el inglés y el francés. Resultó que de todos, el inglés fue el más económico con sólo 29,000 sílabas, mientras los idiomas teutónicos necesitaron 32,650; los eslavos, 36,500; los de origen latino, 40,200; seguidos por el bengalí, el persa y el sánscrito con más de 43,000 cada uno. Sin embargo, el articulista reconoce que la ortografía inglesa es tan caótica como la francesa o sueca, pero para los comunes mortales que se contentan con atacarlo a viva voce, sin preocuparse de reglas ni preciosismos, resulta bien sencillo. Por ejemplo, un ruso, nacido en un idioma donde hay seis casos y tres géneros gramaticales, consonantes palatales y complicados pronombres, se asombrará al encontrar dos casos, ningún  género y unos pronombres tan simples, que uno de ellos es suficiente para dirigirse lo mismo al presidente de los Estados Unidos, a un niño, a una dama o a un criminal (4). Sólo el español es un idioma comparable en claridad lógica, aunque el mismo adolece de géneros gramaticales. El filólogo C. K. Odgen  cree que 850 palabras bastan para una buena comunicación en inglés y que la mayoría de ellas, unas 600, son simples nombres de cosas, y 250, de acciones, cualidades o vocablos conectivos. Y si nos parecen pocas, es porque olvidamos la principal cualidad de este idioma: su capacidad para expresar infinidad de significados con una sola palabra, combinándola con diferentes modificadores. Veamos: to get, to get going, to get by, to get on to, to get wise, to get off, to get ahead of, to get over. Y este mismo filólogo aboga por eliminar muchos más verbos. Él eliminaría disembark, recovered from the flu, escaped from the police,obtained a job. En su lugar usaría get off, got over, got away, y gotY refiriéndose a la necesidad de simplificación, Mencken cita el fenómeno  phthisic (tisis) y más adelante invoca la frase del Dr. Ernest Weekley: “Estabilidad en un lenguaje es sinónimo de rigus mortis”.

 

Notas del traductor

 

(1) Serán sonidos claros, pero no absolutos y definidos como en español. Recordemos sólo las disímiles pronunciaciones en wind (viento) y wind (dar cuerda),  pleasant and please, signal and sign, etc.

(2) Si bien es cierto que esa asexualidad simplifica enormemente el aprendizaje de la lengua inglesa, los adjetivos atributivos (his, her), contrario al castellano donde son neutros, requieren la atribución adecuada al sexo correspondiente. Aunque, debemos también reconocer que en español la ambigüedad de esos adjetivos se presta a confusión (su de él, su de ella, su de ellos)

(3) Siempre oí celebrar al castellano por exuberante y prolífico y, sin embargo, Mencken afirma que el vocabulario inglés lo supera en abundancia. Por otra parte, pienso que esto puede ser cierto, ya que el inglés apropia muchos vocablos latinos, que aunque no son de uso común, lo enriquecen notablemente.

(4) Mencken no cuenta los thou, thy and thine, que aún se usan en la liturgia  cristiana, y eran hasta época muy reciente comunes en textos poéticos.

 

Y si nos parecen válidos los méritos de simplificación y síntesis atribuidos al  idioma inglés, no debemos olvidar que el lenguaje, además de ser un instrumento de comunicación, es la fuente donde se nutre el oficio literario, y que en la riqueza y variedad del idioma estriba la belleza de ese arte.

 

sábado, 17 de marzo de 2012

Orlando Alomá en La Otra Esquina de las Palabras: Fotos, pintura, poema y traducción




































(Bruselas, Museo Real de Bellas Artes)


Landscape with the Fall of Icarus

According to Brueghel
when Icarus fell
it was spring


a farmer was ploughing
his field
the whole pageantry


of the year was
awake tingling
with itself


sweating in the sun
that melted
the wings' wax


unsignificantly
off the coast
there was


a splash quite unnoticed
this was
Icarus drowning


William Carlos Williams

II. PAISAJE CON LA CAÍDA DE ÍCARO
Según Brueghel
cuando Ícaro cayó
era primavera

un granjero araba
su campo
todo el esplendor

del año estaba
despierto tintineando
cerca de

la orilla del mar
interesado
en sí mismo

sudando bajo el sol
que derritió
la cera de las alas

insignificantemente
próximo a la costa
había

un chapaleo bastante inadvertido
era
Ícaro ahogándose

Traducción: Orlando Alomá

sábado, 24 de diciembre de 2011

Handel - Messiah - For unto us a child is born/ T.S. Eliot-The Journey of the Magi






The Journey of the Magi

T.S. Eliot


A cold coming we had of it,

Just the worst time of the year

For a journey, and such a long journey:

The ways deep and the weather sharp,

The very dead of winter.

And the camels galled, sore-footed, refractory,

Lying down in the melting snow.

There were times when we regretted

The summer palaces on slopes, the terraces,

And the silken girls bringing sherbet.

Then the camel men cursing and grumbling

And running away, and wanting their liquor and women,

And the night-fires going out, and the lack of shelters,

And the cities dirty and the towns unfriendly

And the villages dirty and charging high prices:

A hard time we had of it.

At the end we preferred to travel all night,

Sleeping in snatches,

With the voices singing in our ears, saying

That this was all folly.


Then at dawn we came down to a temperate valley,

Wet, below the snow line, smelling of vegetation;

With a running stream and a water mill beating the darkness,

And three trees on the low sky,

And an old white horse galloped away in the meadow.

Then we came to a tavern with vine-leaves over the lintel,

Six hands at an open door dicing for pieces of silver,

And feet kicking the empty wineskins.

But there was no information, and so we continued

And arrived at evening, not a moment too soon

Finding the place; it was (you may say) satisfactory.


All this was a long time ago, I remember,

And I would do it again, but set down

This set down

This: were we led all that way for

Birth or Death? There was a Birth, certainly,

We had evidence and no doubt. I had seen birth and death,

But had thought they were different; this Birth was

Hard and bitter agony for us, like Death, our death.

We returned to our places, these Kingdoms,

But no longer at ease here, in the old dispensation,

With an alien people clutching their gods.

I should be glad of another death.


EL VIAJE DE LOS MAGOS


“QUÉ HELADA TRAVESÍA,

Justo la peor época del año

Para un viaje, y un viaje tan largo:

Los caminos hondos y el aire ríspido,

Lo más recio del invierno”.

' Y los camellos llagados, sus patas adoloridas, refractarios,

Tendidos en la nieve que se derretía.

A veces añorábamos

Los palacios de verano en las cuestas, las terrazas,

Y las niñas sedosas que nos servían sorbetes.

Iban los camelleros blasfemando, mascullando,

Huyendo, y pidiendo licor y mujeres,

Y las fogatas se extinguían y no había refugios,

Y las ciudades hostiles y los pueblos agresivos

Y las aldeas sucias y caras:

Cuánto tuvimos que aguantar.

Al final preferimos viajar de noche,

Dormir a ratos,

Con las voces cantando en nuestros oídos, diciendo

Que todo esto era locura.


Entonces llegamos al amanecer a un valle templado,

Húmedo, lejos de las nieves perpetuas, y olía a vegetación;

Con un arroyo y un molino de agua que golpeaba la oscuridad,

Y en el horizonte tres árboles,

Y un viejo caballo blanco se fue galopando hacia la pradera.

Luego llegamos a una taberna con hojas de parra en el dintel,

Seis manos junto a una puerta abierta

Jugaban a los dados por un poco de plata,

Y alguien pateaba los odres vacíos de vino,

Pero no había información, y seguimos

Y llegamos al anochecer, y justo a tiempo

Encontramos el lugar; era (podríamos decir) satisfactorio.


Todo esto fue hace mucho tiempo, recuerdo,

Y yo lo volvería a hacer, pero que quede

Esto claro que quede

Esto: ¿nos llevaron tan lejos

Por un Nacimiento o por una Muerte? Hubo un Nacimiento,

Teníamos pruebas y ninguna duda. Yo había visto nacer y morir,

Pero pensaba que eran distintos: este Nacimiento

Nos sometió a una dura y amarga agonía,

Como la Muerte, nuestra muerte.

Regresamos a nuestros lugares, estos Reinos,

Pero ya no estamos en paz aquí, bajo la antigua ley.

Con un pueblo extraño aferrado a sus dioses.

Cuánto gusto me daría otra muerte.


(Traducción: Tedi López Mills)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Un poema de William Butler Yeats traducido por Juan Cueto-Roig



La Segunda Venida


Girando y girando en el vasto girar

el halcón no puede oír al halconero.

Las cosas se deshacen,

ceden los cimientos,

la anarquía se desata sobre el mundo,

una marea de sangre se desborda

y se extingue en todas partes el ritual de la inocencia.

Los mejores carecen de toda convicción,

mientras los peores

están llenos de fanática osadía.


Sin duda nos hallamos ante una revelación:

Sin duda la Segunda Venida se avecina.

¡La Segunda Venida!

Apenas pronunciadas las palabras,

cuando una horrenda imagen del Spiritus Mundi

conmueve mi visión:

en algún lugar en las arenas del desierto

una forma con cuerpo de león y cabeza de hombre,

una mirada vacía y despiadada como el Sol

está moviendo lentamente sus piernas,

mientras acechan por doquier las sombras

de las indignadas aves del desierto.


Las tinieblas descienden de nuevo,

pero ahora comprendo

que veinte siglos de impávido sueño

fueron trocados en pesadilla por el mecer de una cuna.

¿Qué infame bestia, cuya hora al fin ha llegado,

se arrastra hacia Belén para nacer?


The Second Coming


Turning and turning in the widening gyre

The falcon cannot hear the falconer;

Things fall apart; the centre cannot hold;

Mere anarchy is loosed upon the world,

The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere

The ceremony of innocence is drowned;

The best lack all conviction, while the worst

Are full of passionate intensity.


Surely some revelation is at hand;

Surely the Second Coming is at hand.

The Second Coming! Hardly are those words out

When a vast image out of Spiritus Mundi

Troubles my sight: somewhere in the sands of the desert

A shape with lion body and the head of a man,

A gaze blank and pitiless as the sun,

Is moving its slow thighs, while all about it

Reel shadows of the indignant desert birds.


The darkness drops again; but now I know

That twenty centuries of stony sleep

Were vexed to nightmare by a rocking cradle,

And what rough beast, its hour come round at last,

Slouches towards Bethlehem to be born?


La traducción de este poema del irlandés William Butler Yeats (Dublín, 1865-Roquebrune-Cap-Martin, 1939) aparece en Esas divinas cosas. Tribulaciones y alegrías de un traductor (Silueta, Miami, 2011)

Cortesía: Diario de Cuba

lunes, 4 de julio de 2011

Hoy, 4 de julio, un hijo bastardo de Norteamérica dice:

 
 
A Bastard Son of America*


I am a bastard son of America,

A Cuban exile who was forced to come here.

I will never properly assimilate this American culture;

but, living in New York has opened my doors to the spectrum

of other cultures.


I am a bastard son of America.

Because I was kicked out of my country by a dictator,

I am now Sisyphus carrying the heavy rock of my past.

I will always speak the English language

with a helpless Havana accent. Don’t forget: I am not here

out of my free will.


I am a bastard son of America,

the black sheep that profanes the American dream,

a bad inheritor of the Mayflower puritans, for this land

will never be my home.

But, as a poet, I belong to the same literary lineage as Whitman;

I have learned to sing to myself, and, therefore,

I am pupil of Emerson, earning my self-reliance.


I am a bastard son of America.

My taste will never lose its preference for white rice and black beans;

however, there is also on my table a Japanese sushi,

a Jewish bagel, an Italian pasta, an American hamburger…


I am bastard son of America;

I mean, a legitimate son of the world.



Un hijo bastardo de Norteamérica


Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica,

un exiliado cubano que fue obligado a partir

hacia esta tierra.

Yo nunca asimilaré, como es debido, esta cultura extranjera;

mas he vivido en Nueva York, y mi puerta se ha abierto

al arco iris de otras etnias.


Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica,

uno de tantos que fue echado a patadas, por un dictador,

de su tierra.

Y ahora soy Sísifo llevando a cuestas la turbia roca de mi pasado.

Yo siempre hablaré el idioma inglés

con este desamparado acento habanero. No olviden:

no fue mi libre albedrío el que eligió vivir en esta tierra.


Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica,

la oveja negra que profana el sueño americano,

un pésimo heredero de los puritanos del Mayflower,

por eso este país nunca será mi casa.

Pero, como poeta, pertenezco al mismo linaje de Whitman;

he aprendido a cantarme a mí mismo,

y, por tanto, soy un discípulo de Emerson,

que se ha ganado la confianza en sí mismo.


Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica.

Mi paladar jamás perderá su preferencia

por el arroz blanco con frijoles negros;

sin embargo, hay en mi mesa un sushi japonés,

un pan judío, una pasta italiana, una hamburguesa de Norteamérica…


Yo soy un hijo bastardo de Norteamérica;

mejor dicho, un hijo legítimo de este mundo.


*Poema escrito originalmente en inglés y publicado en edición bilingüe en el poemario Trilogía del Paria, de Joaquín Gálvez.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Un poema de D.H. Lawrence (Versión al español de Reinaldo García Ramos)


 

Somos trasmisores

Mientras vivimos, somos trasmisores de la vida.
Y cuando dejamos de entregarla, ella deja de fluir a través nuestro.
Eso es parte del misterio del sexo, una corriente que no se detiene.
Las personas sin sexo no trasmiten nada.

Y si cuando hacemos un trabajo
logramos infundir vida a nuestra obra,
más vida vendrá a penetrarnos con premura, cada vez más vida,
para que nos sintamos compensados y listos,
trémulos de vida con los días.

Aunque sólo sea un pastel de manzanas que una mujer prepara
o una silla que un hombre construye;
si ambos ponen vida en el esfuerzo, bueno saldrá el pastel,
buena saldrá la silla;
contenta ha de sentirse esa mujer, con nueva vida
que vendrá a estremecerla,
contento ha de estar el hombre.

Dad y os será retribuido;
esa sigue siendo la verdad de la existencia.
Pero dar vida no es tan fácil.
No es cuestión de regalarla a algún tonto malvado
ni de permitir que los muertos vivientes nos devoren;
se trata de encontrar calidad de vida donde no la había,
aunque sólo sea en la blancura de un pañuelo recién lavado.


D. H. LAWRENCE
(1885-1930)


(Versión al español de Reinaldo García Ramos)

lunes, 22 de febrero de 2010

Las ciudades de Cavafis

Las ciudades de Cavafis

Sr. Don Joaquín Gálvez:

Querido Joaquín,
aprovechando la ola caváfica que ha dejado caer sobre la ciudad nuestro querido y escueto Juan Cueto, con su último libro de traducciones sobre los poemas de Cavafis, te mando una pequeña compilación de textos en torno a La ciudad del bardo neoheleno. La idea es degustar y comparar los niveles de escritura y reescritura que puede generar un texto canónico, ya sea una traducción o una versión poética.
En un memorioso artículo de Mario Vargas Llosa, publicado en el lejano año 2000 e intitulado El alejandrino (Revista Arquitrave), el narrador peruano nos cuenta de su paso por la ciudad egipcia y por la casa, hoy convertida en museo, donde vivió sus últimos años el poeta que murió esperando a los bárbaros. En uno de sus párrafos, hablando de la perfección artística alcanzada por el poeta, Vargas Llosa nos dice que “su poesía es capaz de resistir la prueba de la traducción —una prueba que casi siempre asesina a la de los demás poetas— y helarnos la sangre y maravillarnos en sus distintas versiones, a quienes no podemos leerla en el griego demótico y de la diáspora en que fue escrita.”
Junto a las imágenes del pasaporte —con el que nunca pudo escapar de su ciudad— y de una impresión en griego de La ciudad de Cavafis, te van cuatro ciudades otras: dos traducciones, una desde las manos del poeta español Luis de Cañigral, y otra acabada de salir del horno de nuestro Cueto-Roig, poeta y traductor de poetas; y dos versiones, una desde la jaula métrica donde Félix se sienta a parir sonetos, y otra mía, en verso libre.
Recibe con esta un abrazo grande. Tuyo,
en Miami, Germán Guerra.


La ciudad


Dijiste: «Me iré a otra tierra, me iré a otro mar.
Otra ciudad aparecerá mejor que ésta.
Cada esfuerzo mío está destinado a una condena;
y está mi corazón —como un muerto— enterrado.
¿Hasta cuándo mi espíritu quedará en este marasmo?
Donde dirijo la mirada, donde miro
las negras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años he pasado y he arruinado y corrompido. »

Nuevos lugares no encontrarás, ni encontrarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Por las mismas calles vagarás.
Y en los mismos barrios envejecerás;
y en estas mismas casas encanecerás.

Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro sitio —no esperes—
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida has arruinado aquí
en este pequeño rincón, en toda la tierra la has corrompido.

Luis de Cañigral
, traducción directa del griego,
en Constantino Cavafis (Ediciones Júcar, Madrid, 1981).

La ciudad


Dijiste: «Iré a otro país, a otras playas,
encontraré otra ciudad mejor que ésta.
Todo empeño mío, condenado está por el destino
y mi corazón es como un cadáver sepultado.
¿Cuánto tiempo más podrá mi mente consumirse en este páramo?
Dondequiera que voy, dondequiera que miro,
veo los lóbregos despojos de mi vida, aquí,
donde he pasado tantos años, derrochándolos, arruinándolos».

No encontrarás ni playas ni países nuevos.
Esta ciudad te perseguirá por siempre.
Deambularás por las mismas calles, envejecerás en el mismo barrio,
tu cabello se volverá gris entre estas mismas paredes.
Siempre estarás de vuelta en esta ciudad.
No anheles otra.
No hay barcos ni caminos para ti.
Así como has destruido aquí tu vida,
en este pequeño rincón del mundo,
arruinada ha de estar en cualquier otro sitio.

Juan Cueto-Roig, traducción a partir de textos en inglés,
en Constantino P. Cavafis: Veintiún poemas
(Ultra Graphics Corporation, Miami, 2010).


La ciudad

a K.P.Kavafys

"He arruinado mi vida entre los muros
De esta ciudad enferma, paralítica,
Donde hasta mi alma se ha quedado artrítica
De llantos, maldiciones y conjuros.
Allende el mar encontraré, seguro,
Una ciudad mejor y ya no mítica
Donde podré rehacer mi vida crítica
Y renacer, como aquel Rey Arturo".
Si eso pensaste, date por vencido.
No huyas: la ciudad te seguirá.
Sólo has de cosechar penas y olvido;
Fracasarás lo mismo aquí que allá.
Tú mismo en la ciudad te has convertido:
Eres tú el muro que te detendrá.

Félix Lizárraga
,
en A la manera de Arcimboldo (Editions Deleatur, Angers, 1999).


La ciudad y el borde de la isla


A Félix Lizárraga

Ya no hay ciudad que te repita las canas y el olvido,
irte, ser, estar o acostumbrarte ya nada significan,
ya no hay ciudad ni muro que detenga tus pasos
ni abiertas calles con fuegos de artificio a tu regreso.
Ya no hay ciudad ni mar ni barcos en los puertos,
no busques más, tu sombra no te sigue.
Tú mismo en la ciudad te has convertido:
Eres tú el muro que te detendrá.

Ya no hay ciudad ni hombres hundidos en el sueño.
Aquí estamos, diciendo para que nadie entienda,
fingiendo ya ser mudos, ya ser ciegos y sabios,
rehaciendo nuestras casas para espantar el tiempo
con las hojas ruinosas de este otoño tan largo.
Y aquí estamos, sentados sobre la luz y el tedio,
colgando nuestras piernas al borde de la isla.
Aquí estamos, y estamos tan cansados.

Germán Guerra,
en Libro de silencio (Ediciones EntreRíos, Los Ángeles, 2007).

domingo, 31 de enero de 2010

Dos traducciones de un poema de C.P. Cavafis



Deseos

Como cuerpos bellos de muertos que no han envejecido
y a los que, con lágrimas, en mausoleos espléndidos encerraron
—jazmines en los pies y en la cabeza rosas—
así son los deseos que pasaron
sin tener cumplimiento, sin merecer
una noche de placer, o un alba luminosa.

Traducción hecha directamente del griego por el poeta español
Ramón Irigoyen.



Deseos

Como hermosos cuerpos que murieron jóvenes
y fueron sepultados, con lágrimas, en mausoleos suntuosos
coronados de rosas y con jazmines a sus pies—
así son los deseos no satisfechos; que nunca alcanzaron
una noche de sensual deleite, o una mañana de esplendor.

Ejemplo de una traducción indirecta (del inglés al castellano) de Juan Cueto-Roig.

miércoles, 13 de enero de 2010

POEMA DE C. P. CAVAFIS ESPERANDO A LOS BÁRBAROS Y UNA PARODIA DE DICHO POEMA (Traducción del inglés y parodia por Juan Cueto-Roig)


C. P. Cavafis
(1863-1933)

Esperando a los bárbaros

¿Qué esperamos congregados en el Foro?

Es que hoy llegan los bárbaros.

¿Por qué entonces esa indolencia en el Senado?
¿Por qué los senadores no promulgan leyes?

Porque hoy llegan los bárbaros.
¿Y qué leyes podrán ya promulgar los senadores?
Cuando lleguen los bárbaros, ellos promulgarán las leyes.

¿Por qué nuestro emperador se despertó temprano
y está a la puerta principal de la ciudad
sentado en el trono muy solemne con su corona?

Porque hoy llegan los bárbaros
y el emperador está esperando al jefe invasor
para entregarle un pergamino
orlado de títulos y honores.

¿Por qué han salido
hoy nuestros cónsules y pretores
con sus togas púrpuras bordadas?
¿Por qué se han puesto brazaletes engarzados de amatistas,
y anillos relucientes de esmeraldas?
¿Por qué usan hoy sus más costosos báculos
maravillosamente labrados en oro y plata?

Porque hoy llegan los bárbaros
y a ellos les fascina ese boato.

¿Por qué no han venido como siempre los pomposos oradores
a pronunciar sus arengas y a imponer sus opiniones?

Porque hoy llegan los bárbaros
y ellos detestan la elocuencia y los discursos.

¿Por qué de repente esta confusión, este alboroto?
(¡Cuán solemnes y apesadumbrados se han vuelto los rostros!)
¿Por qué se están quedando desiertas las plazas y las calles,
y todos se retiran cabizbajos a sus casas?

Porque está anocheciendo y los bárbaros no llegan.
Y hombres recién venidos de la frontera
afirman que ya los bárbaros no existen.

Y ahora ¿qué será de nosotros sin los bárbaros?
Ellos eran, al fin y al cabo, una solución.

C. P. Cavafis (1904)



Esperando a los yanquis

¿Por qué estamos reunidos en la Plaza?

Porque hoy nos invadirán los yanquis.

¿Por qué entonces esa indolencia en el Comité Central?
¿Por qué no promulga alguna ley la Asamblea Popular?

Porque hoy nos invadirán los yanquis,
y ¿qué leyes podría ya promulgar
la Asamblea Popular?
Cuando lleguen los yanquis, ellos promulgarán las leyes.

¿Por qué el máximo líder se despertó hoy tan temprano,
y está en la tribuna muy circunspecto,
con su uniforme y su gorra verde olivo?

Porque hoy nos invadirán los yanquis,
y el máximo líder se prepara para recibir
al jefe invasor.

¿Por qué están aquí los miembros del Comité Central, de la Asamblea Popular, de los Comités de Defensa de la Revolución, de las Brigadas de Respuesta Rápida y, también, los camilitos, las federadas, los jóvenes comunistas y hasta una nutrida representación de pioneritos asmáticos como el Che? Todos con sus uniformes de gala, brazaletes, insignias y condecoraciones.

Porque hoy nos invadirán los yanquis,
y a los yanquis les encantan los desfiles y las celebraciones.

¿Por qué nuestros dirigentes no están gritando
sus consignas ni sus arengas?

Porque hoy nos invadirán los yanquis,
y a los yanquis les aburren los oradores y sus discursos.

Pero, ¿por qué de repente hay tanto malestar y confusión?
¡Cuán solemnes y apesadumbrados se han vuelto todos!
¿Por qué se están quedando desiertas las calles y la Plaza?
¿Por qué el pueblo, atribulado, se está retirando a sus casas?

Porque está anocheciendo y los yanquis no llegan.
Y unos hombres que vigilaban
el horizonte desde el malecón,
acaban de informar que no hay ningún yanqui a la vista.

Y ahora, ¿qué será de nosotros sin los yanquis?
Ellos eran, al fin y al cabo, la única solución, nuestra última esperanza.

Juan Cueto-Roig (2009)

domingo, 3 de enero de 2010

Un poema de Chuang Tzu


LA HUIDA DE LIN HUI

Lin Hui, de la comarca de Kia, se dio a la fuga.
Perseguido por sus enemigos,
arrojó lejos de sí la valiosa pieza de jade
que era el emblema de su rango
y se echó a sus espaldas a su hijo aún pequeño.

¿Por qué tomó al niño
y abandonó la pieza de jade,
que valía una pequeña fortuna,
sabiendo que si vendía al muchacho
sólo obtendría una modesta suma?

Lin Hui dijo:
“La razón que me une al emblema de jade
y a mi cargo oficial
se asienta en el propio interés;
lo que me une al niño
es la razón del Tao.

“Cuando el propio interés es la razón que une,
la amistad se disipa
si sobreviene el infortunio.
Cuando el Tao es la razón que une,
la amistad se perfecciona
ante el infortunio.

“El contacto con los sabios
carece de sabor, como el agua.
La amistad con los tontos
es dulce como el vino.
Pero la falta de sabor de los sabios
da lugar a un verdadero afecto
y el sabor que se siente junto a los tontos
conduce al odio.”

Chuang-Tzu (China, siglos IV-III BC)

Tomado de: The Way of Chuang Tzu, translated and edited by Thomas Merton, New York, New Directions, 1965]

Versión al español de Reinaldo García Ramos