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martes, 1 de mayo de 2012

Esteban Luis Cárdenas: la poesía celeste



Por Emilio Ichikawa

Cuando la cinta Nadie escuchaba (Néstor Almendros-Jorge Ulla, 1989) comenzó a circular en algunas casas de La Habana, se pudo ver a un joven que refería su tensa experiencia política bajo el castrismo con sarcasmo e inteligencia. Llevaba espejuelos oscuros, risa plena, fino descaro. Era una suerte de héroe al descuido.

Se trataba del poeta Esteban Luis Cárdenas, ciudadano de La Habana y Miami. Hoy se le ve poco. Acaso en alguna Feria del Libro donde trata de recordar con desespero lo mucho que ha vivido y sentido. Tiene voz de jazzista a las tres de la madrugada; acaso demasiado grave para la elegancia de los textos que escribe. El poeta, alto y moreno, vive entre palabras celestes. Altas palabras, limpias, sin una concesión al mal gusto o a la rabia insincera.

Esteban Luis, además de un nombre exacto de poeta, tiene la admiración de algunos de los más notables escritores de Miami; de Carlos Victoria y Joaquín Gálvez, por poner dos ejemplos. Su libro Ciudad mágica (Deleatur, Francia, 1997), editado hermosamente por el pintor Ramón Alejandro, descubre la belleza en la contención, en la abstinencia. Es un poemario cubano por negación: se crece en el mérito de los límites.

Si alguien quiere poesía ''pura'' puede encontrarla en los versos de Esteban Luis. Excluye delicadamente las lealtades, la rivalidad; ni intenta hacer sufrir ni hacer reír a alguien. Ni se vale de nacionalismos simbólicos ni chistes que negocien la simpatía de un lector relajado.

Emerson puede justificar a Estaban Luis. Cuando en su ensayo The poet el pensador de Concord afirmaba: "La amplitud del problema es grande, porque el poeta es un hombre representativo. Entre los hombres parciales, él representa el hombre completo y no nos da cuenta de su riqueza, sino de la riqueza de su comunidad", habla de hombres continentes como el poeta de Miami.

Es celeste la poesía de Esteban Luis porque es él mismo un poeta encumbrado. Demasiado alto a veces, harto pegado al cielo para los tiempos veloces. Cuando nos creamos perdidos, defraudados, absurdos, demos una vuelta por ese reino de paz donde hasta la desgracia es hermosa. Ese lugar que es el canto extremo de Esteban Luis Cárdenas en algún rincón de Magic City: La última paz se avecina, / nos ilumine, entonces, la música / de los sacrificios; / el don de la pureza, acrisolados / el rumor y el relevo, por la luz / de los pájaros.

Cortesía: Cubanos sin fronteras, 5 de octubre de 2006

Este viernes, en La Otra Esquina de las Palabras, homenaje al escritor cubano Esteban Luis Cárdenas.

Café Demetrio
300 Alhambra Circle, Coral Gables
Viernes 4 de mayo, a las 7:00 p.m.

domingo, 8 de abril de 2012

Prólogo de Emilio Ichikawa al libro "Los naipes en el espejo", de Armando de Armas



Por Emilio Ichikawa

“Naipes en el espejo”, de Armando de Armas, es un ensayo paradójico: intenta poner algunas cosas en claro; pero el camino hacia la luz no consiste tanto en ir dejando señales como en ir derribando las que existen. Profana conceptos y creencias con los que ciertamente no nos sentíamos tan incómodos.

Este ensayo ha tenido el propósito y la oportunidad de aparecer en el contexto electoral norteamericano de 2012. En ese marco evoca historia y deslinda conceptos que interesan a los principales partidos en contienda. En esta situación, sin embargo, más que por influir sobre la marca en la boleta, De Armas se interesa en problematizar los motivos de la decisión. ¿Es Usted Demócrata cuando vota Demócrata? ¿Es Republicano cuando vota Republicano? La respuesta puede ser afirmativa… pero no necesariamente por lo que Usted pensaba.

De Armas empieza por escamotear una cuota de derecho histórico al estereotipo que concede al Partido Demócrata más mérito en la defensa de los derechos civiles que al Partido Republicano. Algo que muchos Republicanos no tendrían inconveniente en admitir, siempre que se formulara de otra manera. Por ejemplo: el Partido Demócrata es responsable de una equivalencia multicultural y multiétnica –relativista- que ha descentrado a la nación de los valores universales en que se fundó. Pero lo que apunta De Armas es que, a pesar de todo, el avance en materia de derechos civiles debe tanto o más a los Republicanos que a los Demócratas. Históricamente hablando. Para sustentar lo anterior el autor hace un recorrido por la escritura política norteamericana, mostrando los aportes Republicanos a la apertura civil.

Un ejercicio similar emprende con el tema de la emigración; particularmente la de tipo ilegal que se produce desde la frontera sur. De Armas sencillamente despacha como propaganda mediática la tesis de que el Partido Demócrata sea, como efectivamente se dice, el Partido de los emigrantes. Sin más preámbulos, respecto a las migraciones latinoamericanas de los años 70-80, el autor adjudica al gobierno de Ronald Reagan el haber encarado los efectos del fenómeno con el Acta de Control y Reforma Migratoria que consiguió la más amplia solución en aquellos momentos. En contraposición a lo anterior, señala que el Presidente Obama, incluso habiendo dispuesto por dos años de un control legislativo muy cómodo, logró casi nada en materia migratoria.

Luego pasa por la trituradora un tercer dogma público: que el Partido Republicano es el partido de los ricos, mientras el Demócrata el de los menos ricos; con el consabido reparto desigual de simpatías que un valor formalmente aupado como la humildad reporta. Aunque a esta altura se puede prever la conclusión, De Armas no tiene prisa por imponer resultados y se remonta a Andrew Jackson en busca de eventos esclarecedores. Uno de ellos es la fundación moderna del Partido Demócrata como una maquinaria “populista” capaz de consagrar estas leyendas y mitos políticos cuya falibilidad es una de las constantes intelectuales de la obra ensayística de Armando de Armas; y no solo de este ensayo “Naipes en el espejo”. Su libro “Mitos del antiexilio”, dedicado a “masacrar” las etiquetas que la comunidad cubana en los EEUU ha pegado sobre su propio lomo, confirma la hipótesis. Sin divagar en sermones, y con notable humor, De Armas echa mano a talonarios y cheques para ensayar unas relaciones entre dineros y filiación política que alcanza al par Bush-Kerry. Finalmente hay que decir que la publicitada sencillez del Presidente Obama no tiene buena suerte bajo el escrutinio de este ensayo.

Armando de Armas termina “Naipes en el espejo” con una meditación sobre la época y esbozando una antropología de los nuevos tiempos que matiza sus propias conclusiones. Porque “Naipes en el espejo”, a pesar de lo señalado, no es el trabajo de un ideólogo Republicano que intenta rebajar la altitud del Partido Demócrata; mucho menos quitarle electores. Es, como se apuntó al inicio, un esfuerzo por sincerar el juego; porque, como dice el propio autor: “El problema estaría en las cartas trucadas, en jugar con las cartas trucadas. En ofender la inteligencia de los votantes. El problema está en la demagogia.”

Publicado originalmente en el blog de Emilio Ichikawa

Los naipes en el espejo, del escritor cubano Armando de Armas, se presentará en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras el viernes 27 de abril, a las 7:00 pm, en el Café Demetrio.