sábado, 1 de junio de 2013

La guerra de los poetas




Por Ángel Velázquez Callejas
 
¿Cómo determinar entre buenos y malos poetas? Al cien por cien la crítica literaria actual no lo consigue. No sabe cuál es el imperativo para decir: hay buenos y malos poetas. Porque no se trata de asumir la crítica en el orden literario para establecer la tan estrujada dualidad, sino, como dice Nietzsche, de restablecer un problema moral.
Los poetas luchan desde siempre en base a una guerra moral. Luchan por diferenciarse, a través de una escala moral, no de lo bueno o lo malo, sino en la órbita de lo superior (entiéndase esto último como la autoridad de ponerse uno encima de otro para alcanzar la verticalidad). Lo que debe evitarse precisamente son los prejuicios de la crítica literaria, que siempre dependen de lo que diga un Borges o insinúe un Roque Dalton a propósito. Ellos no son autoridades para establecer un hecho moral en la actividad poética. No son ni buenos ni malos: son críticos.

La observación de Nietzsche en el acápite "De los poetas", de Así habla Zaratustra, no establece una crítica por la crítica en base a la poética, sino que pone en evidencia quizás uno de los hechos más duraderos en la historia humana: la existencia de una guerra moral entre poetas. Decir que hay "buenos" y "malos" poetas constituye un error conceptual para la "ascetología" nietzscheniana. Nietzsche usa para una mejor compresión del asunto los adjetivos "viejo" y "nuevo". ¿Qué debe proporcionar la vejez de un poeta para alcanzar lo nuevo? Esto "nuevo" se puede convertir en altura, en reflexión sobre la verticalidad. Lo que critica Nietzsche a los poetas es precisamente una larga vida basada en lo viejo y repetitivo, que aparenta ser nuevo.

Esta opinión de Nietzsche es muy sugestiva: "Mas yo me he cansado de ese espíritu, y veo venir el día en que también él (el poeta) se cansará de sí mismo". El espíritu no se cansará de la acción si se trata de expresarse mediante un buen o mal poeta en verso, sino de la repetición habitual de escribir el verso y la crítica, elementos que al sucederse como acción en el diario vivir lo mantendrán en la pequeñez. Esta acción es la que critica Nietzsche como valor moral, porque no permite que brote el impulso con que salirse de la habitual rotación. La visión de la dualidad entre el "yo" y el "otro" es superflua en este sentido, a no ser que el "yo" y el "otro" sean para la causa de la acción una misma cosa. En verdad, no se trata de escribir, para la crítica, buenos o malos poemas, que hasta donde sé son superfluos. Se trata de establecer un orden moral por el cual el poeta se sepa conocedor para sí y en sí de una doble poética: la de la relación interna entre lo "viejo" y lo "nuevo".

Y hay poetas tan viejos que se hallan en la escala del valor más bajo. Esta vejez puede representar algún día un efectivo cansancio utilitario, capaz de hacer aparecer ante el espíritu un renovado impulso hacia la ascensión. Contrariamente al punto de vista de la crítica literaria actual, que se pavonea de una poética metaforizada, he encontrado poemas malos representando lo nuevo, como he hallado buenos poemas simbolizando lo viejo. Pero este acto es el que no se ve, porque está escondido detrás de una “ascetología” poética nada casual. Como por ejemplo, el poema de Rainer María Rilke Torso de Apolo arcaico, o el de Pérez Bonalde Poema del Niágara, que son "buenos" y "nuevos". Los de Lezama son "buenos" y "viejos".

Esta categorización “ascetológica” pondría en evidencia el oscuro lugar en que se encuentra la poética contemporánea. Los poetas, sin proponérselo, mantienen una guerra moral en la que predomina el binomio bueno-viejo.

Publicado originalmente en Neo Club Press

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