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martes, 10 de diciembre de 2013

Presentación del poemario “Hábitat”, de Joaquín Gálvez: fotos y palabras del editor


 
 













                                          

                                      



      













    Fotos: Delio Regueral, Gabriel Gallego, Betty Batallan y Cristiana Robaina 


Joaquín Gálvez nos estremece de nuevo

Por Armando Añel

La poesía es algo más que un ejercicio de compilación. De compilación de palabras, quiero decir. La poesía debe transmitir eficazmente, ante todo, un estado de ánimo, y desde ahí tocar la fibra del lector. La poesía es música sobre un fondo de estremecimientos. Por supuesto, el estilo, la originalidad, nunca están de más, pero la poesía debe ante todo estremecer. Es lo que en su último libro publicado Joaquín Gálvez logra con creces para, a partir de esa secuencia, desarrollar una poética existencial iluminadora.

En ese sentido, los pone-palabras y críticos de pasillo, los murmuradores de las mafias de salón, esos para los que la calidad de un libro se mide por su peso en libras (por la cantidad de palabras que han logrado juntar en interminables horas robadas a la vida, y sé de algunos que si te dan en la cabeza te matan), nunca entenderán un poemario como el que nos ocupa. Incapaces de tocar la poesía ni con una uña pero muy vitales en su arrogancia, ahogándose en un mar de jeroglíficos prestados, son minuciosamente incapaces de ver más allá, en el horizonte, la autenticidad de libros como Hábitat (Neo Club Ediciones, 2013), la nueva propuesta de Joaquín Gálvez.

Hábitat es un poemario redondo, en el que sobresale, sobre todo, la profundidad de su poesía tajante, universal. Atravesado por un lirismo depurado, característico de su autor, más una melancolía que escarba y se mete en los huesos, este libro nos recuerda que “todos fuimos primeros en la versión de la noche”. Poemas como Otra acepción de la lluvia o Bitácora de una calle ―por mencionar solo dos― revelan que estamos ante uno de los poetas más hondos con que cuenta el exilio cubano.


Texto publicado originalmente en Neo Club Press


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Versión final de "Erótica", novela de Armando Añel



Los invitamos a leer la versión final de Erótica (la primera edición se hizo en 2010), novela del escritor cubano Armando Añel, y participar con sus impresiones en el blog de la novela recién inaugurado. Para acceder, haga clic en el enlace:

http://erotica-novela.blogspot.com/

viernes, 23 de agosto de 2013

Cuba, el embargo y el cambio sin cambio


 
Por Armando Añel
 
Frecuentemente, el debate en torno al embargo al régimen implantado en Cuba se centra en el ámbito de lo político. Pero es en el de lo económico que las restricciones norteamericanas alcanzan envergadura práctica. Suele olvidarse que la medida incide, fundamentalmente, en el área de las inversiones, el turismo y la exportación —cuya índole antaño preferencial intenta rescatar La Habana dados el atractivo natural de la Isla, su cercanía a Estados Unidos y la existencia de una numerosa, y boyante, comunidad emigrada.
Aunque el petróleo chavista continúa amamantando la antigua criatura, se trata de una financiación coyuntural (en Venezuela no hay ya ni papel higiénico). A mediano o largo plazo, el castrismo necesita acceder a los dineros del enemigo del norte, encarnados en el turismo más generoso de Occidente, sus inversores más solventes o sus consumidores más empedernidos. Más que a la compra de alimentos, medicinas o materias primas, es a esto último a lo que se opone el embargo de baja intensidad, porque el régimen ha adquirido regularmente una amplia gama de productos en el mercado estadounidense.

Así, la pertinencia de las restricciones no debiera medirse en función de lo que provocan, que no provocan mucho, sino de lo mucho que impiden.

Una anécdota puntual

Para ejemplificar puntualmente la importancia que el régimen castrista concede a Estados Unidos y al exilio cubano como tabla de salvación económica, me detengo sobre una reciente anécdota que compartí, vía correo electrónico, con el escritor Juan Cueto Roig. Narra una tercera persona:

“Maxxila (llamémosle así a esta oficial de la policía del sur de la Florida) me llamó hoy para contarme que ayer trabajó hasta muy tarde porque tuvieron que desarmar una casa que tenía todo el equipo que se necesita para identity theft (se refiere al robo de identidad, con el que en Miami y otras ciudades se accede a los recursos o beneficios –como los otorgados por la Ley de Ajuste-- de otras personas). Se quedaron azorados ella y todos los policías con la gran empresa de hacer tarjetas, pegar fotos de ilegales y demás. Ella ya está cansada de ver cada día más que son cubanos recién llegados los que tienen este negocio ilegal. Maxxila le preguntó a una de las mujeres: chica, yo soy cubana también y estoy impresionada con lo sofisticadas que están estas producciones de tarjetas, etcétera… ¿cómo ustedes aprendieron esto tan pronto? Y la mujer le contestó: Esto se aprende en Cuba. Hay muchos colegios de fraude que el gobierno establece y en ellos enseñan no solo cómo defraudar a este país (Medicaid, Food Stamps, Disability, etcétera), sino que lo que más interesa a los alumnos y a los profesores es el fraude millonario. ¡Nadie viene a este país solo para que le den de comer!”.

Con los dineros del enemigo

Dada su naturaleza práctica, que dificulta la normalización del neocastrismo y limita la eficacia de los organismos de propaganda y represión gubernamentales —recuérdese la uniformidad social o la inexistencia de una disidencia pública en Cuba durante los años dorados del neocolonialismo soviético—, puede decirse que el embargo actúa como dique de contención a la marea del totalitarismo.

En sistemas totalitarios como el cubano, el aparato de control social gira sobre dos ejes interdependientes, dependientes a su vez de las plusvalías que sea capaz de colectar el Estado: el de la dádiva y la recompensa, implementado por una serie de instituciones que premian, en ocasiones generosamente, la incondicionalidad al régimen --la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) es una de ellas--, y el policíaco, que participa de la represión pura y dura o la relativiza penetrando los focos de descontento popular y cultural. En su momento, los subsidios este-europeos no fueron invertidos en el desarrollo económico de la Isla, sino —amén del injerencismo en el Tercer Mundo— en aceitar estas y otras mecánicas de avasallamiento.

De cualquier manera, La Habana aspira a que Estados Unidos financie dos figuras imprescindibles de cara a la normalización del neocastrismo:

• El aparato de seguridad. Los dineros del enemigo refinanciarían un andamiaje del que no sólo forman parte los soplones, los agentes de influencia cultural –también integrantes de lo que he llamado por estos días, para variar, operación Puente Seguro--, la policía política o las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida, sino los estímulos laborales, los viajes al exterior y, en general, el tenebroso sistema de manipulación gracias al que, por poner solo un ejemplo, los trabajadores del sector turístico son de los más interesados en acudir a las movilizaciones gubernamentales y/o acatar las reglas impuestas por la dirigencia: de ello depende la conservación de su empleo, codiciadísimo en la Cuba en divisas convertibles.

Téngase en cuenta que en regímenes como el castrista el Estado ejerce compulsivamente su triple condición de juez, empleador y propietario, con lo cual la variable “a mayor solvencia estatal mayor indefensión ciudadana” resulta una perogrullada. Los mecanismos de soborno, chantaje y coerción tradicionalmente instrumentados por la dictadura alcanzarían, tras la inyección de capital norteamericano, cotas de eficacia inimaginables.

• El aparato de propaganda. Un apartado sobre el que el régimen hace particular énfasis y que el levantamiento incondicional del embargo revitalizaría. Aun en lo más álgido de la crisis económica, el poder no ha dudado en gastar en propaganda antes que adquirir alimentos o medicinas para la población, todo lo cual, sencillamente, le parece más redituable a nivel político. Los ríos de moneda dura invertidos en transportar y organizar la parafernalia de las grandes concentraciones, o la construcción y avituallamiento de un millonario complejo deportivo con vistas a los Panamericanos de 1991 —irrentable en lo más profundo del Período Especial—, lo confirman.

Dicha estrategia, sin embargo, no se limita al adoctrinamiento nacional, sino que trasciende las fronteras insulares apuntalando dictaduras emergentes en otros países.

Hacia el cambio sin cambio, o la normalización del neocastrismo

La ofensiva antiembargo preconizada por el régimen cubano y sus valedores exteriores constituye una apuesta de continuidad. Concebida como revulsivo para un sistema incapaz de generar riqueza, encuentra soporte en la naturaleza utilitaria de cierto empresariado occidental, correa de transmisión en intelectuales y activistas exiliados necesitados de reconocimiento o chantajeados emocionalmente, y referente en la estrategia china del cambio sin cambio, patentada por Deng Xiaoping. Cito su célebre frase, reveladora donde las haya: “No importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones”.

El modelo Deng, que nadie se engañe, continúa subordinando la economía a la política transcurridos más de 30 años de su implantación. Basa su éxito en las condiciones de semiesclavitud desde las que la población acude a un mercado de trabajo en el que el empresariado extranjero, desaprensivamente, invierte con ventaja. Como en Cuba, en China los derechos laborales, casi todos los derechos, penden de la soga de la ideología oficial —pendiente, a su vez, de los tirones de la clase gobernante—, mientras “el Estado controla el mercado y el mercado guía a las empresas”. Mientras Occidente mira para otro lado.

Un panorama elogiado por el propio Fidel Castro durante su última visita al sudeste asiático, hace ya diez años: los empresarios, “extranjeros como regla y de rígidas normas de administración capitalista, [invierten] en un país comunista, que cobra impuestos, distribuye ingresos, crea empleos, desarrolla la educación y la salud, [una] revolución humana por excelencia”. Y ya se sabe lo que significan, en el muy particular dialecto castrista, “distribución de ingresos”, “revolución humana” y otras yerbas por el estilo.

En este sentido, el crecimiento del PIB chino durante las últimas décadas revela la ineficacia de la economía abierta en tanto instrumento de transición hacia la democracia si la cúpula gobernante mueve todos los hilos (como ocurre en China y como pretenden que ocurra en Cuba los Castro, sus herederos y los cínicos de “esta orilla” para quienes el pueblo cubano, si lo empujan, come yerba, y en definitiva no merece otra cosa que mano dura y migajas). Todo esto habrá sido convenientemente sopesado por La Habana, dispuesta a adaptar y/o condicionar la fórmula del cambio sin cambio a un entorno culturalmente en las antípodas.

Cabe recordar que ya en 2004 la III Conferencia La Nación y la Emigración —a la que acudió lo más granado de la emigración procastrista— sirvió para adelantar algunas de las variantes que tenía en mente el gobierno con vistas a una sucesión financiada por los dineros del enemigo. En representación de Fidel Castro, el ahora defenestrado talibán Felipe Pérez Roque invitó a la comunidad emigrada a invertir en Cuba, convencido de poder manejar a su antojo los resortes del sistema tras el levantamiento de las sanciones comerciales.

Los desesperados esfuerzos del régimen cubano por acceder activamente al mercado estadounidense marcan la madurez de la operación Puente Seguro. Se persiguen barquitos de papel al alcance de quienes desagüen el río del embargo: la perpetuación de una clase dirigente egresada, o no, de las escuelas del Partido; la instauración de un capitalismo de Estado a lo chino o ruso, retocado por las particularidades que son del caso; el control de esta suerte de híbrido poscomunista a partir de los réditos de una economía aupada por el capital foráneo y la mano de obra cautiva; el establecimiento de niveles de jerarquización social aún más acentuados y dependientes del control estatal; la eliminación total, o la relativización total, de la oposición pública.

Un gato demasiado ornamental para el gusto de algunos, pero que, parafraseando a Deng, también puede cazar ratones.

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Versión actualizada y aumentada de un artículo aparecido en Cubaencuentro en 2004

 Cortesia: Neo Club Press

lunes, 19 de agosto de 2013

Un monumento para Álvarez Guedes





Por Armando Añel
 
Los cubanos deberían levantarles monumentos a quienes los hacen reír. Guillermo Álvarez Guedes fue uno de ellos, y de los más destacados. Ahora que ha muerto, pero desde mucho antes, los cubanos debían hacerle una estatua en algún florido parque de Miami, incluso de La Habana o Matanzas.

Uno de los grandes errores de la cultura cubana (como de muchas otras, ciertamente), tanto en la Isla como en el exilio, ha sido levantarles monumentos a militares, políticos y pensadores –cuyo pensamiento tanto nos ha atrasado-- en lugar de a creadores, humoristas y empresarios (y a músicos, bailarinas, cocineros, etcétera), que son quienes en verdad lo merecen.

Un monumento para Álvarez Guedes, quien acaba de fallecer en Kendall, mi barrio, un 30 de julio de 2013. Sería una buena manera de iniciar la refundación cultural de Cuba, tan necesitada de un cambio drástico en este tercer milenio, y sacudirnos la rigidez acomplejada que ha convertido a la nación (al proyecto de nación), supuestamente tan dotada para la fiesta y la alegría, en un triste montón de escombros solemnes. Para luego es tarde.

Publicado originalmente en Neo Club Press


viernes, 9 de agosto de 2013

Las cosas por su nombre




Por Armando Añel



La poesía es también un acto delictivo. El poeta tiende a sumergirse en ámbitos exteriores y apropiarse de sus interioridades. Roba (lo que todo el mundo puede robar pero pocos tienen la capacidad de robar). Escudriña. Se apropia de lo otro y lo transforma para subvertirlo, o para recrearlo, o para embellecerlo. Lo otro: una mujer, una ciudad, un patio, una muchedumbre o, borgianamente hablando, la forma de la espada.

Esta apropiación de lo desconocido -dando por sentado que no se trata de lo desconocido literario, sino de lo desconocido existencial- pasado por el agua de la creatividad propia; esta delincuencia letrada, perpleja ante el descubrimiento y la apropiación de lo ajeno, resuena y se expande incesantemente. En Trilogía del paria (Editorial Silueta, Miami, 2007), el último libro publicado del poeta Joaquín Gálvez, la palabra alcanza esas alturas y otras muchas, hasta girar sobre sí misma y auscultarse asombrada.

Trilogía del paria recrea unos ámbitos, unas perplejidades, unos desgarramientos ya presentes en otros poemarios de Gálvez. Por ejemplo, en El viaje de los elegidos, publicado en 2005, el poeta se pregunta: "Señor, cuántos demonios tiene el poeta, / que anda con tres piernas, / mira con tres ojos / y ama con cien pechos. / ¿Quién le dio autoridad / para nacer todos los días?".

Estamos ante un ámbito interior recreado en ámbitos ajenos. Ante unos ámbitos ajenos de los que se apropia el poeta. Siguiendo las premoniciones de una lírica cortante, que no retrocede ante la fealdad, o la deslumbrante belleza, de las cosas, Gálvez introduce múltiples universos en su universo, disímiles circunstancias en su circunstancia. El autor, no obstante, no sólo ejerce esta suerte de delincuencia letrada. Es también un orfebre, como demuestran estos versos de Trilogía del paria: "Quién soy, he sido y seré, sino el deseoso habitante / condenado a nunca poblar su sed. / Mas siempre nos vendrá a visitar una lluvia sin nombre / -desposeído diamante del instante- / que entra, en nuestros ojos, entre el abismo y la luz".

Un orfebre que por lo mismo, y a sabiendas de que no carga con el lastre de las deudas generacionales o las tendencias de estilo, se resiste a caer en el facilismo de la escritura críptica. A diferencia de tanto poeta deslumbrado por "la oscuridad de la semántica" -como le ha dado en llamar un amigo, también poeta-, Joaquín Gálvez maneja un lenguaje transparente y organizado, agudo y esclarecedor: para decirlo desde el lugar común, llama a las cosas por su nombre. Y por supuesto, las cosas tienen muchos nombres y ciclos, muchos ángulos y etapas. Porque este último poemario del autor -anteriormente había publicado Alguien canta en la resaca (Término Editorial, 2000) y El viaje de los elegidos (Betania, 2005)- es una suerte de resumen de ciclos, de etapas: un recuento de las paradas de su paso por el mundo: poemas escritos en La Habana (1985-1987), poemas escritos en New Jersey (1993-1995), poemas escritos en la llamada "capital del exilio cubano" (2004-2006). La unidad de estilo e intenciones en Trilogía del paria resulta, sin embargo, inobjetable.

En este libro, pero también en todos los suyos, la poesía de Gálvez constituye una expectación y una sentencia, la letra en ascenso que redondea los espacios, los timbres, la música de las cosas. Desde su salida de Cuba, en 1989, pasando por su estancia en New York hasta fondear en ese puerto ineludible que es para la mayoría de los cubanos Miami, el autor de Trilogía del paria ha estado construyendo una obra que destaca por el poderío de sus imágenes, la riqueza de un lenguaje poéticamente funcional y la circunstancia, incesantemente rescatada, de la otredad, de la diáspora auscultada, de lo ajeno. Lo ajeno, cabe repetirlo, apropiado y recreado -lo ajeno que deja de ser ajeno-, proyectado como la tela al viento de una bandera. Lo diverso, lo diferente, finalmente liberado en el remolino ascendente de las palabras. La letra en espiral. Las cosas por su nombre.


Reseña publicada originalmente en la Revista Hispanocubana.
 

sábado, 20 de julio de 2013

Denis Fortún, las crónicas del aeropuerto


 
Por Armando Añel
 

Denis Fortún se ha montado una atalaya en el centro de Miami, en su zona tal vez más vistosa y exuberante –Coral Gables—, y desde ella ingresa a la movida cultural de la ciudad con la soltura de un conocedor. Este escritor y bloguero pareciera hecho para la noche y el choteo, motivos que frecuenta cada vez con más insistencia la narrativa cubana contemporánea.

Otra vez desde el humor y la ironía, echando una mirada penetrante sobre el entorno y sus personajes, llega la nueva propuesta de Fortún, Diles que no me devuelvan (Crónicas del aeropuerto), bajo el sello Alexandria Library. El lanzamiento oficial del libro tendrá lugar este 26 de julio en La Otra Esquina de las Palabras, y la presentación estará a cargo del ensayista Ángel Velázquez Callejas y este servidor.

Armando Añel. Prácticamente ya está en la calle tu libro Diles que no me devuelvan (Crónicas del aeropuerto). ¿Cómo lo clasificarías y en qué crees que se diferencia de tus anteriores propuestas?

Denis Fortún. Clasificarlo se me antoja complejo, no soy muy dado a encasillar las cosas. Creo más en los vasos comunicantes que en las fronteras y hoy día la literatura goza de una promiscuidad saludable en lo que a géneros se refiere. Digamos, se trata de un cuaderno que recoge una parte de mi vida. Un periodo de cinco años y medio en el Aeropuerto de Miami trabajando para una aerolínea importante. Un empleo que llegué a aborrecer, y por el que terminé narrando lo que veía en cada jornada. Escribir, sin dudas, me hizo sobrellevar la carga que representaba ese ejercicio fatigoso, obligatorio, y poco retribuido.

En cuanto a mis anteriores libros, se diferencia del resto básicamente por el género --hablamos de crónicas que igual participan de esa promiscuidad que te menciono al inicio--, pero no falta el divertimento, la broma.  En cuanto a disfrute, la entrega, trabajarlo, resultó muy similar a los demás que tengo escritos. Doy en cada cuaderno que firmo lo mismo que le he dedicado al primero.

AA. La paradoja y el humor están muy presentes en esas crónicas, y yo diría que forman parte de tu personalidad. ¿Crees que los cubanos nos tomamos demasiado en serio? ¿No sería mejor para todos tirar a relajo la historia de Cuba?

DF. Mira, los cubanos conforman una suerte de casta que habita en la duplicidad: lo ceremonial y el sarcasmo se nos dan con mucha desenvoltura. Igual, no hay un límite definido en esos dos estados o comportamientos. Si bien podemos estar en un espacio donde esa solemnidad sea cosa obligada, de la  que participamos incluso por voluntad, de facilitarse un simple pretexto –y en ese mismo espacio-- saltamos al choteo con una disposición que asusta a quienes no nos entienden.

Somos demasiado serios en cuanto a la política, la familia, la amistad. Pero al mismo tiempo ese protocolo puede derrumbarse con un chiste y esos valores importarnos poco. Claro, hay salvedades.  

Y tal vez moleste a algunos con esta sentencia, pero la historia de Cuba en gran medida demuestra que hemos sido una nación sujeta al desacierto. ¿Quieres mayor farsa, más relajo, que lo acontecido luego de 1959? Y no estoy edulcorando la etapa republicana, donde también sobran ejemplos de nuestra naturaleza vernácula vulnerable al choteo y la tragedia.  

Lo veo así, nos asiste un sobrado histrionismo que raya en la hilaridad, y somos pendulares. Yo mismo. Mis amigos me tildan de llevar el humor al punto que podría herir sensibilidades de otros, pero soy tan dramático como cualquiera.  Hay que alcanzar el equilibrio que celebra el brillo de una sonrisa, preferiblemente de mujer, y reír sin importar que otros intenten impedirlo. En cuanto a tirar a relajo la historia de Cuba, no creo sea saludable. Por suerte, los hay que se la toman muy en serio y hasta rescatan desde aquí pasajes que en la otra orilla no son pertinentes. Pero…

AA. Me consta que muchas de las piezas que aparecen en el libro fueron previamente publicadas en el blog Cuba Inglesa, entre 2009 y 2011, cosa que te agradecemos grandemente. ¿Qué opinión te merece el papel de Internet en el presente y futuro de la literatura tradicional?

DF. Primero, quiero agradecerte a ti, a Cuba Inglesa, por el espacio que siempre tuve y proclamar, asimismo, que extraño el blog. En cuanto a Internet, en el caso de la literatura viene a ser lo que Gutenberg y la imprenta. No hay marcha atrás, las reglas cambian inevitablemente. Si bien la literatura no desaparece --no lo hará, no puede--, y mucho menos los que la hacen, se marcan nuevas pautas.

Hay escritores que no lo aprueban. Es cierto que el goce de leer un libro con lomo, olor a tinta,  es incomparable. Y los tabloides aún resultan sospechosos para muchos.  Pero ahora mismo yo te respondo estas preguntas en mi laptop y te las voy a enviar por email. Incluso, hay concursos donde puedes expedir obras en formato digital, sin el trabajo de andar con mamotretos repetidos, sellos, costos, y los imprevistos de un servicio postal.  En fin, pienso que se cumple actualmente la comunión donde cada una de las hechuras ocupa el espacio que se proponga priorizar quien las consume. Todo en dependencia de las necesidades, del gusto.

AA. En tus crónicas describes la llegada a Estados Unidos de una nueva ola de emigrantes cubanos, la mayoría gente llana, ciudadanos de a pie. ¿Con qué imagen puntualizarías ese momento? ¿Qué escena te viene a la mente cuando recuerdas ese arribo masivo de compatriotas?

DF. Gente sencilla, dócil, un poco desconfiada y que mira a su alrededor como imagino lo hubiese hecho Alicia recién llegada al país de las maravillas. Eso, las primeras treinta seis horas luego de haber pasado por el aeropuerto. Después, somos lo que somos. Y la escena que recuerdo es precisamente la que le da título al libro, “Diles que no me devuelvan”. Nadie quiere regresar; al menos el noventa por ciento. Y aun cuando muchos expresan su inconformidad con el modo de vida americano apenas dos semanas después de estar en Miami --modo miamense diría mejor, no muy similar al anglo--, y otros de los que llevamos tiempo viviendo aquí subrayamos con sobrada malicia la diferencia, everyone stays.

AA. El debate cultural en Miami, o al menos el debate underground, últimamente gira en torno a la visita a la ciudad de escritores residentes en la Isla que tuvieron o tienen, lateralmente o no, conexiones con las instituciones oficiales de la cultura en Cuba. ¿Cómo percibes este fenómeno y, de cara él, cuál crees que debería ser la actitud de la intelectualidad cubana que se considera a sí misma exiliada?

DF. Me temo que voy a extenderme en esta pregunta. El fenómeno, créeme, es complicado. Primero, quiero exponer de manera manifiesta que personalmente estoy en contra de todo “intercambio” cultural con la Isla si parte de la oficialidad. Nada ha cambiado en Cuba desde que salí hace nueve años, muy por el contrario, y estos viajes están enmarcados en esa figura que ha cobrado fuerza con la administración de Obama.

Por otra parte, para nada estos viajes representan un intercambio. La reciprocidad que debe primar no existe. No conozco de ninguna institución oficial cubana que invite a un escritor, o artista cualquiera, que mantenga una posición vertical en contra de lo que allí sucede. Por supuesto, nunca lo harán, y de hacerlo las reglas funcionarían sobre la base de una enorme mordaza. El espacio queda entonces al servicio de unos cuantos “moderados” que aún son presa de una melancolía delirante, entre otras cosas, porque aquí no se sienten reconocidos como lo fueron allá.

Por tanto, estos viajes desde un solo sentido se reducen a eso: visitas. Y he aquí el dilema a lo Shakespeare: en Cuba tengo amigos escritores, artistas plásticos, músicos, algunos están conectado con el establishment cultural cubano. Sin embargo, confieso sin pudor que me gustaría verlos en Miami, compartir con ellos, incluso mostrarles una que otra tertulia e invitarlos –si mi presupuesto lo permite-- a un buen almuerzo en El Versalles. Una vez, en el aeropuerto, coincidí con Antón Arrufat –que no es mi amigo-- y lo convidé  a La Otra Esquina de las Palabras para un homenaje a Lezama. Lamentablemente, dicen los que saben, Antón prefirió ir a un Burger King.

Aun cuando pensemos diferente, muchos de allí fueron mis amigos y quiero creer que todavía lo son. Es por eso que el rasero se vuelve elástico, paradójico. Ahora bien, existe un detalle interesante. El exilio de hoy no es lo monolítico que era hace cuarenta, treinta años atrás, incluso menos. El escenario es otro y aquí mismo, en Miami, habita una numerosa vanguardia –una parte sembrada y otra tontamente utilitaria-- que responde a los intereses culturales oficialistas. A gente como yo, que piensa de esta manera, nos rechazan, nos ven como una banda de fundamentalistas –y da por cierto cuando te digo que yo, al lado de buenos amigos que tengo aquí, y que son intolerables en temas como estos, soy más bien condescendiente y abierto a la diversidad--; pero olvidan esos “sembrados o tontos” que nos sobran razones para pensar así y esta “vanguardia” --aunque lo ignore-- no desconoce la verdad.

En fin, respondiéndote la última parte de la pregunta: el “fenómeno” para mí se reduce a eso, viajes que proporcionan una subida de hemoglobina para los que nos visitan y mejoran su ropero, mientras el espectro de oportunidades se les abre de manera increíble, aparentemente provechosa. Gente que, por si acaso, reza en silencio por que no se derogue la Ley de Ajuste Cubano.

¿Y el exilio? Por supuesto que es irritante recibir a un intelectual radicado en Cuba, “conectado”, y que además venga a hablar de ciertas “bondades” que le ofrece la dictadura para realizar su obra, y exprese asimismo, en medio de la más absoluta libertad, que no se siente presionado o perseguido en Cuba cuando la realidad demuestra lo contrario y son innumerables los intelectuales presos únicamente por intentar expresarse sin tapujos.

El tema es colorido, manipulable. Entonces que cada cual asuma la postura que considere coherente con su manera de pensar. Por suerte, también en Miami comienzan a abundar las opciones culturales y con no ir a ver a un “oficialista” tienes, menos si no es amigo tuyo.

 Entrevista publicada originalmente en Neo Club Press

Diles que no me devuelvan (cronicas del aeropuerto), de Denis Fortun, se presentara el viernes 26 de Julio  a las 8:00 p.m. en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras.

martes, 2 de julio de 2013

Carne de poesía

      Juan Cueto-Roig en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras


Por Armando Añel


Un libro exquisito ronda ya los circuitos de lectura de Miami: Lo que se ha salvado del olvido (Editorial Silueta), del escritor y traductor cubano Juan Cueto-Roig. Se trata de la historia de un niño, un recorrido íntimo que, como no podía ser de otra manera, es magistralmente descrito, y sentido, por una de las plumas más elegantes con que ahora mismo cuenta el exilio cubano.

A manera de autobiografía, pero también de biografía familiar y local, en Lo que se ha salvado del olvido Cueto-Roig describe su paso por Remedios y La Habana , las dos ciudades que protagonizan este relato de poco más de cien cuartillas, así como su estancia de un año en México (etapa que, como apunta el propio autor, marcaría el fin de su niñez y el comienzo de su adolescencia).

El volumen se beneficia de una estructura particularmente atractiva, con una galería de fotos intermitente que ilustra con eficacia el recorrido, y poemas intercalados que le dan vuelo y prestancia. Porque, como afirma al final del libro Cueto-Roig, “la permanencia de las cosas hace que nuestra mutabilidad nos resulte aún más dolorosa”. El pasado, aquí y ahora, ya es carne de poesía.

Cortesia: Neo Club Press

lunes, 17 de junio de 2013

El triunfo de la nación digital


 
Por Armando Añel
Súbitamente, los libros apilados en los estantes, la sucesión innumerable de apellidos en los lomos, sobre las cubiertas, me produjeron la sensación de encontrarme en un cementerio. Era como una necrópolis la vieja librería de Miami, que no visitaba desde hacía más de dos años. Sentí lástima por todos aquellos hombres y mujeres que habían abandonado su insomnio allí, y sus esperanzas, y sus paranoias y sus sufrimientos, jugándose la carta de las estanterías, sepultados bajo los escombros del pasado. Una pena cercana al cariño, pariente de la desolación. De cuando en cuando un anciano distraído se inclinaba sobre una de las cajas. Escuché un suspiro.

Transversalmente, viendo los libros de Carlos Victoria y Reinaldo Arenas apilados en cajas de cartón, a cinco dólares el ejemplar, mosqueados en las esquinas –dos de los escritores más reconocidos del exilio cubano--, se comprende mejor el por qué de la extraña servidumbre con que tantos y tantos “intelectuales” bajan la cabeza y entran por el aro del neocastrismo clientelar. Papá Estado supuestamente los protege de terminar miserablemente apilados en cajas de cartón. Se trata de una fantasía, claro, ningún Estado podrá protegerlos nunca de la derrota que llevan dentro, en su gregarismo salvaje, pero al menos hace la pantomima.  El “paripé”, como le llaman algunos.

Papá Estado, en tanto mecenas institucional del “arte y la cultura”, es ya otra víctima de la revolución tecnológica e Internet, y nada podrá salvarlo. Sus días están contados. Como los de sus acongojados lactantes dentro y fuera de Cuba (Cuba ahora mismo no es más que una reliquia de la prehistoria cultural, referencia de dinosaurios). Amazon no perdona. Google no perdona. AppIe no perdona. Incluso, y en otro orden de cosas, un escritor laureado internacionalmente, rico, como Vargas Llosa, llora por las esquinas ante el avance del futuro. Contemplé por última vez el cementerio, la vieja librería de Miami, metáfora de la nación impresa que se revuelve, y retrocede a cajones y gavetas, bajo el empuje de la nacional digital. Incluso fuera de Cuba, Cuba es ya un espejismo.


Cortesia: Neo Club Press

domingo, 5 de mayo de 2013

Por Otra Cuba: Estado de Sats en Cuba Ocho



Por Armando Añel
Probablemente, de todos los encuentros protagonizados por Antonio Rodiles y Ailer González en Miami, el del pasado sábado en Cuba Ocho haya sido el más vibrante y/o contagioso. Con un panel compuesto por los activistas y escritores Alexis Romay, Darsi Ferret y Luis Felipe Rojas, además de los propios directores de Estado de Sats, "Por Otra Cuba" fue una fiesta en la zona más caliente de la Pequeña Habana.

La demanda ciudadana "Por Otra Cuba" pide la ratificación de los pactos que el régimen castrista firmó en la ONU y que garantizarían a los cubanos derechos tan elementales como los de asociación y expresión, además de acceso a Internet, etcétera (como apuntaron varios de los participantes, estos derechos no sólo incumben a los cubanos residentes en la Isla, sino también, por efecto dominó, a los exiliados o residentes en el exterior). Este motivo fue desarrollado por numerosos artistas plásticos en la exposición de carteles que encabezó el evento, y en la que participaron Alcides, Annelys, Aristides, Garrincha, Gugulandia, Lauzan, Lavastida, Ley, Lia, Manuel Bu, Olema, Pong, Pulido, Regueral, Santana, Tejuca y Villazan, entre otros.

Un detalle entre tantos: La presencia en el público, que abarrotó el local, de representantes de los más diversos pensamientos y edades, en una amalgama multigeneracional pocas veces vista en la llamada "capital del exilio cubano". El concierto que cerró la velada, a cargo de Escuadrón Patriota, Luis Bofill, David D Omni y Luis Ríos, dimensionó el ambiente festivo y de colaboración reinante.

Coordinada por Karen Caballero e Idabell Rosales, la fiesta de este sábado recreó el carácter plural y abierto que caracteriza a Estado de Sats y "Por Otra Cuba", propuestas de naturaleza eminentemente inclusiva. En la era de las redes sociales y la revolución informática, eventos de esta clase, visitas como la de Rodiles y Ailer, confirman que es posible capitalizar a favor de la liberación de Cuba las nuevas medidas migratorias. La agenda de Sats no se queda en la exposición mediática, sino que abunda en el empoderamiento ciudadano, promoviendo redes de autogestión coordinadas en torno a un espacio común, confluyentes y creativas.
Que se repita.


Para firmar Por Otra Cuba: porotracuba.org
 
Cortesia: Neo Club Press

martes, 19 de febrero de 2013

Lee a Fonseca sincero, que te da su Zona Franca



Por Armando Añel

Suele asociarse el concepto “Zona Franca”, en extrapolación al ámbito de la vida diaria, con un espacio de intercambio donde los controles son más relajados o, sencillamente, hay libertad absoluta para “operar”. De manera que cuando el poeta Alejandro Fonseca anunció la apertura de la tertulia del mismo nombre para la noche del 21 de febrero en la Ivan Galindo Art Studio (2248 SW 8 Street. Miami, Florida 33135), muchos hicimos, mentalmente, la referida asociación. Algo que la declaración de intenciones adjunta a la nota de prensa que divulgó el evento, pareciera confirmar.
En este sentido, conversamos con el coordinador de ZF para, en el mejor espíritu constructivo y de confraternidad, “poner el parche antes que salga la herida”:

Armando Añel: ¿Por qué llamarle Zona Franca (ZF) a una tertulia?

Alejandro Fonseca: Zona franca es una frase harto conocida, y desde tiempos inmemoriales. En esta ocasión será tomada para darle nombre y cuerpo a una nueva propuesta literario-cultural, en el recinto que por mucho tiempo ocupara el grupo Alfa 66 y que ahora es parte de la galería Ivan Galindo Art Studio, en la ciudad de Miami. La finalidad de esta propuesta de ZF es abrirle un espacio a cualquier autor que quiera participar, siempre que su obra mantenga una sostenida calidad artística. Pero esto último no se opondría de manera alguna a la crítica franca y a otras sugerencias y opiniones (tan necesarias para estos eventos) que quiera expresar el público. Recuérdese también que, en estos casos, es tan democrático opinar como guardar silencio.

AA. En los últimos años se ha visto un florecimiento de la cultura en Miami. Recientemente se anunció la apertura de la tertulia “Encuentro en La Casona”, coordinada por Luis de la Paz, y todos conocemos espacios como La Otra Esquina de las Palabras o Delio Photo Studio, etc., que mantienen viva la movida cultural miamense. ¿Qué demanda cubriría Zona Franca que tal vez no ofertan los espacios ya existentes? En su opinión, ¿hay algo que debe ser mejorado?

AF. Es evidente que la ciudad de Miami, entre vericuetos y pasadizos, ha ido orientándose hacia un rumbo positivo en la búsqueda de su propia identidad cultural. Durante algunos años he participado en incontables espacios, mayormente literarios. Por tanto, y en este sentido, puedo acuñar que, en el terreno del pensamiento y el arte, donde en un tiempo no lejano había playas y pantanos plagados de lagartos a diario siguen apareciendo nuevos resplandores propios de un incipiente pensamiento estético. Pero las aspiraciones de ZF tratarán de ser un tanto eclécticas. Es decir, se trata de introducir algunas variantes en la estructura algo rígida y de tono profesoral --a veces incluso con rasgos tribales-- que padecen ciertos espacios con aspiraciones estéticas en la ciudad. Pensamos sacarle partido a marcadas deficiencias que en muchas ocasiones derivan del factor humano. No perdamos de vista al más grande de los cubanos, que siempre mantuvo la idea del “mejoramiento”.

AA. ¿Tiene pensada una estructura definida para la tertulia, que establezca una diferenciación o estilo propio?

AF. Siempre tendremos en cuenta que los autores expuestos, poetas, narradores, periodistas, ensayistas, cinéfilos, pintores y otros malabaristas de la cultura, sean las personas más importantes de la noche. Se trata de evitar que, como casi siempre sucede, aparezcan de forma oportunista esos múltiples presentadores, saloneros y lenguaraces, que leen con frecuencia largos y aburridos mamotretos, opacando o minimizando en muchas ocasiones a importantes autores a los que, por añadidura, les cuesta dinero publicar su obra. Recuérdese que ya los tiempos panegíricos de Vargas Vila pertenecen a un periodo vetusto de la historia.

Cortesía: Neo Club Press

miércoles, 23 de enero de 2013

Publicar en Cuba, publicar a los de Cuba



Por Armando Añel


Hay una confusión de términos y conceptos en boga por estos días, en torno al tan llevado y traído “intercambio cultural” (fundamentalmente de una sola vía, aunque haya matices). Y quiero referirme sobre todo al ámbito literario y/o editorial, que es en el que suelo desenvolverme.

No se trata de publicar o no, o de publicitar o no, a quienes viven dentro de Cuba. Que un escritor viva en Cuba no debería constituir un estigma ni una barrera insalvable para los editores y promotores culturales del exilio. Y si quien allí reside se mantiene razonablemente al margen del oportunismo oficialista –en Cuba casi todo pasa por manos oficialistas--, mucho menos (nuestra editorial, Neo Club Ediciones, ha publicado y seguirá publicando a autores residentes en Cuba). Se trata de publicar o no, de publicitar o no, a los ideólogos y funcionarios orgánicos, a los firmacartas del totalitarismo, a los represores, a los miserables defensores del abuso y el ninguneo, a quienes excluyen instrumentalmente, en base a una política de Estado. A quienes defienden y han defendido siempre la censura desde el oportunismo, el fanatismo o la envidia. A esos, este humilde servidor nunca los publicitará.

También está la discusión inversa. Sobre si es ético o estético o conveniente para un escritor exiliado publicar en Cuba. En mi caso particular, no me interesa publicar en Cuba no porque allí imperen los castronacionalistas o me vayan a editar –y censurar-- los castronacionalistas (aunque debo reconocer que no me sentiría cómodo en esa cuerda), sino porque a efectos prácticos nunca me ha pasado por la cabeza, ni siquiera cuando vivía en la Isla. Nunca se me ocurrió que el hecho de “triunfar como escritor” (si es que ese concepto ridículo significa algo) pasara por publicar en Cuba. En realidad nunca me interesó mucho la literatura cubana y menos el sistema editorial que la programa, basado en el “sociolismo” y la promiscuidad más cutres. Así que respeto religiosamente a quienes publican en Cuba (algunos que lo hacen son, por cierto, mis amigos), pero eso significa muy poco para mí.

Crecí leyendo y escuchando cómo los más prominentes poetas y narradores latinoamericanos de todos los tiempos (incluyendo, y fundamentalmente, los del llamado Boom) abandonaban sus países para “triunfar” como escritores. Es decir, el concepto de “triunfo” en literatura estaba y está asociado al mundo, no al municipio, ni a la provincia, ni siquiera al paisito en que por uno de esos azares de la vida nacimos. De manera que no se trata de política ni de ideología ni de soberbia. Se trata de sentido común y  panorámica.
Artículo publicado originalmente en Neo Club Press

miércoles, 30 de mayo de 2012

Cuba Española y la muerte de José Ramón Morales

                                  Foto: Ena Lapitu Columbié


Por Armando Añel

No suelo redactar notas necrológicas. En realidad, debo confesarlo, más bien les huyo. Pero creo que le debo una a José Ramón Morales, el recién fallecido editor del blog Cuba Española, con quien compartí peñas e iniciativas en esta ciudad de Miami. Él, que nombró esa página como réplica al blog Cuba Inglesa, curiosamente nunca se convirtió en nuestro adversario –algo tan común entre cubanos.

Resulta que en lugar de distanciarnos el episodio nos unió en una amistad esporádica, ciertamente, pero siempre cálida.

José Ramón, que no destacaba como creador, acumulaba sin embargo múltiples virtudes. Entre ellas aprecié, sobre todo, su tolerancia y cordialidad, esa capacidad para congeniar sin segundas intenciones con los diferentes sujetos culturales de Miami, más allá de su origen o tendencia, de si eran de izquierda o derecha, homo o heterosexuales, neo-oficialistas o exiliados. Los que lo conocieron bien saben que no perteneció en específico a ningún grupo, sino más bien a todos. Recuerdo con agradecimiento su propuesta para llevar adelante juntos, en 2009, la campaña “Con Todas las Banderas”, luego de que el pintor y caricaturista Omar Santana diseñara una enseña para nuestra Cuba Inglesa.

La campaña comenzaba identificándose de esta manera:

“La campaña Con Todas las Banderas, impulsada por Cuba Española y otros blog cubanos, es una iniciativa de naturaleza cívico-cultural que tiene entre sus principales objetivos proyectar creativamente valores como la tolerancia y el respeto a la diferencia, sin los cuales no es posible construir una sociedad verdaderamente libre y democrática. La campaña consiste, concretamente, en que cada bloguero diseñe una bandera representativa de su blog o de sus preferencias personales. Sus promotores esperan cubrir en el futuro, con las banderas de todos los blogs cubanos, la tribuna del malecón de La Habana. El movimiento, que es de naturaleza individual y no responde a directrices ideológicas, pretende hacerse extensivo a otros blogs e internautas no cubanos que quieran solidarizarse con la causa de la libertad de Cuba”.

Aunque en principio la iniciativa alcanzó popularidad y numerosas adhesiones, terminó trastabillando en la pista de mezquindades, egos desbordados y paranoias surrealistas en que se desenvuelve el circo cubano. Pero fue hermoso y divertido, y enaltecedor comprobar que alguien como José Ramón, un tipo llano, sencillo, era capaz de empujar, inasequible al desaliento, un proyecto tan ambicioso y plural, la idea dolorosamente impracticable de una Cuba inclusiva, abierta a la diferencia. Que descanse en paz ahora.

 Cortesía: Neo Club Press

domingo, 24 de julio de 2011

LA NOCHE DEL GRAN GODO



La noche del Gran Godo reúne ocho relatos secuenciales, en los que lenguaje y anécdota se alían para dar a luz un producto de exquisita factura.
En este libro premiado y luego censurado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), tras declaraciones del autor en España, La Habana -sobre todo la noche habanera- de los años ochenta aparece retratada minuciosamente. Piezas como Angina Pectoris, El ojo diplomático o la que le da título al libro, La noche del Gran Godo, entre otras, merecen figurar en cualquier antología del cuento contemporáneo.

Armando Añel, en la contraportada del libro La noche del Gran Godo

Vídeo: cortesía de Neo Club Press

viernes, 3 de junio de 2011

El reto del salto interior


Por Armando Añel
El salto interior (Neo Club Ediciones, Miami 2011) no es una colección de ensayos al uso, centrada, como suele suceder, en la problemática sociopolítica o la crítica literaria benevolente. Tampoco se trata de un ejercicio de estilo y refutación, o de una suerte de rompecabezas fundamentalmente armado en base a consideraciones y presupuestos ajenos, como ocurre a menudo en la ensayística cubana.
A ratos, ciertamente, la prosa de su autor, el historiador y ensayista Ángel Velázquez Callejas, puede tornarse “barroca” –y las comillas aquí acusan alguna que otra sensación puntual más que una circunstancia concreta--, pero siempre desde una agudeza y un afán de descubrimiento, incluso de transgresión, que rebasa con creces la mera retórica o el lucimiento irresponsable.
Estamos ante un libro diferente, vital, desafiante: en “El salto interior” Callejas rompe con la Historia y lo enfatiza; rompe con el egotismo tradicional y lo emplaza; rompe con el nacionalismo cubano –con cualquier clase de nacionalismo—y lo subraya valientemente; rompe con los cánones establecidos por la vieja y la nueva intelectualidad del patio, y lo celebra sin titubeos.

Este no es un libro complaciente. Sin pelos en la lengua, a través de sus páginas Callejas señala una y otra vez las carencias e impedimentos que dificultan la liberación existencial, “el salto hacia la dicha” que constituye, o debería constituir, nuestra realización en espíritu. Un puente hacia la revolución interior como propuesta insobornable. El concepto de “poeta en actos” o “poesía en actos” –en contraposición al de “poeta en versos”—, insistentemente manejado por el autor a lo largo de “El salto interior”, apunta a ir más allá de lo imaginario, del lenguaje y la Historia como coartadas de nuestro inmovilismo inconsciente. A pasar de las palabras a los hechos vaciando de lugares comunes y esquemas prefabricados nuestra circunstancia vital.

En este cuaderno atrevido, profundo, dividido en cinco secciones interrelacionadas ―El ego, La Historia, José Lezama Lima, José Martí y El ser cubano―, Callejas dedica dos de ellas a dos figuras cimeras de la literatura y el pensamiento en Cuba, quienes sirven de basamento para la escenificación de su propuesta. Así, el desafío desvelado por el autor se alza ante nosotros como una montaña: el salto interior hacia el vacío desprovisto de Historia y Pasado que contiene la verdadera libertad, el auténtico crecimiento. El salto contra la “intelectualización del ser”. Gigantesco reto que, cual espada de Damocles, pende intermitente sobre nuestras cabezas. De que lo afrontemos de una vez ―para luego es tarde― dependerá, probablemente, el futuro de la especie.

En mitad del túnel, en lo más crudo del invierno, este libro es como una hoguera.

“El salto interior” será presentado el próximo 18 de junio, a las 7:00 p.m., en Delio Photo Studio.
Cortesía: Neo Club Press