martes, 11 de octubre de 2011

Un poema de Joaquín Gálvez



LA ZANCADILLA

Espérala cuando se sienten a tu mesa el águila y la paloma.

Cuando tu verdad sea como un candil que atraviesa

la interminable oscuridad del rebaño.

Espérala cuando tu verbo se convierta en árbol,

cuyos frutos escandalicen a sectarios e inquisidores.

Cuando el ruiseñor se pose en tu voz ante el ritual de los coros.

Espérala cuando tus palabras salgan a la calle con un rostro.

Cuando la sordera sea la única respuesta.

Espérala cuando te importune la sombra

del envidioso y del mediocre.

Cuando tu verso sea un aguacero

que incomode a los oficiantes del vacío.

Espérala, porque has llegado a la luz

y no hay regreso a la caverna.

6 comentarios:

Ania dijo...

Excelente poema Joaquín. Y ojalá que las zancadillas sólo sean tropiezos menores para seguir creciendo.

ad guerra dijo...

Hermano mío la vida está llena de esas piernas alargadísimas que te salen, de cualquier parte, al paso, algunas visibles, otras tan trasparentes que llegas al tropiezo. Solo un consejo, por cada zancadilla y dos manos amigas evitando la caída y a ti te sobran las manos. Excelente texto.
Un abrazo de tu hermano Ad Guerra (aun te tengo el libro guardado)

Denis Fortun dijo...

Muy buen poema. Sobre las zancadillas, esa es "la guerra de las patas". Como si fuese la vida un campo de futbol. Lo peor es que no creemos en tarjetas rojas... Y ha de seguirse jugando. Saludos

Joaquín Gálvez dijo...

Gracias amigos, Ania, Ad y Denis por leer el poema y por sus comentarios. Con amigos como ustedes se evita la caída, que es como meterle una zancadilla a la zancadilla.

Abrazos

ILK HM dijo...

Para usar una versión a la cubana de cierta fábula sobre digamos, zancadillas:
Un majá atacó a un cocuyo, quien con su penúltima 'lucidez' le preguntó: Pero por qué me atrapas, si yo no pertenezco a tu cadena alimenticia?
Y el majá le contestó: Es que no soporto tu brillo.
Un abrazo, Irene López Kuchilán

Abraham Ramírez dijo...

Leer tú poema ha sido como caminar por un bosque, rayos de sol, aves, sus cantos; ramas diversas armónicas. Silencios y la quietud majestuosa que la solidez del tronco provoca, al sujetar las ramas del cielo. Domo armónico tejido de palabras. Y esta es para mí, otra más de las virtudes del arte, poder tomar aquellas experiencias de la vida grises, y darlas como ayes que no duelen, ni lastiman.Espero pronto poder conocerte. Desde ya un estrechón de manos.