lunes, 24 de enero de 2011

La balada de Manny y Miami


 Por Jorge Posada


Cada vez leo menos. El lector voraz que en una época y en La Habana fui (leía en la guagua, en el trabajo, en la playa, en la casa y recuerdo haberme leído de un tirón Santuario, de mi admirado William Faulkner, en el tren lechero que me llevó a Camagüey) ya ha empezado a desaparecer. Hace cuarenta años, la única ventaja que tenía el socialismo sobre el capitalismo era que la vida era tan miserable, había tan poco que hacer y el aburrimiento era tan grande que uno se encerraba a leer y se volvía culto sin ser libre. Entonces leía indiscriminadamente. Lo mismo obras maestras como Fiesta, La montaña mágica o El Aleph que bodrios intragables como Sacchario, de Miguel Cossío Woodward, Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, o La última mujer y el próximo combate, de Manuel Cofiño (y si digo sus nombres es para odiarlos mejor): leía todo lo que caía en mis manos.

Eran los excesos de tener veintipico de años y querer abarcarlo todo; de provocar tímidamente a las autoridades con una melena y un bigotazo, un pantalón estrechísimo y una camisa de mil colores; de ir al cine cinco veces a la semana y de beber ron peleón y cerveza mala hasta emborracharse. Ahora, con 63 años en las costillas —y también en los pies y en el alma— me he vuelto más fresco y sosegado, como Baby Doll. Ya no disparo al tiro al blanco con un shotgun. Veo las películas en la comodidad de mi casa, en un televisor LCD de 42 pulgadas y en Blu-ray, bebo cerveza belga y bourbon con un poco más de mesura y selecciono mejor los libros. Suelo repetir en tono de broma algo que algunos de mis amigos saben que es verdad: a estas alturas de mi vida cambio cinco DVD’s de Bergman, Godard o Antonioni por uno de Bruce Willis. Con los libros me pasa lo mismo, y no creo que vuelva a leer nunca más Canta la hierba, Un mundo feliz o Paradiso, por muy geniales que sean de acuerdo con los expertos.

Sin embargo, no he dejado de descubrir algunos libros nuevos con dilecta pasión. Uno de esos últimos títulos es Descansa Cuando te Mueras, la novela de Manuel Ballagas, publicada en el 2010 por Lulu Press. Todavía con la tinta fresca.
   
Se trata de un libro lenguaraz y sutil a un tiempo; una serie de narraciones ingeniosamente fragmentadas que logran su coherencia por las peripecias del narrador o hablante, Manny, un emigrante que llegó hace poco a Miami y que trata de abrirse paso vendiendo televisión por cable y sobreviviendo en una disparatada Corte de los Milagros donde abunda el sexo y la sordidez, las cervezas, las broncas y las puñaladas. Son historias llenas de peligros, promiscuidad y definitivamente tragicómicas que se leen con ganas y en estado de crispación, con deseos de avanzar otra página más; una crónica absurda y triste y a la vez cargada de humor (anglicismos como efichen, fudestán, friqueao, foquin y modefoca son un verdadero vacilón) y que la cáustica mirada de Ballagas radiografía con irónica inteligencia junto a sus innúmeros personajes hasta terminar convirtiéndose en parte cómplice del lector.
 Aunque muchos han mencionado al americano Charles Bukowski y al cubano Pedro Juan Gutiérrez —dos narradores abiertamente admirados por el autor— Descansa Cuando te Mueras también remite a algunos textos de la picaresca española, a más de una novela sucia de Henry Miller y a ciertas pesimistas páginas de Louis-Ferdinand Céline en tanto que narra el despertar de sentimientos dormidos, cuenta sobre vidas pequeñas que intentan escapar del mundo irracional en que se han metido.
Descansa cuando te Mueras es un libro atormentado que merece figurar, junto a Crónicas del Mariel, de Fernando Villaverde, y La vida en pedazos, de Santiago Rodríguez, entre las mejores narraciones escritas sobre Miami.
    
Ballagas ha captado el extraño esplendor de la vida que alguna vez fue y que únicamente permanece vivo en la literatura; sabe que hay que escribir contra el fracaso del instante para sólo así recuperarlo del vertiginoso ayer; siempre en busca del tiempo perdido. Eso hizo espléndidamente y como nadie Marcel Proust un autor que, sin remedio, vuelvo a leer un poco todos los años.

Cortesía de El diletante sin causa, blog del escritor Roberto Madrigal

2 comentarios:

Anónimo dijo...

"a estas alturas de mi vida cambio cinco DVD’s de Bergman, Godard o Antonioni por uno de Bruce Willis. Con los libros me pasa lo mismo, y no creo que vuelva a leer nunca más Canta la hierba, Un mundo feliz o Paradiso, por muy geniales que sean de acuerdo con los expertos."

jajajajaja

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

Me ha fascinado este post, muy bueno.