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domingo, 3 de febrero de 2013

Fallece en Miami el escritor y crítico de arte cubano Carlos M. Luis

  Carlos M. Luis, en La Otra Esquina de las Palabras, en un homenaje a José Lezama Lima en el centenario de su natalicio.

 

El escritor, crítico y curador de arte cubano Carlos M. Luis falleció esta madrugada en Miami a consecuencia de un cáncer. Tenía 80 años. Luis, también artista plástico, escribió numerosos prólogos, catálogos y comentarios para muchos artistas cubanos. En la última década colaboró casi todos los domingos en la sección Artes y Letras de El Nuevo Herald.

Con una destacada participación en la vida artística en Cuba en los años 1940 y 1950, Luis (La Habana, 1932) formó parte de una generación de creadores, entre los que se incluye su amigo, el pintor ya fallecido Jorge Camacho, que dejaron su impronta antes de salir al exilio.
Después de salir de Cuba en 1962, Luis residió en Nueva York hasta la década del 1970, donde trabajó en la librería y editorial Doubleday. También en la Gran Manzana, fundó la revista cultural Exilio junto al compositor Julián Orbón, del grupo Orígenes, al escultor Alfredo Lozano, al fotógrafo Jesse Fernández y al poeta Eugenio Florit.

En Miami, Luis creó la galería Meeting Point en la avenida Aragón en Coral Gables, que fue determinante para difundir la plástica cubana en el exilio. Fue además fundador y director del Museo Cubano de Arte y Cultura, que creó un hito en la vida cultural de la ciudad a finales de los años 1980 y principios de los 1990. En esos años se hizo una importante retrospectiva que reunió la obra de maestros de la vanguardia cubana como Amelia Peláez, Carlos Enríquez y Fidelio Ponce.

En literatura, Luis fue un profundo conocedor de la obra de José Lezama Lima y del grupo Orígenes, con los que mantuvo una afinidad creativa y además les dedicó importantes reflexiones sobre su obra. Ya en sus últimos años en Miami profundizó su amistad y sus discusiones literarias con el escritor también fallecido Lorenzo García Vega.

“Carlos fue una figura fundadora dentro de la plástica del exilio. No solo hizo una de las primeras galerías que tuvo repercusión internacional, sino que expuso la obra y trajo a artistas cubanos que residían en otros países”, dijo el artista plástico y crítico Aldo Menéndez, recordando la labor de divulgación de Luis de la obra de pintores residentes en París como el mismo Camacho, Gina Pellón y Joaquín Ferrer, y de Mario Carreño, en Chile.

“De domingo en domingo ha puesto al día a los lectores sobre nuestra plástica”, añadió Menéndez, que tuvo “el honor” de compartir la primera exposición personal de Luis, Archaeological Findings, en la galería Durban Segnini, en el 2002.

Autor de El oficio de la mirada (Ediciciones Universal, 1998), libro de ensayos fundamental sobre la cultura y la pintura cubana, Luis escribió también extensamente acerca del movimiento surrealista y sus derivaciones. A su muerte deja listo para publicación un volumen sobre los surrealistas.

 “El cultivó la pintura poema, el collage y el fotomontaje a la manera de los surrealistas”, precisó Menéndez, que cuando lo visitó el miércoles en su casa vio que la preocupación fundamental de Luis era recordarle que dejaba terminado un comentario crítico sobre Salvador Dalí y otro sobre Mario Carreño, con motivo de su centenario.

Cortesía: El Nuevo Herald

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viernes, 1 de junio de 2012

Fallece el escritor cubano Lorenzo García Vega



Por Sarah Moreno, El Nuevo Herald

El escritor cubano Lorenzo García Vega, representante destacado del grupo Orígenes e importante innovador de la poesía de habla española, falleció hoy en Miami aproximadamente a las 5 p.m. en el Metropolitan Hospital.

Vega, de 85 años, sufrió recientemente un ataque vesicular, que se le complicó con un grave padecimiento del corazón que lo aquejaba desde hacía tiempo.

“Lorenzo era un escritor incesante, que estuvo trabajando activamente hasta hace muy poco. Fue uno de los grandes innovadores de la poesía cubana, que trascendió los límites de la isla”, expresó el escritor y crítico de arte Carlos M. Luis, quien lo consideraba un gran amigo y solía salir a caminar todos los días con García Vega.

“Sus libros de aforismos son muy importantes, entre ellos Los rostros del reverso. Tenía la habilidad de convertir los hechos cotidianos en una reflexión sobre la vida”, indicó Luis, apuntando que con su estilo confesional, que a veces se inspiraba en los sueños, García Vega podía transformar un viaje al supermercado Publix en una pieza literaria de gran valor.

García Vega (Jagüey Grande, Cuba, 1926) es uno de los últimos miembros que quedaba del grupo literario que se reunió en torno a la figura de José Lezama Lima, y que fundaron la revista Orígenes en la década de 1940, una publicación de importancia capital en las letras hispanoamericanas. Sólo le sobrevive de este grupo la poetisa Fina García Marruz, que reside en Cuba.

“Lorenzo es uno de los poetas que ha sido reconocido tarde, pero con una intensidad muy grande”, señaló Luis, contando que había recibido recientemente un homenaje en la ciudad de Huelva, España.

Entre los libros seminales de su quehacer destacan el poemario Suite para la espera (1948), que se considera una reinvención estética de los ideales surrealista y cubista. “Lo compuso bajo la tutela de Lezama, y según su consejo, hizo cambios en ciertas palabras y frases para enriquecerlo”, contó Luis, añadiendo que fue Lezama quien le recomendó la lectura de Los cantos de Mardoror, del Conde de Lautréamont, que tuvo una gran influencia en su obra.

En 1952 García Vega recibió el Premio Nacional de Literatura en Cuba por Espirales del Cuje, y en 1979 publicó el ensayo autobiográfico Los años de Orígenes (Monte Avila, Caracas), que se reeditó en Buenos Aires en el 2007.

“Fue el libro que más controversia le causó, por sus críticas al Origenismo”, dijo Luis.

García Vega salió de Cuba rumbo a España a mediados de la década de 1960 y luego se mudó a Nueva York, donde residió durante tres años. En esa época vino a Miami y abrió una librería, que duró apenas un año. Más tarde fue a trabajar a Caracas con el apoyo del intelectual venezolano Juan Liscano, que fue director de la editorial Monte Avila. A finales de los años 1970 se estableció definitivamente en Miami.

“Llamaba a Miami ‘Playa albina’. Consideraba que era una lugar para vivir sólo por las circunstancias”, recordó el pintor Baruj Salinas, quien también tenía una relación muy cercana con el escritor.

“Él fue un bag boy en Publix”, contó Salinas, refiriéndose al hecho de que el escritor trabajó poniendo mercancías en bolsas en un supermercado, en la década de los 1990.

“Lo queríamos como el gran escritor que era, pero también como una persona amable y gentil. Lo extrañaremos mucho”, dijo Salinas, quien como pintor abstracto sentía una gran conexión con las imágenes de esta naturaleza que hallaba en la obra de García Vega.

Por su parte, el poeta Fernando Palenzuela, que disfrutó de la amistad de Lorenzo a lo largo de tres décadas, destacó su generosidad para compartir su experiencia con jóvenes escritores.

“Siempre lo recuerdo como alguien que era capaz de dar consejos a los escritores más jóvenes y a la vez también de pedirles opinión sobre su obra”, dijo, recordando que García Vega solía compartir con el fallecido escritor Carlos Victoria, uno de los representantes de la llamada generación del Mariel, llegados a Estados Unidos en 1980.

“Todas las semanas Carlos lo visitaba y Lorenzo le leía capítulos de su autobiografía, El oficio de perder (2004)”, contó Palenzuela, quien apuntó que en su ultimos años García Vega estaba interesado en escribir minicuentos.

“Tenía una libreta de apuntes en su mesa de noche para escribir los sueños, que luego trabajaba en cuentos de menos de una cuartilla”, recordó Palenzuela, quien menciona entre los escritores que García Vega admiraba al argentino Macedonio Fernández, al rumano Emil Cioran, los estructuralistas franceses y George Lichtenberg, por sus aforismos.

“García Vega está en una categoría indefinible, era un hombre de vanguardia, que solía describirse como un ‘no escritor’. Lo que hacía no se parece a nadie, su estilo era experimental”, explicó Palenzuela.

García Vega también cultivó la crítica literaria, que matizaba con un humor a veces perverso, según Palenzuela. Sus amigos lo recordarán además como un gran contador de historias, que exponía sus puntos de vista sin discutir.

Según Margarita Pintado Burgos, estudiante de la Universidad de Emory, en Atlanta, quien trabaja en una tesis sobre García Vega, éste se asumía como un escritor marginal, cuyas acciones estaban atadas a su escritura.

“Tenía una gran voluntad de vivir y de poner su vida a disposición de la creación”, dijo Pintado Burgos, que colaboró con el escritor en el blog Ping-Pong Zuihitsu.

Por su parte, el escritor Antonio José Ponte recordó el olvido al que fue condenado García Vega en Cuba por haberse exiliado. “En 1994, celebrándose el cincuentenario de Orígenes, yo elegí ocuparme de Lorenzo García Vega. Hablé en público de él (era la primera vez que se le mencionaba desde que él se exiliara), y recibí ataques, reproches y protestas. Su obra era altamente polémica, como pude comprobar”, rememoró Ponte, quien destaca la “juventud” del estilo de García Vega.

“Hace unos días, en México, entre escritores, me pidieron nombres de jóvenes escritores cubanos y mencioné, entre los jóvenes, a Lorenzo. Su obra, hasta la de los últimos textos suyos que leí, era jovencísima. Dicho en el mejor de los sentidos”, reconoció Ponte.

A Vega lo sobreviven en Miami su esposa, Marta, y su hija Judith. No se efectuarán servicios funerarios porque el escritor pidió ser cremado. Sus restos descansarán junto a los de su madre en un cementerio católico de esta ciudad.


Cortesía: El Nuevo Herald


viernes, 24 de septiembre de 2010

Reinaldo García Ramos presenta testimonio sobre su salida por el Mariel



Por SARAH MORENO

Reinaldo García Ramos (Cienfuegos, 1944) considera que cada persona que vivió la experiencia de un viaje por el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso tiene que contar su historia, para armar ``el rombecabezas'' que constituyó este evento histórico que en 1980 lanzó a más de 125,000 cubanos a buscar una nueva vida en Estados Unidos. El recuerdo de esos días traumáticos, tanto para los que se quedaron en la isla y dijeron adiós a sus familiares, como para los que, como él, lograron salir del país, se revive con Cuerpos al borde de una isla. Mi salida por el Mariel (Editorial Silueta), un testimonio novelado que el escritor lanza el próximo lunes en el Centro Cultural Español de Miami.

``El Mosquito era un campo de concentración. Los militares tenían armas largas y podían soltar a los perros, como ocurrió el día antes de que yo llegara, que se formó una riña porque no alcanzó la comida'', recuerda García Ramos, añadiendo que al arribar a El Mosquito --el lugar que servía de antesala para embarcar a Estados Unidos-- se les quitaba el pasaporte y quedaban a expensas de los militares.

``Ellos podían darte un tiro en la cabeza y nadie se enteraba'', precisa García Ramos, que cuenta los dramáticos eventos

empleando un tono periodístico, que surge tanto de su experiencia como editor de agencias de noticias como AP y UPI, durante más de una década en Nueva York, como de la distancia que él mismo se propuso establecer con estos acontecimientos.

``Traté de hacer un relato ameno, y a la vez captar la atmósfera de violencia e inseguridad'', precisa García Ramos, que en 1989 escribió una primera versión de sus experiencias partiendo del testimonio que grabó en 20 casetes, entre 1987 y 1989, por consejo de una amiga.

``Al cumplirse el 30 aniversario del Mariel, decidí retomar el libro. Mi perspectiva había cambiado porque la visión del ser humano va cambiando. La primera versión era más lírica porque respondía a mi estado de ánimo nueve años después de salir de Cuba. Treinta años después, mi relación con el material es menos dramática. Las cosas tremendas que pasaron siguen estando ahí, pero el libro tiene pasajes más irónicos, con un poquito de veneno'', explica García Ramos, que a la manera de Proust crea personajes ficticios partiendo de amigos, conocidos y participantes en los hechos.

Como escritor, García Ramos había sufrido la censura, cuando con la justificación de ``la escasez de papel'', se cerraron las Ediciones El Puente. Este fue un proyecto literario independiente que de 1961 a 1965 reunió a una generación de creadores jóvenes que comenzaban a dejar su impronta en las letras cubanas. Con El Puente, que contó con la energía organizadora del poeta José Mario, publicó García Ramos su primer poemario Acta (1962) a los 17 años. En el momento que ocurren los hechos de la Embajada del Perú y más tarde la apertura del Puente Mariel Cayo Hueso, García Ramos trabajaba en la Editorial Arte y Literatura.

Su decisión de pedirles a unas tías que vivían en Miami que enviaran un barco a buscarlo da pie a uno de los momentos más esclarecedores sobre la atmósfera represiva en ese mayo de 1980 en Cuba. Como tantos cubanos querían comunicarse con sus familiares en el exterior, en las afueras del edificio de la Compañía de Teléfono en La Habana se creó una larga fila. ``¡Ciudadanos, hay que hacer la cola de pie! ¡El que esté sentado va preso!'', son las palabras de los policías encargados de mantener el orden las que sientan la pauta de la actitud del Gobierno hacia los que desean abandonar el país. A partir de ese momento serán tratados como ``escoria'', lo último de la sociedad. Como narra García Ramos, en determinado momento ser parte de esa escoria puede ser una garantía de salida de Cuba.

``La persona se ve en esa atmósfera de inseguridad y sigue adelante porque está desesperada. Ha roto las amarras con la realidad aquella y cuando entra en el proceso de ir a la Estación de Policía, ya sabe que no hay vuelta atrás'', cuenta García Ramos, que consiguió una carta del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) que certificaba que era homosexual. Una de las ironías es que como pago por esta carta entregó su máquina de escribir --un objeto codiciado-- al Presidente del CDR, que se la lleva a escondidas.

Desde su exilio en Nueva York, García Ramos fundó la revista Mariel (1983-1985) junto a Reinaldo Arenas y Juan Abreu, para difundir la obra de los escritores de esa generación, y ya establecido en Miami, creó la revista digital de poesía Decir del agua (2002-2008), que se convirtió en un espacio para los poetas jóvenes.

``Al escribir Cuerpos al borde de una isla, pienso en los jóvenes, que eran niños o no habían nacido cuando el Mariel. Ellos tienen una idea muy vaga sobre estos hechos, sobre los que Cuba no ha dicho ni media palabra en el 30 aniversario'', apunta García Ramos sobre su voluntad de ser preciso y explicar los hechos para lectores no enterados. •

Reinaldo García Ramos presenta `Cuerpos al borde de una isla', en el Centro Cultural Español de Coral Gables, lunes, 7 p.m. 800 S Douglas Rd. #170, Coral Gables, (305) 448-9677.


Publicado originalmente en El Nuevo Herald el 23 de septiembre de 2010

domingo, 16 de mayo de 2010

Fotos de la tertulia y un artículo sobre la novela Las vidas de Arelys



























José Lorenzo Fuentes: el triunfo del oficio

Por SARAH MORENO

La historia de una reina rumana que escribía a escondidas a la luz de una vela, que recitaba a Shelley y a Byron por los pasillos del palacio, y que murió silenciada y olvidada por escribir en su diario una crítica a la monarquía y por sus supuestas relaciones lésbicas con una dama de la corte, es suficientemente interesante para inspirar una novela. Y si la trágica suerte de la reina es sólo una de las existencias que una maestra del siglo XXI descubre en una sesión de regresión a vidas pasadas efectuada por el mismo escritor de la novela, es casi imposible contener la curiosidad.

Los elementos anteriores, sumados a la atmósfera de misterio que se consigue bajo hipnotismo, integran Las vidas de Arelys (Ediciones Atenea), la novela más reciente del escritor cubano José Lorenzo Fuentes, quien la presentará mañana en el Café Demetrio, en la tertulia La otra esquina de las palabras, que coordina el escritor Joaquín Gálvez.

``Ella tocaba el piano, hacía meditación budista y leía a los grandes maestros del hinduismo'', cuenta Fuentes de Carmen Sylva, seudónimo literario de Elizabeth de Weid (1843-1916), una joven de la nobleza alemana que por su matrimonio con Carol I de Rumanía llegó a ser reina de ese país.

Fuentes supo de la existencia de esta olvidada escritora del siglo XIX, que compartió antologías con Dostoievski, Víctor Hugo, Gogol y Balzac, gracias a su amistad con Arelys Cubero, una maestra nacida en Puerto Rico que el escritor conoció en Miami, en el 2007, en una presentación de uno de sus libros, Yerba Nocturna.

``Cuando nos vimos por primera vez tuve la impresión de que Arelys y yo nos conocíamos de antes'', recuerda Fuentes, de 82 años, autor de un libro sobre meditación e interesado también en el tema de la reencarnación.

A petición de Cubero, Fuentes le sirvió de guía en regresiones a sus vidas pasadas. En una de estas sesiones, Cubero dijo, bajo hipnosis, que ``había sido escritora y vivido en un palacio''. Cuando Fuentes le preguntó de quién se trataba, Cubero mencionó a Carmen Sylva, un nombre desconocido hasta entonces para Fuentes. Después de varias indagaciones, el escritor supo de la relevancia de esta mujer y se enteró de que ese seudónimo latino había sido elegido por De Weid, que combinó los términos en latín de ``bosque'' (Sylva) y ``canto'' (Carmen). También supo que había escrito un poema sobre Safo y una tragedia sobre la reina de Inglaterra decapitada, Ana Bolena.

Como la de Sylva, la vida del escritor cubano ha estado poblada de momentos de protagonismo y oscuridad. Fuentes reportó como periodista la batalla de Santa Clara, liderada por el Che Guevara, durante la insurreción que condujo al inicio de la Revolución cubana, en enero de 1959. A principios de los años 60, fue periodista personal de Fidel Castro y jefe de prensa del Instituto Nacional de Reforma Agraria. Cuando en 1969 fue acusado de agente de la CIA y encarcelado por tres años, ya había ganado el Premio Nacional de Novela con Viento de enero (1967) y una mención en el concurso Casa de las Américas con Después de la gaviota (1968).

Fuentes --que en 1991 firmó el documento contestario La Carta de los Diez, el cual incluyó las firmas de otros escritores cubanos como Manuel Díaz Martínez, María Elena Cruz Varela y Raúl Rivero, entre otros-- logró salir de la isla en 1992 con una invitación de la Universidad de Iowa.

``Ahora me parece que escribo mejor que antes porque tengo más experiencia. Decía Chéjov que el escritor posee la facultad natural y la dificultad adquirida. Y es que el oficio es muy importante'', comenta el escritor, que hoy trabaja a un ritmo más pausado. ``Cuando era joven escribía 20 cuartillas al día, hoy sólo hago dos'', confiesa. •

Publicado originalmente en El Nuevo Herald, el jueves 13 de mayo de 2010.
smoreno@elnuevoherald.com