lunes, 28 de junio de 2010

Este viernes en Zu Galería: En memoria de Guillermo Hernández



EN MEMORIA DE GUILLERMO HERNÁNDEZ

Guillermo Hernández fue un joven escritor cubano que nació en Las Villas en enero de 1959 y murió en Miami en 1988. Uno de los muchos protagonistas del éxodo del Mariel, sufrió en carne propia las vicisitudes del éxodo histórico. Durantes los años que vivó en Miami fundó la Casa de la Cultura Cubana y participó en numerosas actividades en pro de la causa y la cultura cubana, incluyendo declaraciones en Ginebra en 1988.

Este acto, organizado por Matías Montes Huidobro y Yara González Montes, editores de "Memorias de un joven que nació en enero", donde se recogen textos y documentos de la vida de Hernández, está auspiciado por Zu Galería Fine Arts, con la colaboración de Wilfredo Ramos y la participación de Luis de la Paz, Lesbia Varona, Orlando Rossardi, Juan Cueto, Orlando Varona, y otros escritores, poetas y amigos que darán a conocer los sueños y aspiraciones de este valioso joven cubano de la Generación del Mariel, que dedicó su juventud a la causa de la libertad de Cuba.

Viernes 2 de julio a las 8 pm

Zu Galería Fine Arts
2248 SW 8th St.
Little Havana, Fl. 33135

786-443-5872
www.zugaleria.blogspot.com

domingo, 27 de junio de 2010

Dos poemas de Alberto Lauro


OYENDO A LA RETRETA EN CAMAGÜEY

                                       A Carlos Victoria

El niño va de la mano de su madre.
Ella lo lleva al parque
donde suena la orquesta.
Se queda allí, con sus amigas.
Pero el niño se adentra
en la espesura de la sombra y los jardines,
mientras la música suena
y él echa a volar
su cometa china,
que es ahora un punto diminuto
allá en el cielo.
Él y sus amigos envían mensajes  
con el sueño de que allá
en lo alto alguien los lea.
Después, a la tarde, regresan a casa.
Y él se duerme sintiendo su perfume
con la mano de ella
entre su pelo.

 AUTORRETRATO
  
                  En memoria de Heberto Padilla, José Mario
                  y mis amigos fallecidos en el exilio.

Iban a hacer la farsa
de una fiesta cuando él apagó la luz.
A punto de comenzar la música
hizo estallar un petardo y una granada de mano.

Desde siempre le gustó jugar con llamas:
el día de los fuegos artificiales
echó agua a la pólvora.
Una bandada de palomas debió cubrir el cielo
cuando él soltó una urraca, una corneja, un halcón y un cuervo,
coro delirante entonó estúpidas consignas.

Anhelaba el sosiego y el anonimato
pero era rey del escándalo y su reo.
Amó a los poetas románticos ingleses
que cantan a la bruma y a los bosques
que en su isla no existen,
aunque su verso en el disparador
fue a veces más preciso que una bala.

En tiempos de euforia y júbilo
decía que eran difíciles:
puso la nota del descreído, del escéptico
y enarboló la bandera del desahucio y del hastío.

A los que como papagayos repetían
que su tierra era faro de América Latina
afirmó que no alumbraba a nadie
y que el farero, además de estar loco, era ciego.

A la hora de los himnos
que hablaban de inexistentes victorias,
de un futuro luminoso
y de un hombre nuevo que nació viejo
–entonces nadie pensaba que adolescentes
entregarían sus cuerpos a cambio de shampoo,
pinturas de labios, una botella de aceite
o con mucha suerte una visa como billete al Paraíso–
cantaba las nanas más oscuras y terribles.

En medio de vítores, besos, piadosas palmadas
en el hombro y aplausos, no pudo contener el llanto.
Diestro en prevaricaciones y temores,
caballero con aires de bufón y profeta,
tímido disfrazado de insolente,
conoció a delatores, ladrones, bandidos,
difamadores, usureros, hipócritas, oportunistas,
proxenetas y aduladores por sus nombres.

Escribió poemas diciendo lo que sabíamos:
que el hombre es el lobo del hombre.
Confundió infierno, purgatorio y limbo.
Eligió la paz y la calma pero reincidía
en la blasfemia y la provocación.

Quiso tener el estoicismo de Job
o ser al menos émulo de ese varón virtuoso:
el terror y el espanto lo acosaban
y escarnio y el hostigamiento
le persiguieron como su perro más fiel. 
Se dejó arrastrar por lupanares de vicio e infamia
siendo sin embargo más rebelde que un hijo pródigo
y más puro que un ángel.
Intentó fundar el hogar que le negaron,
el que abandonó cuando cerró la puerta de la infancia de golpe.
Su sitio natural fue siempre la intemperie.

Sin haber cometido ningún crimen
como Caín fue obligado
a vagar por ciudades y desiertos,
errante, sin destino y sin amor.

Fue príncipe y le destronaron,
expulsado a tierras de abyección,
dejando la suya donde la impunidad
es una lepra que taimada avanza
y el nepotismo crece como zarza silvestre.

Amó la luz y fue confinado a cuatro paredes
donde a cada momento repetía
que afuera siempre alumbraría el sol.

Cuando el barco en que viajamos
sin saber a dónde parecía más seguro,
gritó que se hundiría y que el capitán
mintiendo nos llevaba con rumbo equivocado.
Su voz de altera fue ahogada entre estandartes
empuñados por sumisos
y lemas de falsas victorias.

Manuscritos suyos fueron a parar
a sórdidos archivos de la policía,
que no pudo evitar leer sus versos
con una mezcla de asco y estupor,
ni evitar que pasaran de mano en mano,
aprendidos de memoria
por jóvenes recalcitrantes
cuando su nombre era, como el de Eróstrato, impronunciable.

Todos le abandonaron como a Jesús
antes de ser crucificado.
Sus gatos murieron
de hambre y abandono
con el deseo de verlo regresar.
Sus hadas madrinas se convirtieron en brujas
que eran la misma Salomé bailando
y desnudando los tules del insomnio
al bailar la danza lujuriosa de la soledad.

En vida conoció la ruina y el esplendor.
Iniquidad se volvió el encaje que bordaron
para el cuello de su camisa de muchacho torpe.

Aterrado supo lo que es una bota militar
pateando la puerta a medianoche,
el pavor de verla derribar
cuando afuera frente a su ventana pasaban
tanques blindados, soldados que ignoraron
por qué iban a la guerra con una muerte segura.
Impasible hienas y chacales
pastaban en su jardín en tanto histérica
la multitud arrojaba improperios, palos y piedras pidiendo
–historia harto repetida–
la cabeza de turco de alguien como en un circo romano.

Conoció uno a uno todos los rostros de la abyección,
esos que condenaban cometiendo delitos
más graves que los que juzgaban
–por los que hasta hoy no han sido procesados–
por escribir un poema
sabiendo que no se editaría.
Nadie sabe quién le hizo
esa cicatriz que invisible le acompaña,
huella tanto de rabia como de canto.
Ha pagado con lejanía
el precio de libertad que es el exilio.

Cumplida su función en el patíbulo,
cobrados los irrisorios sueldos
e impuestos de peaje,
inquisidores y verdugos pueden descansar
por el momento mientras escogen
otra víctima inocente.

Ahora que calla alguien por él
encenderá un cirio y sin mover los labios,
sin que nadie escuche,
rezará esta breve oración:

descanse en paz, por fin, el hereje.

Alberto Lauro (Cuba, 1959). Poeta, escritor, periodista. Desde muy joven colaboró como comunicador y guionista en radio y televisión, así como en la prensa y las revistas literarias de su país, al que ha representado en numerosos eventos culturales internacionales. Formó en La Habana parte del círculo literario de la poetisa Dulce María Loynaz (Premio Cervantes 1992). Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de La Habana en 1992 y homologó su título en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994. Ha estudiado además Bibliotecología y Archivología. En España ha publicado los poemarios Parábolas y otros poemas (Ed. Rondas, 1977), Cuaderno de Antínoo (Ed. Betania, 1994), así como las plaquettes El errante e Invocación frente al desierto mar (Ed. Jábega, Madrid 1994 y 1995). En Cuba, todos premiados, Con la misma furia de la primavera (l987), con retratos literarios del autor por Fina García-Marruz y Manuel Díaz Martínez respectivamente, así como los poemarios para niños Los tesoros del duende (1987) y Acuarelas (l990). Su obra se recoge en numerosas antologías y ha desarrollado también una notable labor como ensayista. Trabajó en el Archivo Nacional de Cuba y en el Archivo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, en el Museo de la Ciudad de La Habana. Textos suyos se recogen en las revistas de la Fundación Hispano Cubana y Encuentro de la Cultura Cubana, así como de otros medios y publicaciones españolas. Su firma ha aparecido en columnas del diario La Razón de Madrid. Los programas de televisión Informe Semanal de RTVE, Uno más de Telemadrid y Portrait de Canal Arte francoaléman. En 2004 obtuvo en España el Premio Odisea con su novela En brazos de Caín, con prólogo de Zoé Valdés.

5 preguntas a Alejandro Fonseca


Por Luis de la Paz

Poeta de la llamada Generación de los 80, Alejandro Fonseca (Holguín, 1954) destaca como uno de los escritores más interesantes de la literatura cubana actual, algo que va mucho más allá de un marco generacional. Su obra poética comprende los libros Bajo un cielo tan amplio (Premio de la Ciudad, Holguín, 1986), Testigo de los días (Premio Adelaida del Mármol, 1988), Juegos preferidos (Premio de la Ciudad, Holguín, 1992), Advertencia a Francisco de Quevedo y otros poemas (Madrid, 1998), Anotaciones para un archivo (La Habana, 1999), Ínsula del cosmos (Miami, 2006) y La nausea en el espejo (Miami, 2009). Ha sido antologado en numerosas ocasiones y en Miami donde reside actualmente, ha desarrollado una valiosa labor cultural.

1.—Formas parte de lo se ha denominado en la literatura cubana como la Generación de los 80. ¿Qué define y que denominadores tienen los escritores de ese grupo?

—En los años noventa llegó a mis manos una antología de poesía publicada en Cuba por Ediciones UNEAC, cuyos compiladores eran el poeta Norberto Codina y el narrador y crítico Arturo Arango. Su título: Los ríos de la mañana. En el compendio aparecían cuatro textos míos. A partir de ese momento me hicieron miembro, me encasillaron en un grupo que le llamaron “Poetas del 80”. Pero sería justo agregar, que antes de Los ríos… salieron a la luz algunas publicaciones con autores jóvenes (casi todos de La Habana), que ya comenzaban a anunciar el surgimiento de una nueva hornada de poetas que traían una forma y un mensaje diferentes a la generación que le antecedía, la que fue denominada como los “Caimaneros”. Arango, al que me suscribo en sus afirmaciones, nos dice que desde Yoel Mesa (1945) a Damaris Calderón (1967), se abre un espacio poético donde se retoma el uso de la tropología, el tono íntimo, rechazando así el énfasis declamatorio y el llamado panfleto político. Es evidente que los autores de ese intervalo de la poesía cubana, regresaran a ciertas voces de los 50 y a los poetas de Orígenes. A mi juicio, también se pudieran añadir dos figuras de la lírica isleña nacidas en los 40, que con sus temáticas un tanto apartadas de los cánones oficialistas que se nucleaban alrededor del Caimán Barbudo, suministraron una influencia decisiva en los Poetas de los 80. Me estoy refiriendo a Delfín Prats y Lina de Feria. A partir de la poesía recogida en Los ríos de la mañana (que sólo es una parte de un gran movimiento), es notable un cambio significativo dentro de la literatura cubana.

2.—Holguín y sus poblados aledaños, han dado muchos escritores (significativamente más que otras provincias con similares características), incluso, algunos muy notables. ¿A qué se le puede atribuir ese interesante hecho?

—Realmente no sé a qué se debe ese don misterioso de Holguín en producir escritores, y artistas en general. Y como bien tú dices, los asentamientos étnicos de esta región son similares a muchas ciudades cubanas. Pero sí puedo afirmar, que a principio de los sesenta, Holguín contaba con algunas instituciones culturales importantes como bibliotecas públicas, museos, seis cines, librerías, un teatro lírico y un teatro guiñol, grupos dramáticos aficionados, muchas orquestas y la más vieja de Cuba (Los hermanos Avilés, que su fundación se remonta a la época de los mambises), y entre otras novedades culturales, existía un círculo literario, antes de los llamados “talleres”. En los sesenta y setenta, se agrupaban personas en las puertas de las librerías para comprar nuevos títulos. Recuerdo la avidez de esa época por el buen cine, por estudiar otros idiomas, todo a pesar de las consabidas prohibiciones, que aún lastran a la nación cubana en el ámbito cultural. Ya para la década de los ochenta, Holguín contaba con uno de los grupos más importantes de escritores en comparación a otras ciudades de la Isla. Las producciones literarias se daban a conocer a través de revistas y tabloides y de premios literarios que la ciudad había ido instaurando. Puedo mencionar, que algunos de sus eventos serían de carácter nacional. Tal vez este bagaje, que venía procesándose a través de un tiempo fundacional, pusiera a la “ciudad de los parques”, en un lugar privilegiado dentro del contexto de la nación. Y para resaltar ciertas curiosidades de los lugares aledaños a Holguín, te señalaré sólo cuatro sitios donde han nacido escritores importantes: en Gibara, Guillermo C. Infante, en Perronales, Reinaldo Arenas, en La Cuaba, Delfín Prats y en Banes, Gastón Baquero.

3.—Recientemente participaste en la Feria del Libro de Santo Domingo, República Dominicana. Háblanos de esa experiencia.

—He participado en tres emisiones de La Feria del libro de Santo Domingo: (2007, 2009 y 2010) con tres libros de mi autoría. He mantenido un vínculo durante estos años con la Dirección General de este evento. Ellos me han dado la posibilidad anual de proponerle autores de aquí de Miami, y de Cuba, para que sean invitados a presentar sus obras e impartir talleres y conferencias. Durante tres Ferias, han viajado conmigo varios escritores de esta ciudad a presentar sus libros y sus editoriales. Mi experiencia personal en la Feria durante estos años está asociada a un sentimiento de solidaridad cultural que le brinda a los cubanos que vivimos dentro y fuera de la Isla. En este evento dominicano del libro se comprueba que existe un público con una avidez inocente hacia la cultura y el arte. Es un país, que a pesar de sus problemas económicos, dedica parte de su esfuerzo a poner en alto su cultura y la de Latinoamérica mediante ese objeto imperecedero que es un libro.

4.—Te has referido a ti mismo como un poeta impresionista. ¿Cuáles son los elementos que habitan en tu poesía, que te hacen sentir de esa manera?

—Desde mis primeros poemas, publicados en la revista holguinera “Jigüe”, en 1970 mi poesía se fue perfilando con un tono crítico hacia la realidad y a sus entornos. He nombrado las cosas como yo he querido. No me he dejado guiar por otros gustos. Sólo escribo lo que me impresiona. Y en cuanto a mis apreciaciones literarias, prefiero a los artistas que buscan, escarban, sufren en las noches tratando de arrancar del sueño lo insondable. Creo que toda creación tiene que evolucionar y ser consecuente con lo desconocido. Adentrarse en las oscuras praderas. Es decir, no acomodarse a lo manido, a la vanidad de falsos reconocimientos tan usuales en espacios mediocres y faltos de rigor. Yo siempre recuerdo a Girolamo Savonarola cuando le espetó a la Inquisición: “Si me torturan grito”.

5.—Entre tus dos libros publicados en el exilio, Ínsulas del cosmos y La náusea en el espejo, median tres años, cómo ha evolucionado tu poesía en este tiempo fuera de la isla y en qué proyectos trabajas en la actualidad.

—Hace diez años que llegué a Miami procedente de Cuba. En la Isla dejaba publicado varios poemarios. Vine con un grupo de poemas y con otros textos escritos acá, armé lo que sería Ínsula del Cosmos. A esta publicación siguió un conjunto te trabajos que, sin proponérmelo, le daban un giro a mi poesía anterior. Este último poemario (ilustrado con dibujos del excelente pintor holguinero Néstor Arenas) salió con el título La náusea en el espejo. Actualmente estoy enfrascado en un nuevo libro. En éste, quizás he ido un poco más lejos con el lenguaje que el anterior, porque en muchas ocasiones la palabra se combina con el flujo constante del pensamiento, lo que pudiera complicar la lectura lógica de un lógico lector. De este libro en ciernes han aparecido algunos textos publicados. Me gusta ir tanteando. Mis primeros tiempos en Miami fueron de reacomodo. Me encontré en esta parte de Estados Unidos con un grupo reducido de cubanos (que siempre será así) interesados en la poesía con los que ido pasando el aguacero. Viviendo fuera de Cuba pude constatar que Gastón Baquero estaba en lo cierto cuando nos dijo que la nostalgia era sólo falta de imaginación.

Esta entrevista se publicó originalmente en el Diario Las Americas, el 26 de junio de 2010.

viernes, 25 de junio de 2010

Un poema de Joaquín Gálvez


JUICIO A LA HISTORIA

A Néstor Díaz de Villegas, por su libro Héroes

Historia, yo te siento en el banquillo de los acusados.
Te has pasado la vida mezclando tu cabeza con la mía,
tu idioma con el mío,
tu equipaje con el mío.
-¡Vieja entrometida¡ Ya no atino a saber qué ruta recorro:
¿si la tuya o la mía?

Historia, me he sacado el reverente ojo
para no contemplarte más como a una diosa.
Me entusiasma saber que no serás tú quien un día me absuelva.
Mas he vivido tan expuesto a tu aliento,
que, sin querer, aprendí a tocar tu disonante instrumento.
Y hoy, Historia, es muy tarde para que yo aspire a ser mi propia historia
(siempre que escribo brota una letra cómplice).

Historia (¡Culpable!), si te condeno,
me condenaría yo mismo.

Poema perteneciente al libro Alguien canta en la resaca(Término Editorial, Cincinatti, 2000).

miércoles, 23 de junio de 2010

Poesía y debate


Por Olga Connor

La otra esquina de las palabras, la tertulia del Café Demetrio, dirigida por Joaquín Gálvez, se va perfilando como un punto obligado de reunión, ya que no solamente tiene lecturas sino verdaderos debates, que hacen la reunión más interesante. En esta ocasión, el viernes 11 de junio se reunieron tres poetas de la Generación de los 80.

Alejandro Fonseca, de Holguín, en la provincia oriental, es autor de varios libros, publicados en Holguín, uno en Madrid, otro en La Habana y dos en Miami; del último, La náusea en el espejo (1999), leyó varios poemas. Pero también uno recordado por los amigos de su generación, Todos tenemos un buey, de 1986. Algunas imágenes en sus poemas quedaron fijas y fueron de gran impacto: ``El tedio corroe al académico'', ``paisaje virtual de cuerpos'', ``el miedo a la intrascendencia'', ``ciudad traslaticia'', ``puentes ajustables''.

Se les juntó un invitado no anunciado previamente, Carlos Jesús García Rojas, recién llegado de Cuba, poeta, dramaturgo y profesor universitario, que ha sido presidente de filiales de Escritores y Artistas Escénicos y vicepresidente del comité provincial de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), entre otros. Recibió el premio David de Teatro en 1977 por Toto de los espíritus, y varios premios más en Holguín, de donde es también oriundo. Leyó algunos de sus poemas en la peña, sobre todo, Ritual del pez, que se publicó artesanalmente en Cuadernos Papiro.

Rolando Jorge, de San Antonio de los Baños, fue mención en el Premio David de Poesía, y en el de Julián del Casal, en Cuba, y mención en el Premio Eugenio Florit en Miami. Su poesía es posbarroco cubano; tiene de dadaísta y de surrealista, y es el ejemplo de la posmodernidad llevada al cubo. Estoy segura de que eso es lo que quiere hacer con su lenguaje, impresionar, y lo logra. Tiene una serie titulada Los caprichos, basada en las imágenes de Goya, que dedica a varios amigos, entre ellos al fallecido poeta Osvaldo Navarro.

Lo principal es que ninguna de estas poesías es para ser escuchada solamente, sino leída. Es una poesía crítica, no rítmica. No es música, es contradicción visual, necesaria para la vista, influida por la escritura y no el oído. Por eso se concentró la discusión en una contraposición de Heberto Padilla como el estandarte cimero de la poesía coloquial, saliendo José Abreu a defenderlo, contra la producción de José Lezama Lima, el oscuro, que es obviamente el preferido de esta generación.

Publicado originalmente en El Nuevo Herald, el martes 22 de junio de 2010.


Olga Connor. Escritora y periodista cubana. Salió de Cuba al principio de la revolución y se estableció en los Estados Unidos. En la actualidad se desempeña como periodista en El Nuevo Herald de Miami.

Este viernes en Zu Galería: un intercambio testimonial sobre el Mariel


Zu Galería Fine Arts los invita a este Viernes Cultural, con el cierre de la exposición: Farewell to the Sea, un homenaje al 30 Aniversario del Mariel.

La clausura será un intercambio testimonial sobre el Mariel, con varios de sus protagonistas.

Viernes, 25 de junio, a las 8:00 pm

Zu Galeria Fine Arts
2248 SW 8th Street
Little Havana, Fl 33135
786-443-5872
www.zugaleria.blogspot.com

Con la participación de:

Elizabeth Caballero

José Caballero

Luis de la Paz

Belkis Proenza

Juan Carlos Zaldívar

Y la participación especial como moderadora de la escritora Carmen Duarte.

(En la foto, obra original de Florencio Capestany, La Barca del Mariel)

martes, 22 de junio de 2010

Susana Della Latta: acotaciones de su lector


Por Joaquín Gálvez

En los tiempos que corren en los que se lee poca poesía, e irónicamente se publica demasiado, la hojarasca de las publicaciones cibernéticas se ha prestado para confundir a los buenos poetas con los malos, a tal punto que un crítico respetable se ha atrevido a publicar un libro con el lacerante título: No leas poesía. ¡Vaya insolencia! Otorgarle un epitafio a la poesía implica también otorgárselo a la literatura. Por eso ante la preponderancia de esta hojarasca de publicaciones en la red cibernética, principal medio de difusión literaria en la actualidad y en la que se mezclan gatos con liebres, quien todavía crea en el deslumbramiento de la palabra, es decir, en la literatura, debe darle el beneficio de la duda a sus nuevos hacedores y apelar a la epifanía del hallazgo, que, por supuesto, no le está concedida a todo el que escribe.

Fue así que, poseído por mi curiosidad de lector, descubrí la obra de Susana Della Latta . En una de mis andanzas por la blogosfera tuve la oportunidad de leer dos de sus cuentos en el blog Inactual. Creo que al descubrir a Susana la narradora, también descubrí a la poeta, pues esos cuentos no pueden ocultar su talante poético.

El cuento, género que también ha perdido lectores, es cultivado por esta escritora argentina con un minimalismo esplendido, en el que el poder de observación y reflexión atrapan la realidad, esa otra realidad que pasa tras un velo y que amenaza con ser inatrapable, a la manera de un Haiku. Pues Susana, al igual que su admirada Margarite Duras, cree que “escribir no es contar historias. Es lo contrario de contar historias. Es contarlo todo a la vez. Es contar una historia y la ausencia de esta historia que ocurre por su ausencia”.

En efecto, luego de leer Ojo de pez y otro relatos(Editorial Silueta, Miami, 2010) puedo consignar que para Susana lo que realmente importa es revelar el trasfondo de una historia, recrear su rostro etéreo, dejando al margen su aspecto más tangible. Quien quiera corroborarlo le recomiendo leer los cuentos: Estación, Mediodía del lunes y Concierto, entre otros.

Luego de publicar varios cuentos de Susana en el blog que coordino, La Otra Esquina de las Palabras, me costó trabajo convencerla para que publicara algunos de sus poemas. En una lectura de poesía en la que ambos coincidimos, pude percatarme de la calidad de su quehacer poético. Susana la poeta, al igual que la narradora, explora esas zonas oscuras de su entorno con extraordinaria agudeza, pero tal vez por esa posibilidad expresiva que brinda la poesía, lo hace de una forma más intimista y descarnada, algo que la emparienta con poetas como Silvia Plath, Ann Sexton y su coterránea Alejandra Pizarnik . Es asi que nos confiesa en su poema El ajeno:

soy
los animales
que te habitan
quisiera
haberte parido
haber estado
cuando fuiste esperma.

Susana aborda su realidad, despojada de toda utopía e invita a encararla a raja tabla, tal como expresa en estos versos de su poema Políticamente incorrecto:

La plaza roja le pertenece a otros)


Resiste.
El zinc, lleno de trastes sucios.
Eres mujer hasta el momento de desaparecer
El hipismo ha muerto.
Resiste.

Hoy es un día significativo para Susana: se presenta su primer libro publicado, algo que para un escritor es como dar a luz a su primer hijo. Susana, resiste, sigue escribiendo, aunque escribir sea, más que una redención, el testimonio del breve esplendor que habitas. De cualquier manera, como tú misma nos revela:


Déjame otra sugerencia,
quiero entretenerme
                                 camino al hospital.


Palabras leídas en la presentación de Ojo de pez y otros relatos, de Susana Della Latta (Editorial Silueta, Miami, 2010), el 27 de mayo de 2010.

Foto: cortesía de la página web de Editorial Silueta

sábado, 19 de junio de 2010

Tres poemas de Susana Della Latta



https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiVVWvoJwEqC1AKrCpMd2-bU-OLHMUXmPESeuZPhGC7n71Twkf543jDOHJMV1mQgHX-xjO8Iy63tkBsuST_9Oqb0B5zSv00YVz3-Yaq3yDPjkGByAsOrhSH7O_G_cZgzC0I3zzzDe9H55g/s1600/Silueta.jpg


Políticamente incorrecto

Un sólo dólar muerto
sobre el mantel repugna.

Hay piedras en la cañería del baño.
China no se hará responsable.

Resiste.

El café de Miami
se escapa entre los dedos.
Mejor abrir las piernas
bajo el agua impura de la ducha.

Resiste.

No hay luz en la cocina.
Y en la habitación
un hierro destrozó
tu candelabro.
La silla sin tornillos,
desvanece en la grama.
Anota y calla.

Tienes pasaporte americano
y está escrito que perderás
derechos.
Olvida el Tibet sin bandera,
no dejes iniciales,
no sirven en los libros.
(La plaza roja le pertenece a otros).

Resiste.
El tiempo de putrefacción
será de veinte años.

Entonces
no habrá vestigios de este cuento.
Ahora sólo
haz una lista y calla.
Malograste la oportunidad de ver
quien puso el precio a la tortura.

Distracciones de la suntuosidad
se pagarán con sangre.
De tanta hierba consumida
en un balcón de Brooklyn
tanto billete verde en el bolsillo
por haber opinado en inglés
con un marine en celo
y no pisar la zafra en Estelí.

Porque saltaste al norte
alguien te vio californiana.

Resiste.
El sink, lleno de trastes sucios.
Eres mujer hasta el momento de desaparecer.

El hipismo ha muerto.
Resiste.


Hueco


Enciendo un cigarrillo
por la casa vacía
por el espacio nuevo
del sitio que no ocupas.

Y si el dolor es grande
será otro cigarrillo
otro libro sábanas
y sombra
en el rincón.

Y si el dolor es demasiado
grande
(memorias esparcidas
insomnio
en la casa hoy de ninguno).

Será otro cigarrillo
una silla un nombre
en el espacio nuevo
del sitio que no está.


Pizarnik

Lloras,
debajo de tu nombre.

Hay hielo junto
al ángel idiota
que pobló tu jaula.

Para ti
la sangre es muda
y los pájaros, rehenes
de un guante
que cubrió el lenguaje.

Destruye el miedo
de ser dos.

Multiplícate
con los visitantes
de sombrero negro,
ellos poseen el enigma.
Tú sólo
el nombre
en la piedra.

Susana Della Latta (Buenos Aires, 1955). Estudió Bellas Artes en Argentina especializándose en pintura e Historia del Arte. Radica en los Estados Unidos desde 1986, en donde extiende su disciplina artística como muralista, diseñadora textil y docente. Participa en diferentes talleres literarios. Traduce inglés/español. Recientemente publicó su primer libro de relatos Ojo de Pez (Editorial Silueta).Tiene inéditos el poemario Sin Alquimia -2006-2007- y el libro de Relatos cortos Drupa y otros textos . Actualmente se encuentra completando su primera novela.