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sábado, 14 de septiembre de 2013

Memorables memorias




Por Joaquín Gálvez


En la cinta Memorias del Subdesarrollo, el clásico de Tomás Gutiérrez Alea, los temas de la sexualidad, el trópico y el propio subdesarrollo se entrecruzan y retroalimentan, entrampando al protagonista de la historia.

La relación de Sergio –el personaje principal- con sus mujeres es ambivalente. Se mofa de su esposa, Laura, por considerarla frívola, vacía, histérica, y se siente liberado cuando ésta abandona el país. De manera que, tras conocer a Elena, busca en ella todo lo contrario. Elena representa a la muchacha de pueblo, sin ninguna elegancia ni sofisticación. Sergio la utiliza para vengarse indirectamente de su ex cónyuge. Por eso la lleva a su casa, le regala la ropa de Laura y tiene relaciones sexuales con ella en su misma cama.

Muy pronto, sin embargo, cae en la cuenta de que Elena, aunque pobre, puede ser tan vacía como Laura, y no comparte sus inquietudes intelectuales. Para Sergio, Elena simboliza el subdesarrollo: le parece inconsistente, sin capacidad para relacionar las cosas y necesitada de que alguien piense por ella. Él siempre quiso vivir como un europeo, y Elena le recuerda a cada momento que vive en un país subdesarrollado.

La relación de amor-odio que establece Sergio con sus parejas lo lleva a afirmar que la mujer cubana se descompone entre los treinta y los treinta y cinco años: “Después de eso es una pudrición”. En cambio, idealiza a su ex novia alemana, considerando que sí lo entendía y apoyaba como escritor. El falso sentido de la moral en la sociedad criolla, expresado a través de la sexualidad, también sale a relucir aquí. Elena, por ejemplo, muestra su hipocresía llorando porque supuestamente Sergio la ha deshonrado, cuando ni siquiera era virgen. Por otra parte, este último es un paradigma del machismo cubano: aunque aparenta buscar la pareja ideal, sólo utiliza a las mujeres para satisfacer su apetito sexual y alimentar su ego.

“Tú no eres ni revolucionario ni gusano… ¡no eres nada!”, espeta Elena. Esta frase es la que mejor define a Sergio, habitante de un limbo existencial, personaje que no consigue hallar un espacio vital desde el que insertarse en la sociedad cubana. Se despide de sus amigos que abandonan el país con regocijo, pues ya no tendrá que lidiar con sus conversaciones triviales y su mundo vacío. Pero, aunque prefiere permanecer en Cuba, sabe que en el marco del nuevo sistema empiezan a hacerse visibles las costumbres y el modo de vida del hombre de pueblo, o de clase baja, los cuales le resultan igualmente repulsivos, inconsistentes. Como él mismo afirma, “en el trópico todo se descompone, nada tiene permanencia”.

“Cómo se sale del subdesarrollo, el subdesarrollo lo marca todo; y tú –dice Sergio refiriéndose a su realidad- qué haces aquí, dónde está tu gente, tu mujer… Tú no tienes nada que ver con esta gente; ahora comienza tu destrucción final”. El protagonista de la película se asume en una vejez anticipada, como un vegetal sin frutos. Considera a Cuba una trampa, pero una trampa de la cual se siente incapaz de escapar.

En Memorias del Subdesarrollo, Tomás Gutiérrez Alea se vale de la técnica del collage o de la yuxtaposición de imágenes para recrear el momento histórico del que parte el filme. Una forma de montaje en la que se advierte la influencia de la nueva ola francesa, sobre todo de Godard. Memorable es la escena donde Sergio, el protagonista, se sumerge oníricamente en una fantasía erótica, mientras su criada le cuenta cómo la bautizaban en un río. Aquí, súbitamente, pasamos de una escenificación cristiana a una pagana, intercaladas magistralmente con Las cuatro estaciones de Vivaldi y El nacimiento de Venus de Botticelli.

La huella que el neorrealismo italiano dejó en Gutiérrez Alea es evidente en esta cinta. El enfoque social, visto a través de la alienación del individuo, las tomas aisladas de la cámara y el silencio de las escenas, trasmitiéndonos el estado anímico de los personajes, recuerdan el cine de Antonioni.

Las reminiscencias del Free Cinema son apreciables por medio del formato reportaje. Sergio es el espectador de un medio social que se está transformando ante los ojos del documentalista o el reportero televisivo. Por eso, una alusión suya sirve de pretexto para combinar una imagen estilo documental, como cuando se hace referencia a la pobreza y, de pronto, aparecen imágenes de América Latina y cifras estadísticas. La película cierra con tomas del despliegue de las milicias y de la gente en las calles, esperando la invasión norteamericana que nunca se produjo.

Sergio personifica al antihéroe existencialista por su visión escéptica y pesimista de la vida, por su ambigüedad y su actitud pasiva ante el medio que lo rodea. Puede recordarnos a personajes literarios como el Harry Haller de Hermann Hesse, en El lobo estepario, o el Meaursault de Albert Camus, en El extranjero. En su relación con las mujeres pueden establecerse puntos de contactos con el Guido de Fellini en 8 ½, prototipo fellinesco de antihéroe.

Este filme es tan revolucionario como subversivo gracias a la ambigüedad del protagonista, reflejo de una nación atomizada política y socialmente, donde no existe margen para lo políticamente tendencioso. Debe añadirse que el término subdesarrollo trasciende lo meramente político para indagar en los factores socioculturales que lo determinan, de ahí la indefinición del personaje principal, sin dudas un alter ego del director.

En Memorias del Subdesarrollo, Tomás Gutiérrez Alea nos presenta una etapa de transición en Cuba que comprende desde la invasión a Bahía Cochinos, en 1961, hasta la crisis de los misiles de 1962, narrada por Sergio, el protagonista, miembro de una extinta burguesía cubana que en su inmensa mayoría abandonó el país tras el triunfo de la revolución en 1959. El filme comienza con una fiesta, o carnaval cubano, donde alguien es asesinado; pero continúa como si nada hubiera ocurrido, señal de que las masas tienden a enajenarse por medio de la diversión.

Sergio es un burgués que siempre deseó ser escritor, pero las circunstancias no le concedieron el tiempo necesario (según él). En realidad, careció de voluntad para imponer su vocación en el marco de una clase burguesa provinciana que, por lo general, no apreciaba la cultura. No cabe duda de que el desprecio que muestra el protagonista hacia su familia y sus amigos, pertenecientes a la burguesía habanera anterior a la revolución, así como a las masas populares, le ayuda a justificar su incapacidad de no poderse realizar como ente social. Esto último es lo que le permite al director usar sutilmente al personaje para deslizar críticas que, de otra forma, nunca hubieran sido permitidas en la Cuba castrista.

Desde su posición de burgués frustrado y sin afiliación política, el personaje principal se refiere a Picasso como el comunista que vive muy cómodo en París, o a los carteles con propaganda revolucionaria como el que reza “Esta humanidad ha dicho basta y ha echado a andar”: “Y no se detendrá hasta llegar a Miami”, añade Sergio.

En cualquier caso, el arte triunfa en Memorias del Subdesarrollo. Gutiérrez Alea logra imponer, por encima del discurso absolutista y en tiempos de clamores colectivistas, lo singularmente humano como expresión universal. Sergio, o mejor dicho, Titón, fue un visionario que expuso, desde su soberana ambigüedad política, una realidad que con el tiempo se parece más a la ficción. Si es la vida la que imita al arte, según Oscar Wilde, no es placentero ser personaje en una película de horror, ni en una obra del absurdo. Entonces la vida puede estar en otra parte, pues “esa humanidad sigue diciendo basta y no se detiene hasta llegar a Miami”.
Digo, si hasta aquí basta.

Texto publicado originalmente en el blog Cuba Inglesa
Para ver la película, haga clic: https://www.youtube.com/watch?v=VY2PsSnsNOA

miércoles, 21 de marzo de 2012

Nader y Simin, A Separation


Por Amílcar Barca
El naturalismo bajo el negro del shador en Teherán

“La película relata la historia de la separación, civil y respetuosa, de un matrimonio iraní, en el que Simin, la mujer, quiere dejar a su marido porque no ve futuro en su país, mientras Nader se ve imposibilitado a seguirla porque se tiene que ocupar de su padre enfermo. El abandono de Simin obliga a Nader a contratar a una mujer para el cuidado de su padre, sin embargo la situación se complica debido a las diferencias culturales con su nueva ayudante, de clase social inferior, profundamente religiosa, embarazada y víctima de un marido despótico. Todo esto ocurre frente a la perplejidad de sus hijos, niños y adolescentes, incapaces de entender del todo lo que está ocurriendo” .Laura Luchinni. El País

Cuando alguien recomienda una película tiene el riesgo de que el otro viva con grandilocuencia o expectativa el motivo y, después, resulte que hubo más emoción en el relato de contarla que en la experiencia misma al verla. Pues bien, A Separation, (Asghar Farghadi)  titúlo en inglés, no necesita  recomendación pero si precaución a la hora de ir a verla. ¿Algo extraordinario en la creación formal? ¿Opresión del régimen iraní? ¿Violencia tipo primavera árabe con la oposición? ¿Fundamentalismo  y crítica desde este género?. Pues bien nada de eso si descontamos, por supuesto, que todo  lo político y lo social tiene  que ver con la cotidianidad en aquel país. En estos momentos, Irán,  vive la incertidumbre de ser bloqueado económicamente por el mundo occidental : “Somos gente pacífica y buena” dijo el director en los Globos de Oro al recibir el premio a la mejor película extranjera.  Yo le creo, mi gran amigo en esta ciudad es persa, pero se olvidó de excluir a quienes le gobiernan en su dedicación.

Nada tan humano y difícil como trabajar, el destino,  la necesidad de decir la verdad ante el mundo, la humillación ante tu marido, el orgullo, la responsabilidad ante un hijo, el amor filial, la venganza, la ira, la comprensión fraternal entre desconocidos, la falta, el arrepentimiento, el peso moral de Dios en los hombres y mujeres,  la juramentación ante Él, el escenario de los ancianos que sufren Alzheimer en nuestro entorno más íntimo, la culpabilidad, la injusticia familiar, la mentira piadosa, la vergüenza…y otros sentimientos y valores,  con la naturalidad y fuerza en que este film lo muestra y los universaliza.

Una anécdota, cuando mi mujer me dijo desinteresadamente en Barcelona  “Podemos ir a ver  Nader y Simin…Yo ya la he visto pero me gustaría volverla a ver contigo para contrastarla..¿qué te parece?”. Como cinéfilo nunca me niego a las sugerencias que ella me brinda… pero hacía años que no me arrepentía de haber aceptado su proposición. A tal punto, que estuve pensando en irme  de la sal por la crudeza del planteamiento. Aquel análisis que uno hace sobre las metáforas, los movimientos de cámara, la aportación plástica del film o incluso la crítica gestual que uno sugiere de quienes actúan tomándote un café a la salida del cine, se esfumaron. Sólo tenía ganas de tomarme una copa de coñac de un golpe. Hacía muchos años que no veía una película totalmente desnuda  de pretensiones de ningún tipo, que me provocara tanto sufrimiento y rabia por el desarrollo de su historia (Ahora que recuerdo, la última vez, me pasó con Dancing in the Dark de Lars von Trier en año 2000). A Separation, no es una película que puedas recomendar  con un “qué la disfruten” sino con un …“que la sufran humanamente bien”.

martes, 6 de marzo de 2012

Orlando Alomá y Pieter Brueghel el Viejo


Por Rodolfo Martínez Sotomayor

El homenaje a los que hicieron del cine, el gran descubrimiento artístico del siglo XX, se ha puesto de moda. Las nominaciones al premio Oscar de las películas The Artist de Michel Hazanavicius y Hugo de Martin Scorsese son afortunadas muestras de esa devoción.

La pintura, desde los dibujos rupestres, hasta la invención de la fotografía y posteriormente el cine por los hermanos Lumiére, fue el reflejo del universo que ha rodeado al hombre. Pintores de la corte, como Francisco de Goya, convirtieron su obra en un retrato de los grandes cambios en la sociedad y los hechos históricos que les tocó vivir. No es posible evocar la lucha del pueblo español contra la dominación francesa en 1808, sin que venga a la imaginación el recuerdo de su cuadro Los fusilamientos del 3 de Mayo.

Mucho antes, en la Holanda del siglo XVI, El Bosco, realizó una serie de creaciones en las que una amalgama de figuras, ambientadas en paisajes imaginarios, con elementos fantásticos y en ocasiones monstruosos, con figuras híbridas, humanos y animales, habitaban paisajes bucólicos de gran atractivo. Las piezas más famosas que reflejan este estilo son Las tentaciones de San Antonio, El carro del heno y El jardín de las delicias. Frente a este último cuadro, me detuve largo tiempo al visitar El Prado, en Madrid, observarlo detenidamente es ratificar la idea de ciertos críticos que han dicho que El Bosco, pintó cuadros ejemplarizantes aludiendo a los pecados y sus consecuencias. Conceptos filosóficos del mundo basados en dichos populares o creencias de la época. Todo esto lo logra comunicar a través de símbolos, con un lenguaje muy sofisticado. Y es ese mecanismo, a mi juicio, el que provoca que su pintura ejerza tanta seducción.

Volviendo al cine y su capacidad de reflejar el mundo que nos rodea, el cineasta polaco Lech Majewski, lo hace converger con la pintura, en una exquisita producción titulada El molino y la cruz (2011), la cual se basa en La procesión al calvario, uno de los cuadros de quien fuera para algunos, el más importante pintor holandés del siglo XVI, Pieter Brueghel. Inspirado en el estilo de El Bosco, Brueguel el Viejo, reflejó la vida cotidiana de su tiempo con realismo y con una abundancia de detalles magistrales.

Majewski se vale de esta pieza, para hacernos entrar al mundo estético del pintor, nos traslada a la época de la brutal ocupación española de Flandes. Recrea a personajes que escapan del lienzo para llegar al cine y esa magia de hacerlo confluir con lo mejor del arte universal.

Cuando tuve la suerte de adquirir el filme, con una copia pirateada con “profesionalismo” y una nitidez de original, como resultado; tuve deseos de salir corriendo y comentarlo a quien pudiera impresionar. Alguien a quien el cine y la pintura, le apasionaran por igual. Aquella noche, mi esposa Eva y yo, asistiríamos a una exposición de pinturas de Heriberto Mora, y allí en la entrada, para mi dicha, veo a Orlando Alomá. He encontrado a pocas personas que disfruten tanto hablando de cine como él. Parafraseando un parlamento de una de sus películas preferidas El Samurai, me agrada hablar con quienes gustan hacerlo de un tema que me es afín. Cuando le hablé del filme el resultado fue el esperado, una ansiedad por verlo evidente y un pacto secreto de no revelar la fuente al regalarle una copia. Estaba feliz en mi humana e infantil vanidad de haber mostrado algo que desconociera hasta el momento, el admirado critico cinematográfico Orlando Alomá. Pero como dice una canción popular “la vida te da sorpresas”, supe que él sentía fascinación además por la pintura de Brueghel el Viejo, y que había traducido un poema de William Carlos Williams (1883-1963), titulado "Paisaje con la caída de Ícaro", de su libro Pictures from Brueghel, Premio Pulitzer de Poesía 1963. Al día siguiente lo recibí en mi correo electrónico y hoy lo comparto.

II. PAISAJE CON LA CAÍDA DE ÍCARO

Por William Carlos Williams (1883-1963), de su libro Pictures from Brueghel, Premio Pulitzer de Poesía 1963. Traducción: Orlando Alomá.

Según Brueghel
cuando Ícaro cayó
era primavera

un granjero araba
su campo
todo el esplendor

del año estaba
despierto tintineando
cerca de

la orilla del mar
interesado
en sí mismo

sudando bajo el sol
que derritió
la cera de las alas

insignificantemente
próximo a la costa
había

un chapaleo bastante inadvertido
era
Ícaro ahogándose

(Bruselas, Museo Real de Bellas Artes)


El escritor y traductor Orlando Alomá se presentará el viernes 16 de marzo, a las 7:00 pm, en La Otra Esquina de las Palabras, con una lectura y charla de su traducción al español de los poemas de William Carlos Williams basados en las pinturas de Pieter Brueghel el Viejo.

sábado, 23 de julio de 2011

Machete: Diez razones (…y una justificación) sobre una mala película

 
Por Amílcar Barca
 
1) Para hacer una película buena sobre un género “malo” (serie B) hay que saber hacer lo malo bien para que sea una buena película.

2) Imitar al maestro Tarantino requiere imbuirse de él y no copiarlo. En esta película se nota que no es el guest director ni lo supervisa como en Sin City o Grindhouse.

3) Para que un héroe feo ( antihéroe) y protagonista sea sexy Machete (Dany Trejo) y anticreíble, hay que utilizar el humor ( Santiago Segura en la serie Torrente) la indiferencia  (Charles Brownson en sus westerns) o la inteligencia adolescente( Woody Allen en Manhattan o Annie Hall).

4) Los éxitos de la serie B se basan en la incomprensión y/o exageración de las respuestas delante de las situaciones difíciles, o incluso el abuso de ellas como espectáculo, pero cuando los entornos absurdos se intuyen como respuesta aparece el “dejà vue” y deja de tener su efecto de resolución imaginativa.

5) La escenas de masas de los figurantes no pueden rodarse arbitrariamente tienen que cumplir su función –en este caso de circo- y parecen sonsacadas de una audición antes de rodar.

6) Si hay dos chicas que pelean por el héroe ¿Por qué sólo una se queda con él . (Yo como mínimo me imaginaba un trío para romper esquemas, y lo digo en serio). Y si se queda con él ¿por qué no muestra la atracción sexual desmesurada que se merece el “héroe”?. El beso final de la película pretende ser la máxima acumulación de lujuria por las situaciones superadas ( y ya incluyo con ello el término irrisorio o increíble que se merece imitar un final de serie B) y en cambio se convierte en un beso de nieta (Jessica Alba) al abuelo de Heidy encima de una Harley Davinson.

7) Hay una problema de montaje que atasca la narrativa de muchas escenas. No las deja descansar ni desarrollarse por sí mismas y rompen el microrrelato emotivo o erótico que hay en ellas. Por ejemplo cuando él está con April (Lindsay Lohan, por cierto haciendo de sí misma) y la mujer de Booth (un excelente Jeff Fahey) en la piscina.

8) Un guión está para reforzar al personaje y ascenderlo en su recorrido por el film. En este guión hieren tantas veces a Machete con “machetes” y balas que ya siempre intuyes el final. Hay demasiados arrestos y trampas donde “ya lo vamos a matar definitivamente”, y tantas convalecencias que cansa ver tantas “recuperaciones” milagrosas con la misma emoción de enfermo en su rostro. Es decir me apuntaría a que hubieran 15 veces más intentos de asesinato antes que soportar una sola convalecencia más con la cara permanente de aquejado en todas las escenas donde desarrolla la acción.

9) Dirigir a un actor que antes fue un excelente secundario (Danny Trejo) no es lo mismo que dirigirlo como actor principal . Danny Trejo es exageradamente plano en lo emotivo y Rodríguez no ha sabido aprovechar las virtudes de este rostro resquebrajado y amerindio para crear un personaje “frío”. Y al revés dirigir a secundarios que han sido estrellas (Don Johnson, Steven Segal o el mismísimo Robert de Niro) requiere respeto y conocimiento en su inclusión, aunque jueguen el papel de “malos” de comic. Para mí es un error envolver a “malos duros” en “malos bajo la payasada” para soltar la carcajada es de nieta a abuelo. Las hipérboles cinematográficas bien hechas te hacen reír; las tonterías sólo sonreír, que es el peor insulto para una película con estas pretensiones.

10) Los westerns modernos chicano-asiáticos con disputas entre catanas o machetes guajiros, brillo metálico de armas automáticas y hombres volando por el aire con sangre por litros en el cuerpo ya han cumplido su papel como género. Justificación: Gracias Robert Rodríguez por El Mariachi, Desperado, o Sin City…los que amamos el cine no te olvidamos y creemos en ti. Pero: “No todo vale…pendejo”. (entiéndase con cariño, gracias).

domingo, 20 de febrero de 2011

Para el cine, con amor y sordidez (fotos de la tertulia y reseña de Jorge Posada)













Para el cine, con amor y sordidez

Por Jorge Posada

No conozco a nadie que haya visto más películas que Santiago Rodríguez. Tampoco conozco a nadie que hable más de cine que él. Resulta extrañamente revelador que siendo un hombre culto, Chago hable tan poco de música, de pintura o de literatura. Conversar con él es hablar todo el tiempo de cine. Lo suyo son el tremendo cuerpazo de Rosa Carmina, los viejos melodramas de la RKO y los clochards de Jean Renoir. Lo de él son los maridos que se gastaron Ava Gardner, Grace Kelly y Lana Turner, la mano dura de directores como Rossellini, Tarkovsky y Hitchcock con sus intérpretes y los enormes pies de Tony Curtis. Para Chago, más que un arte y muchísimo más que una pasión, el cine es la vida.
     Cinéfilo visceral, Chago ha estado siempre rodeado de cine en todas las ciudades donde ha vivido (guarda celosamente programas, posters, fotos autografiadas, lobby cards, críticas, carteleras, recortes de periódicos y revistas) viendo películas sin parar. En su infancia en Guantánamo, las extravaganzas acuáticas de Esther Williams con Fernando Lamas, Van Johnson y Ricardo Montalbán y las de vaqueros de Alan Ladd, Rod Cameron y Rory Calhoun; de adolescente, en Santiago de Cuba, los dramas de Jeanne Moreau, Eleonora Rossi Drago y Betsy Blair; de joven, en La Habana, el bombardeo de filmes soviéticos, húngaros y polacos que llenaban las pantallas de los cientos de cines que había en la ciudad. Y ahora en Miami, de fanático eterno, en los estrenos, en los festivales, por televisión, VHS y DVD las últimas de Tarantino, Fernando Trueba y los hermanos Coen; las de Johnny Weissmuller, Tinto Brass y Takeshi Kitano; las de Budd Boetticher, Marco Bellocchio y Woody Allen; y hasta los más espantosos e intragables bodrios hechos en Cuba; las miles de películas que ya vio, que quiere ver o que volverá a ver.
     Sólo un amante feroz del cine podía escribir un libro tan rico en matices, tan lleno de homenajes y cargado de anécdotas como En el vientre de la ballena. Chago debió pasar largos años viendo películas para poder armar un libro donde se da gusto describiendo situaciones comprometedoras, especula sobre los chismes más atroces o habla con sabiduría de camaján acerca de lo que fueron y pudieron ser algunas figuras. Es una larga confesión, al mismo tiempo hermosa y desparpajada, lenguaraz y aguda y, sobre todo, deliciosa de leer. Una especie de paseo zafio y burlón cuajado de vivencias, de recuerdos y de emociones, en la que de cierto modo se resume su propia vida como espectador.
     A través de frenéticos perfiles y crónicas sobre actores, actrices o directores, cientos de películas y de nombres recorren el libro; lo mismo memorables obras maestras que olvidadas joyitas; tanto el film noir y el western americano como el neorrealismo italiano y el expresionismo alemán; lo mismo las mexicanas de rumberas y cabareteras que las menospreciadas películas francesas de la COFRAN; tanto estrellas importantes como starlettes de corta carrera; galanes famosos y desvergonzadas femmes fatales; cineastas mediocres y directores imprescindibles. Así, como si aparecieran del sombrero de un audaz ilusionista, surgen el casting ideal, la cinemateca imposible y los sueños más alucinantes que ha tenido cualquier adorador del cine: Brigitte Bardot, The Killing, Marilyn Monroe, Cuesta abajo, Charlton Heston, The Big Sleep, Carlos Saura, Moderato Cantabile, Charles Chaplin, Los olvidados, James Dean, Riso amaro, Hugo del Carril, Locura de amor, Marcello Mastroianni, Ahí está el detalle, Toshiro Mifune, Quai des brumes, Fred Astaire, Los siete samurais, Cyd Charisse, Sandra, la mujer de fuego, Ingrid Bergman, Kiss of Death, Jorge Negrete, Plein soleil y Tita Merello, Anastasia, John Huston y Casbah se mezclan con William Holden, Tarzán, Ninón Sevilla, Vertigo, Jorge Mistral, Picnic, Sterling Hayden, Que Dios se lo pague, Marlon Brando, Fuego mi muñeca, Jean-Luc Godard, Viridiana, Pedro Infante, Touchez pas au grisbi, Vittorio Gassman, Viridiana, Greta Garbo, La bahía del tigre, Luis Buñuel, La Diana cazadora, Yves Montand, Accident, Humphrey Bogart, Niagara, Tin Tan, Johnny Guitar, Pier Angeli, Pierrot le fou, Alain Delon, La diosa arrodillada, Maria Ouspenskaya, All About Eve, Walter Chiari, Casablanca, Federico Fellini, Accattone, Rock Hudson, Gigi, Jean Marais, Agnus Dei, Billy Wilder, La balada del soldado, Juan Orol, Vals para un millón, Sarita Montiel, Los desconocidos de siempre, Bette Davis, La viaccia, Samuel Fuller, Madre Juana de los Ángeles, Kirk Douglas, Casco de oro y John Derek y el diluvio de nombres y títulos se vuelve de veras una parranda apabullante e interminable, todos contenidos entre las solapas de un rompecabezas de casi 300 páginas.
     En alguna parte Chago ha reconocido que desde el título En el vientre de la ballena es un abierto homenaje a Guillermo Cabrera Infante, y aunque el libro recuerda algunas obras del maestro cubano como Un oficio del siglo 20, Arcadia todas las noches y Cine o sardina, los relatos y crónicas tienen su propia magia, y en medio de los líos, engaños, sufrimientos y muerte se alza una voz muy original, con un trepidante ingenio verbal; unas páginas que han sido escritas con todas las trampas, recursos y mañas que el autor ha terminado por aprender en las propias películas, como los diálogos entre los héroes y heroínas, y los secretos, miserias y ambiciones de los personajes.
     En el vientre… es una memoria cinematográfica llena de alegría y humor, pero también de melancolía y tristeza; una gigantesca broma privada atiborrada de guiños, sin miedo al prejuicio y repleta de opiniones personales. Pintor, poeta, narrador y un memorioso innato, Chago, de forma jocosa y provocadora ha logrado armar un culebrón fascinante y también una conmovedora historia de amor por el cine. Cómo logró hacerlo es ese misterio tan sutil que emparenta y une a seres tan disímiles como Howard Hawks, Akira Kurosawa y Pedro Almodóvar.
     De niño disfruté mucho una simpatiquísima comedia de Dean Martin y Jerry Lewis, acompañados por Anita Ekberg que en América Latina —y en Cuba— se llamó Entre la espada y la pared. Años después supe que el título original era Hollywood or Bust y había sido dirigida por Frank Tashlin. En España se conoció como Loco por Anita, pero el mejor de todos es, sin duda, el título francés: Un vrai cinglé du cinéma, es decir un verdadero fanático, un enfermo del cine.
     Todavía a sus 70 años eso sigue siendo Chago: un loco por el cine, un tipo irremediablemente sediento de cine, un maníaco que descubre en las imágenes una razón de ser y una fiesta; un disfrute inigualable, un estallante acto de fe.

lunes, 29 de marzo de 2010

martes, 9 de marzo de 2010

Fragmentos e Imán


Por Joaquín Gálvez

Realizar un documental en el que los participantes sienten cátedra sobre la obra de José Lezama Lima constituye un proyecto harto pretencioso que intimidaría, incluso, a los más connotados expertos del autor de Paradiso. Mucho se ha dicho sobre Lezama y su universo literario, y, sin embargo, quizás todavía poco sabemos, máxime porque Lezama es uno de esos escritores cuyo rostro varía en la voz de cada uno de sus ponentes. Fragmentos e imán no pretende deslumbrar al espectador a través de revelaciones y disquisiciones sobre la obra de Lezama, pues parte de una premisa austera: el testimonio de cuatro escritores cubanos en el exilio(Miami) sobre su experiencia con la figura de José Lezama Lima.

¿Cómo y en qué circunstancias conocieron estos escritores la obra de Lezama? ¿Qué importancia tuvo para ellos, si es que la tuvo? En fin, un Lezama situado en el contexto de una generación que, para bien o para mal, sintió el impacto de su impronta. Al margen de las imperfecciones que conlleva un trabajo como éste, su realizador, Ignacio Granados, logra cumplir su cometido, pues las intervenciones de estos escritores giran en torno a esta órbita lezamiana, donde el requisito fundamental era su opinión sobre el Lezama que legaron en su tiempo y espacio, y no una alocución erudita sobre su obra.

Para ver este documental, así como otros materiales fílmicos pertenecientes a la videoteca virtual de Ediciones Itinerantes Paradiso, puede pinchar aquí

lunes, 4 de enero de 2010

Censuras asimétricas


Los documentales 'El Mégano' y 'PM': Ejemplos de la intromisión política en el campo de la cultura.

Por Joaquín Gálvez

Los documentales El Mégano y PM representan dos ejemplos de censura en la historia del cine cubano. Sin embargo, ambos cortometrajes tienen la singularidad de haber sido censurados por razones diametralmente opuestas, asimétricas. Con la realización de El Mégano se inicia el llamado cine revolucionario. Sin dudas, el mismo es una vislumbre del rumbo que tomaría la industria cinematográfica con el triunfo de la Revolución, en 1959.

Entonces, no debe extrañar de que El Mégano cuente, en su equipo de realización, con figuras claves del cine postrevolucionario, tales como Julio García Espinosa, Tomás Gutiérrez Alea, Alfredo Guevara y José Massip: todos ellos pioneros del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos).

Tras una etapa de aprendizaje en el Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma, los codirectores de El Mégano, Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea, regresan a la Isla imbuidos por la impronta que en ellos dejó el neorrealismo italiano. Estética que, por su enfoque sociopolítico, estos realizadores consideraban la apropiada para reflejar la realidad cubana a finales de la década del cincuenta, dada la tensa situación política que vivía el país durante esos años de la dictadura de Fulgencio Batista.

El escenario de realización de este documental es esa zona que constituía la otra cara de la moneda en la Cuba republicana: el campo cubano. Si existía una zona verdaderamente desatendida y que daba claras muestras de desigualdad social era, sin dudas, la zona rural. Por eso, el rodaje de este cortometraje se produce a plena luz del día, iluminando los rostros mugrientos de los carboneros de la Ciénaga de Zapata, sus protagonistas.

Por otra parte, corren los primeros años del triunfo de la Revolución. En 1961, tras la invasión de Bahía de Cochinos, los discursos incendiarios y kilométricos de Fidel Castro pretenden mantener en vilo al pueblo, alertando sobre una invasión norteamericana. No obstante, dos jóvenes cineastas salen a la calle con su cámara y, al mejor estilo del Free Cinema, captan lo ya acostumbrado: el jolgorio nocturno en plena urbanidad habanera.

En circunstancias aparentemente hostiles, Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal recuerdan en PM que una inminente guerra no era escollo para frenar la tradición ni el espíritu alegre del cubano, y menos aún a esa hora en que la luna es una exhortación carnavalesca. PM es otro homenaje a la noche cubana, al sentido hedonista de la cubanidad, que seguía aflorando, a pesar de la atmósfera caldeada por truenos beligerantes.

Como mismo lo plasmó Guillermo Cabrera Infante en sus Tres tristes tigres, en tiempos de luchas clandestinas y huelgas estudiantiles en La Habana pre revolucionaria, ahora también lo hacían con sus lentes cinematográficos su hermano Sabá y su colega Jiménez Leal. No en vano, Jean Paul Sartre, en su visita a Cuba por aquel entonces, se preguntó: ¿No sé si a esto se le puede llamar efervescencia revolucionaria o cumbancheo revolucionario?

La pobreza rural y la noche habanera

El Mégano tiene la virtud del lenguaje visual. Las imágenes hablan por sí solas. La pobreza en una zona rural cubana. El trabajo arduo reflejado en los rostros tiznados y sudorosos de los carboneros. La niña que carga en sus brazos una rústica muñeca, mientras que su infancia transcurre al cuidado de los hornos. Cuando se acercan los capataces o patrones, la música trasmite toda la tensión del momento.

La cámara revela, en las expresiones de los carboneros y patrones, el antagonismo existente. Y, por supuesto, nunca faltan los que llegan a estos lares exóticos por puro esparcimiento ocioso o turístico, como esos que atraviesan en bote la ciénaga desde el lado cómodo de la vida y saludan a prudencial distancia a sus harapientos y desdentados residentes, como otra especie rara de este hábitat, que, al menos, les despierta cierta curiosidad. Ya es la hora de recibir el mísero salario y, de repente, vocifera un carbonero: "Hay que acabar con esto". Pero se acuerda que deben regresar al horno, porque allí se encuentra la niña cuyo mundo de fantasías es muy alto para descender al subsuelo de los rigores de esta dura realidad. Así lo sentencia el rostro final del carbonero.

Ya es de noche. Comienza PM. La lancha atraca en el muelle de luz. Allí están los bares del puerto habanero, y, por tanto, el ron, la música y esos cuerpos que son puro movimiento. La noche invita a unos tragos que se mezclan con el humo del habano y las palabras al borde de una barra. Pasan mujeres de zigzagueantes caderas y hombres de tumbao rumbero. Los músicos se adentran en la noche; sus rostros sudorosos son la prueba del intenso goce nocturno. Mientras tanto, las caderas zigzagueantes de las mujeres se acoplan en un guaguancó y una rumba con el tumbao de los hombres.

Los tambores, los timbales, las trompetas, son las estrellas emblemáticas de esta noche. De esa noche que ya comenzaba a ser cuestionada, espiada, absurdamente censurada, sin que lo supieran aún esa gente de pueblo, esos trabajadores portuarios que ya abordaban la lanchita de Regla —ese ultramarino pueblo habanero— para regresar exhaustos de goce a sus hogares, como siempre lo dictaba la usanza capitalina. Ninguna guerra, ninguna movilización revolucionaria podía enlutar el corazón cumbanchero del cubano. La cámara de Sabá y Jiménez Leal hace un paneo definitivo sobre la aguas nocturnas de la Bahía de La Habana, acaso presagiando que la noche cubana será traicionada.

Castro y Batista

Al convertirnos en espectadores de estos dos documentales, con la distancia y la consiguiente frialdad que otorga el tiempo, podemos constatar otra de las torpezas en la historia de Cuba: la intromisión política en el campo de la cultura, hasta convertirse en un obstáculo para su libre gestación. La censura de ambos documentales lo corrobora.

El Mégano fue censurado por dar testimonio de las condiciones paupérrimas en que vivían los carboneros de la Ciénaga de Zapata, y PM, por reflejar el espíritu alegre y festivo de los habaneros, sin importarles las prioridades revolucionarias y patrióticas.

Por eso, esa otra realidad, retratada en PM, con raíces profundas e imperecederas —no la realidad coyuntural y efímera de las pancartas propagandísticas—, fue blanco de ataque por parte de Alfredo Guevara y sus acólitos ideológicos del ICAIC, dando al traste con la proscripción del documental y el cierre del semanario cultural Lunes de Revolución.El revanchismo de este grupo, que encabezaba Guevara, contra el de Intelectuales de una línea más liberal, como Cabrera Infante y Carlos Franqui, se hizo evidente en este episodio oscuro de inicios del régimen castrista.

El Mégano constituyó la primera censura al tema revolucionario, a diferencia de PM, que fue la primera censura al tema contrarrevolucionario, calificativo éste que sólo podía tener cabida en la interpretación ortodoxa y mal intencionada de sus censores. Ambos documentales son paradigmas de circunstancias diametralmente opuestas cuyo modus operandi resultó ser el mismo: la imagen de la pobreza rural, censurada por la dictadura de Batista; la imagen del placer nocturno en la ciudad, censurada por la dictadura de Castro.

Este artículo se publicó originalmente en el diario digital Cubaencuentro en la red, el jueves 22 de noviembre de 2007.