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lunes, 20 de mayo de 2013

“Volver”, de Magali Alabau



 
Por Félix Luis Viera


Este poemario de Magali Alabau (Cienfuegos, Cuba, 1945) viene a demostrar, de nuevo, que resulta una tontería eso de dividir, o peor: separar, la literatura escrita por hombres y mujeres. Como las buenas poetas, Alabau no escribe ni como las mujeres ni como los hombres, sino como los seres humanos, digamos.

Encontramos en este libro que, luego de 40 años sin visitar su país natal, la poeta, luego de que Dejé mi disfraz para adquirir otro, vuelve a su tierra y encuentra que me quitaron/ lo irremplazable, o que Una vez más entré a los patios/ de verdes plantaciones,/ del sol cubriendo/ la explanada, o el lamento Cuántos lugares he perdido,/ cuánto tiempo merecedor de algún recuerdo, /cuántos trapos/ pegados a palabras, y así Volví,/ fui a revisar/ lugares, intersticios,/ lagunas/ olvidos, escuelas/ maestras y recuerdos. Pero este no es el libro solamente de “volver”; lo es además, en mi opinión, del irse y regresar. El retorno a la Isla será el que detona la eclosión poética, pero los poemas —o el poema, porque viéndolo bien Volver es un solo poema, desgarrado, desgarrador— van más allá, al exilio, a la soledad, a la batalla por la supervivencia de alguien, aún muy joven, en una tierra extraña y fría, ¿Tuve un nombre?/ ¿Un apellido?/¿Una dirección completa?/ Solo soy un cadáver vivo/ que abre sus ojos dentro de las cajas/ en esta fábrica de trenes,/ en este tren amargo,/ en este charco de agua, o El tormento/ de cada mañana,/ ir a un lugar donde el gesto/ resalta mi extrañeza.

Volver es un poemario escrito más bien en un tono de confesión, que por lo mismo, no deja de ser un testimonio, una conversación a solas, una evocación interminable, diríamos, aun cuando se valga en ciertos momentos de lo epistolar (¿todos estos factores no se relacionan?): En tu carta mencionas/ que se derrumbó el techo del edificio,/que mató al perro del vecino. /Mi hermana, lo único que nos dio tiempo/ fue a persignarnos y bajar las escaleras. No voy a decir que la poeta así se lo propuso, porque los poetas no se proponen nada, o acaso muy poco, a la hora de abordar un asunto o un tema; eso sale, sale así por un orden y una orden que está más allá de la concepción anticipada, hasta cuando hay concepción anticipada. De modo que sería ese latido o esa explosión interior lo que llevó a la autora a utilizar con constancia versos cortos y cortantes, crispados: ¿Cómo puedo quitarme/ esta idea de que estoy de más,/ que sobro. O No sé quién soy/ despierta ni/ dormida., o Como un árbol marcado/ esperando la herida/ estoy ya sin moverme.

Volver es asimismo el poemario de la estoica y, algo raro, de la inconforme; es decir, se resiste frente al embate del entorno (¿del Destino?) pero a la par denuncia a este; esto es, el juego irremisible se lleva a cabo bajo protesta: Aquí está la tinta, señala la fuga./Aquí tengo el aire que no puedes rajar./Aquí tienes la noche que no puedes dormir. O Los datos existen en la comisaría del estado/ donde declaré medio dormida/ que el Benadril no mata/ que la tinta roja no mata,/ que las pastillas no matan/ al que quiere vivir.

Aunque en este poemario en una y otra página se aborda, con cierto candor, digamos, lo inmediato, lo cotidiano, en mi opinión sus versos no se relacionan con lo que se ha llamado Coloquialismo. Ni siquiera en la prosa poética que corre de la página 44 a la 45 —paradigma de la paranoia—: el terror ante el regreso a la isla-cárcel, donde, sin embargo, queda escrito: Las maletas que llevo tienen flores húmedas, arroz cálido para pájaros que no vuelan.

La catarsis emerge en varios de los textos, o sería mejor decir en algunos fragmentos del poema Volver, y casi siempre de la mano de otro de los elementos que lo distinguen: la poesía narrativa: Sister Reparata,/ la más vieja,/ arrastraba/ el rosario como un péndulo, su rictus de hiel y de amargura/ buscaba el perdón entre los pasos. O este otro ejemplo: La Habana sabe a guagua sudorosa/ cuando pierdes las cuerdas y caminas/ resignada a la obediencia/ entre pasando monumentos a los héroes/ que están siempre al acecho.

Agradezcamos a la Editorial Betania por su acierto de publicar estas 77 páginas de excelente poesía, donde reza: Le herida que no cierra,/que circula en el cuerpo,/ que demarca viajes,/ peripecias y olvidos

Publicado originalmente en Cubaencuentro en la Red 
 
 
 Félix Luis Viera es poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado, entre otros libros, las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005).

viernes, 31 de agosto de 2012

Una entrevista de Félix Luis Viera a Ena Columbié

                                Ena Columbié: Foto de Lía Alarcón
 
 
Por Félix Luis Viera

Ena Columbié, Miami

“Es Miami la ciudad que me abraza, que me ha dado los mayores placeres como intelectual y artista”

 
Ena LaPitu Columbié. Nació en Guantánamo. Es licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios en crítica literaria y artística, cuento y poesía. Tiene publicados los libros: Dos cuentos (Narrativa. Cuba, 1987), El Exégeta (Crítica literaria. Cuba, 1995), Ripios y Epigramas (Poesía. USA-2001), Ripios (Poesía. USA-2006), Solitar (Poesía EE UU, 2012) Y Las horas (Antología, E UU, 2011). Ha sido publicada en las antologías: Lenguas Recurrentes (Cuba, 1982), Lauros (Cuba, 1989), Epigramas (Cuba, 1994), Muestra Siglo XXI de la poesía en español (EE UU, 2005), La Mujer Rota (México, 2008) y Antología de la poesía cubana del exilio (España, 2011) entre otras. Co-dirige las editoriales, EntreRíos y AlphaBeta. Ha colaborado en publicaciones como La Araña pelúa, de París, y las revistas norteamericanas La Peregrina Magazine, Linden Lane Magazine, ¿Qué pasa? y Decir del agua; así como en diversos proyectos privados independientes. Reside en Miami, Florida. Fotos suyas han sido publicadas en periódicos, revistas especializadas en arte, (en sus versiones de papel y online) y en otras publicaciones seriadas; también han ilustrado libros y trabajos de poesía y ensayo en varios blogs, periódicos y revistas especializadas en arte. Muchas de sus obras tanto de fotografía como de pintura forman parte de colecciones privadas y de galerías. Ha expuesto en Ecuador, México y Estados Unidos. Dirige el blog de Ensayo y Crítica artística y literaria El Exégeta.

 
 ¿Por qué decidió vivir fuera de su país?
  Ena Columbié (EC): Siempre fui una rebelde inadaptada. Estuve marcada por eso y porque mi abuelo fue Representante a la Cámara en el Gobierno de Batista. Todos los ojos estaban en mis acciones, no tenía libertad y nunca he tenido miedo para decir lo que quiero. Tuve muchos problemas.

 ¿De qué manera salió de Cuba?
  EC: Legal, pertenecía a un grupo disidente y se dio una cobertura.

 ¿Le ha resultado muy difícil adaptarse al sitio en donde reside hoy?
  EC: Ahora me adapto a cualquier situación, cuando tienes la libertad de decidir tu libre albedrío, dejas de luchar contra todos y comienzas a vivir un poco más pacíficamente, sabes que puedes revertir una decisión mal tomada y emprender otro camino. Tienes las riendas de tu vida. De todas formas, nunca he sentido que un lugar determinado es mi casa.

 ¿Cuál ha sido su trayectoria artística en su actual lugar de residencia?, ¿qué logros ha obtenido?
  EC: Cuando vine de Cuba estaba en un buen momento como intelectual —dentro de lo que cabe, en lo que conocemos—, había publicado algunos trabajos y un libro. Por situaciones a las que la vida nos enfrenta, tuve tiempo de escribir y crecer mucho, en California; pero es Miami la ciudad que me abraza, que me ha dado los mayores placeres como intelectual y artista. Mi literatura ha madurado, el tiempo y el crecimiento se imponen si tienes una meta fija, y también, aquí está la mayoría de los amigos que escuchan y nutren. Hay un grupo de intelectuales y artistas de mucho valor en Miami. También pude estudiar académicamente un poco más y mi arte es ahora más sólido. He publicado bastante, a fin de año sale un libro de cuentos, y para el año que viene estoy preparando dos de ensayo y una de las dos novelas que escribo. He hecho más de 20 exposiciones personales y colectivas en cuatro años, y he expuesto en Ecuador, México y Estados Unidos. Estoy contenta.

¿Qué opina de la sociedad de la que ahora forma parte?
EC: No es el mejor de los mundos posibles, pero aunque esto sea un slogan, la realidad es que oportunidades las hay, solo debes estar en el lugar correcto a la hora correcta, y no dejar escapar la suerte. ¡Ah! y sobre todo, nunca tener miedo a los retos. No hay que asustarse, pa’lante.

 ¿Alguna otra observación para los lectores de Cubaencuentro?
 EC: Eso, que enfrenten la vida sin miedos y si lo sienten que no se asusten, es de humanos; pero que tampoco se detengan.

 
Entrevista publicada originalmente en cubaencuentro el 22 de agosto de 2012.