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sábado, 24 de marzo de 2012

Serie: El Regalo de Rodolfo: Mirada desde un Submarino Blanco



Por Zahylis Ferro

Hace unos años, en una clase de Creative Writing, escuché por primera vez a alguien hacer énfasis en el escribir usando palabras para “mostrar” más que “decir” lo que pasa en la historia. Terminó la clase y no siempre pude darle al asunto donde le dolía. Algunos tenemos la manía de contar “contando.” Sin embargo mi profesora se hubiera sentido realizada de haber tenido a Eva Vergara como alumna y haber podido leer Mirada desde un submarino blanco (Editorial Silueta 2009).
Mirada desde un submarino blanco es un libro minucioso, detallista e íntimo. En sus historias se muestra mucho y se cuenta poco. Y digo que se cuenta poco porque en la mayoría de las historias pasa poco en verdad fuera del personaje, en otras palabras, la acción ocurre dentro y no fuera de él. Envuelta en piel de mujer – mujer que lucha batallas muy femeninas y se debate en conflictos de género y sociedad- y escondida a su vez dentro de su propio submarino blanco, refugio y encierro, un alma observa la vida que transcurre en el exterior, mientras muestra la otra cara de la moneda, la vida que pasa dentro, donde es reina y dueña de su intimidad.
Lo más curioso es que al final la observadora termina siendo la observada porque la mujer se describe, se regala, se quiebra y se duele en ese dolor interno que los personajes de la historia con los que interactúa no pueden percibir, aislados entre tanta introversión. Y a eso me refería cuando al principio ponía el ejemplo de mi clase de Creative Writing, porque en Mirada desde un submarino blanco el dolor se ilustra, no se describe. Miradas… no dice “duele”, muestra “duele” como en la historia Entre ángeles, aunque la mayoría de las veces el grito suene sordo, a modo de implosión, como cuando se quiere gritar en un sueño y no se puede porque simplemente no estamos despiertos.
Desde el submarino blanco el mundo no pasa desapercibido: ciudades, vívidas e irreverentes, como en “Cruzando desde, a la oscuridad”…el conflicto ‘pasado y/o realidad’ de “Mi Cuba Nostalgia’”... los efectos de la rutina sofocante en la vida de la mujer moderna que muchas veces se bate a capa y espada entre el “tengo que hacer algo y no se que es” y el quiero hacer algo que no es eso que tengo que hacer, esa repetición que abarca “Monotonías” en cada día de la semana.
Ante el submarino blanco se extiende un mundo al que la observadora pertenece por decreto pero del que no es parte, un mundo con el que difiere y contrasta, uno que le recrimina, la acorrala, la examina y categoriza como a un bicho raro. El submarino blanco, blanco como su color favorito, la acoge, la cuida, la protege, la deja soñar a su manera, la deja imaginar y ser quien es.
Solo ella se ve a sí misma dentro del submarino. Ella lo ve todo. Nadie la ve a ella. Al menos…eso cree la observadora. Lo cierto es que en estas 80 y tantas páginas, el ser que habita la blancura de su encierro, ha quedado, afortunada e irremediablemente, expuesto.

 Cortesía: KontArte

martes, 21 de febrero de 2012

Serie: El regalo de Rodolfo: "Claustrofobia y otros encierros"


Por Zahylis Ferro

En mis años de escribir, los títulos de las historias han sido siempre mi batalla mayor. A falta de títulos que creen expectativa, atraigan lectores y sirvan de preludio al acto mayor, me he concentrado en buscar títulos que resuman de cierta manera el texto que le sucede. Mejor o peor, dicen de lo que va la historia.
En mis años de lectora, he leído pocos libros que tengan el título mejor puesto que este libro de Rodolfo Martínez Sotomayor. Desde Claustrofobia mismo, y saltando de cuento en cuento, el libro recoge un manojo de encierros que se regocijan al poder aprisionar un mundo en pocas páginas y arrinconar a un lector, que vuelve y se revuelve entre ellas. Dulce es el cautiverio, pero cautiverio al fin y al cabo no cree en libertades innecesarias y grietas por las que se pueda escapar la mente fantasiosa. Todos los encierros de este libro saben lo que quieren decir y dicen lo que quieren decir. Hay espacio al cuestionamiento, al desacuerdo, al reclamo quizás, pero no a la duda: los encierros nos pasan, aunque algunos pasan para quedarse.
El libro te hace parte de diferentes encierros, algunos personales, como es en su mayor parte el de Claustrofobia, algunos socialmente construidos, como es el caso de Crónica de un mal día, y algunos que son un poco de los dos, como El Moro, que murió asfixiado por su propia pena y las incomprensiones ajenas. Y me gustaría resaltar que los personajes de Rodolfo responden a sus encierros de manera consistente, como si entre sus cuatro paredes el miedo a quedarse dentro se volviera parte de ellos mismos, y la lucha por romper el cautiverio no fuese otra cosa que la inconformidad individual y la búsqueda de un futuro mejor y diferente. Hasta cierto punto todos somos víctima del encierro, lo que no todos vivimos de igual manera la claustrofobia.
Frases que gozan de una riqueza descriptiva profunda se alternan con recurrentes expresiones cortas crean en estas historias una contagiosa ansiedad, la misma creciente ansiedad que viven los protagonistas, la sensación quizás de estar cayendo en un hueco profundo y ver la vida, ajena es este caso, desfilar ante tus ojos. Las historias se hunden y como el que se ahoga, tratan de ahogarte con ellas, tarea que sin dudas logran.
Leí casi todos los cuentos de principio a fin, sin hacer pausas, conteniendo la respiración y respirando libremente después de cada punto final. Una vez liberada del encierro de cada historia terminada, me di cuenta que la claustrofobia era un pequeño precio a pagar y que estaba lista para pagarlo de nuevo.

Rodolfo Martínez Sotomayor se presentará en Delio Photo Studio este Viernes 24 a las 7 p.m. en una lectura de poesía y narrativa compartida con los escritores Ernesto G., Joaquín Gálvez y Rolando Jorge, quien presentará su libro Ido a Hurgar (Editorial Silueta, 2011). Delio Photo Studio, 2399 Coral Way, Coral Gables, (305) 856-5632.

Serie: El Regalo de Rodolfo: "Trilogía del paria"


Por Zahylis Ferro

Quien diga que palabras como cucaracha, estiércol, tiñosas y cloaca no son suficientemente poéticas para escribirse en versos, que le pregunten a Joaquín Gálvez. Pregúntenle de donde saca frases como “cataclismo en mi pecho”, “merecerse la noche” y “ser el escribano de la ruta azul de tu mirada” y cómo es capaz de mezclar las primeras con las segundas y hacerlas parte de un mismo poema. Y no olviden preguntarle cómo logra, en un batido perfecto de palabras y frases contrastantes, sintetizar sentimientos de hastío, marginalidad, angustia, furia, decepción y odio.
La poesía de Joaquín es pura pasión y rebeldía. Es grito. Es acusación. Es crítica. No es, sin embargo, consigna. No se repite aunque su esencia se reitera. No pregona flores, pregona dardos envenenados que el comprador de rimas y melodías pudiera mirar con recelo.

Las tres partes de la vida de este paria que leemos en versos asimétricos, recogidos en el volumen Trilogia del Paria (Editorial Silueta), traen consigo la carga de la –forzada quizás– transformación personal. Un paria que se niega a aceptar que su destino se retuerza en la inmovilidad social, el tedio, la impotencia y busca fuerza dentro de sí para “alejarse de la ciudad” y “crear sintonías que provoquen el amor”, dos de los poemas que más me gustan de esta sección.
El mismo paria muta al cambiar de medio ambiente, y se descubre en la segunda sección, “Poesía debajo de la tierra,” como un personaje melancólico, sumido en un proceso de aculturación, un personaje que se debate entre la nostalgia por el nido abandonado y la voz de la conciencia repitiendo que “ya aquí nos merecimos la noche,” un lujo inalcanzable en el nido natal. En esta sección el poeta o el paria despotrica contra lo que ha dejado atrás, la industria alimenticia y del trasporte, “todo estaba en vías de desarrollo”, “las tiñosas que multiplican su vuelo sobre la cuidad”, una ciudad desbordaba en problemas políticos –vistos en “Poética de la Isla”– con incidencias sociales a los que inevitablemente los seres se adaptan para poder coexistir, “y al luto, poco a poco, le fuimos cogiendo cariño.” Y finalmente, en la misma sección, dotado de una conciencia doliente, el paria-poeta se reconoce parte de otro mundo, en el que ha encontrado consuelo “condenado estoy a la otra orilla donde te falte. El horizonte ha sido mi verdadera casa.”

La tercera parte, “Premonición del Iniciado” podría llamarse también cuando la vida te da limones, haz limonada. El poeta-paria baila “Rock and Roll sobre la eterna cuerda floja” se vuelve el Adán de su propio destino, limpio ante él, esperando por ser poblado con semillas nuevas invariablemente condenadas a vivir a la sombra de “El círculo de la memoria.”

La Trilogía del paria es un canto al inmigrante, un testimonio de la inmigración cubana y un viaje por las diferentes etapas de la vida de ese inmigrante que se siente incompleto y atrapado entre dos tierras, nadando incesantemente en un mismo mar donde se encuentran y desencuentran dos aguas.

Joaquín Gálvez se presentará en Delio Photo Studio este Viernes 24 a las 7 p.m. en una lectura de poesía y narrativa compartida con los escritores Ernesto G., Rodolfo Martínez Sotomayor y Rolando Jorge, quien presentará su libro Ido a Hurgar (Editorial Silueta, 2011). Delio Photo Studio, 2399 Coral Way, Coral Gables, (305) 856-5632.

Cortesía: KontARTE, blog de Zahylis Ferro

viernes, 13 de enero de 2012

"De un tiempo deslumbrado", selección de poesía de Alejandro Fonseca



Por Zahylis Ferro

No debería, pero voy a admitir, que hace tiempo no leo poesía. El último libro de poemas que leí fue Habitación a oscuras de Carlos Pintado y quizás porque aún me dura la penumbra, o por no querer empañar ese recuerdo, no me he atrevido a la poesía en largo tiempo.

Tampoco debería, pero voy a admitir que en la poesía, las palabras suelen llevarme, sacarme de mí, enredarme, perderme, y aunque a ratos se disfruta el abandono, muchas veces trae consigo una perdida de esa esencia que es faro de las palabras y es guía.

La poesía de Fonseca, que –sigo confesando pecados– no conocía hasta ahora, no me lleva sino que me regresa. Y es que la inclinación del poeta hacia los espejos ha logrado, a mi modo de ver, un efecto refractante en el que los decorados, las metáforas y las imágenes que distorsionan el objetivo atraviesan la superficie y se dispersan, dejando una imagen limpia de incandescencias que se refleja segura.

Me gusta que Por el hueco de la cerradura “nadie es dueño del viento que agita la madera” porque no somos tan únicos, ni tan especiales, ni tan irrepetibles y “desde la miseria la poesía es cualquier hombre.” Me gusta que De un tiempo deslumbrado no habla del sonido que hace el viento sino del viento mismo, ni de realidades evadidas sino de realidades amadas, de domingos de infancias, amores de experiencias e inexperiencias, encuentros y posesiones con la simpleza de un vestido sin adornos, que adorna por ser vestido y no por ser portador de vanidades.

He aquí mi última confesión de hoy: del libro he leído sólo una veintena de poemas abriendo páginas al azar. Me prometo a mí misma, como mínimo, otra veintena más. Gracias Alejandro Fonseca por regresarme a la poesía con las palabras menos pretenciosas que he leído por estos tiempos, combinadas de una manera tan sutil, tan limpia y generosa.

De un tiempo deslumbrado (Editorial Silueta, Miami, 2011), del poeta cubano Alejandro Fonseca, será presentado hoy viernes 13 de enero a las 7:00 pm, en Delio Photo Studio.